EN CENTROAMERICA


Una hamaca y un volcán

Hola a todos y todas,

Os escribo desde un hostalito de Baños, un pueblecito turistico que descansa en la falda de uno de los volcanes activos más imponentes de la zona, el Tunguragua.

Vocan Tungurahua entre nubes

Vocan Tungurahua entre nubes

Tumbado en mi hamaca, la que encuentro solo salir de la habitación, justo en una esquinita del jardin, voy viajando por los hechos de estos últimos días.  Han sido intensos, nutridos en nuevas experiencias, generosos en nuevos estimulos, exigentes en capacidades a poner a prueba,  floridos en dudas, escasos en descanso, pírricos en reflexión productiva, laberínticos en las fluctuaciones del sentir.

Era necesaria una pausa, se imponia un descanso.

Y en el camino aparecieron una hamaca y un volcán.

El volcán me ha inspirado con sus impresionantes rujidos, salvajes, imponentes, totales. Nunca antes había estado tan cerquita de un volcan activo que tan solo hace 9 años obligó a evacuar el pueblecito desde el que os escribo durante nada más ni nada menos que 4 meses, a los que hay que sumar los que vinieron acompañados de la reconstrucción. Y es que cuando el gigante alza su voz tiembla la tierra, se estremece la vida. Impresiona y acongoja sentir la fuerza de tanta energia en ebullición, energia inhumana, inconmensurable. Pero lejos de provocarme miedo, como sería lo lógico pensar, estar justo al ladito de este coloso invencible, me tranquiliza, me calma, me relaja. Os mentiría si os escondiera el ligero

Volcán El altar echando humo

Volcán El altar echando humo

estremecimiento que provoca su trueno infinito, esos segundos en los que parece que todo se hiela, el tiempo, la respiración, la vida, como ante una voz de mando incontestable, como ante el mandato de un dios todopoderoso. Pero poco después la tensión del momento se relaja y da paso al ritmo normal de las cosas, lo cotidiano se abre paso ante el momento extraordinario. El tiempo vuelve a caminar, la vida a palpitar, la respiración a fluir.

Creo que el volcan, en su incomensurable grandeza señala nuestra fragilidad, subraya la importancia de la vida en cada momento, nos libera de lo superfluo, pensamientos que no resisten uno solo de sus rugidos, nos avisa de nuestra mortalidad para devolvernos al poco el impulso vital.

La hamaca ha colaborado con su movimiento oscilatorio, con su mecer suave, con su susurro imperceptible. Me ha transportado a un ritmo más sostenible, a un dulce conformismo, a una sensación de paz. Y he viajado en el tiempo, he conectado con momentos de paz y tranquilidad. Y he deseado quedarme, he ansiado reposar en este momento largo tiempo, quedarme en mi hamaca acompañado del gran volcán.

En fin, buen final para mis primeras vacaciones ecuatoriales.  

Volcan Chimborazo, 6100 m.

Volcan Chimborazo, 6100 m.

El día 24, huyendo de la presión a la que me estaban sometiendo mis compis de trabajo para que pasara las navidades en Vinces, hice mi mochila y me lancé camino de los Andes, cercanos y altivos, mira puesta en la Avenida de los Volcanes, uno de los lugares con más actividad sísmica del mundo y punto de encuentro de innumerables montañas escupidoras de lava, humo y cenizas.

 

Y allá abrí los ojos el día de Navidad. Bueno, lo de Navidad es un decir

Carnaval navideño

Carnaval navideño

porque lo que presencié parecía más bien un carnaval que el nacimiento del niñito jesusito. Por estas latitudes han cogido la cristiandad, le han puesto máscaras y ritmos tropicales, y como acá todo lo que sea cuestión de celebrar es francamente bienvenido, pues a celebrar la Navidad se ha dicho y busca tu el pesebre a ver si lo encuentras. Ellos me aseguraban ‘si,si amiguito, esto es la Navidad‘ a lo que yo respondía ‘pues voy a ir reservando hotel porque no me pierdo los carnavales‘. Joer con los ecuatorianos, que bien que se lo montan los jodios. Como les va la jarana.

Carnaval navideño

Carnaval navideño

 

 

 

Patidifuso y alucinado iba yo por las calles de Riobamba, una ciudad bien linda y montañera, cuando encuentro ante mi un tren. Al loro !. En Suramérica la verdad es que los trenes triunfan menos que los Mili Vanili. Autobuses kamikazes todos los que quieras, pero vías férreas pocas y las que quedan tienen exclusivamente fines turísticos. Recuerdo que en Argentina el único tramo de ferrocarril

Carnaval navideño

Carnaval navideño

existente es el Tren de las Nubes, el recorrido en locomotora más elevado del mundo, con permiso de los que se consideren igual, ya que me encontré un slogan idéntico en Nepal, a saber tu quien tiene la razón. Pero el de Riobamba no iba de altitudes sino de demonios. A la Nariz del Diablo te lleva. Ojú que miedo. Pues yo que me compro un boleto y al día siguiente, aun con la resaca de la carnavalesca navidad retorciéndome la neurona, a las 6 en punto de la mañana me monto en todo lo alto del tren dispuesto a verle la nariz al mismísimo diablo. La euforia inicial se fue apagando poco a poco debido a la hora larga de retraso con la que partió el desvencijado tren. La lluvia vino a poner una pincelada agorera a la aventura. Menos mal que en Ecuador, hasta a 3000 metros de altitud, el frío es de mentirijilla, porque si llega a hacer frío en el techo del tren no queda ni el revisor. Pero la Lonely Planet dice que tienes que ir arriba, así que todo el techo lleno de guiris en remojo, cámara de fotos en mano, preparados para cazar la instantanea que aparece justo en la contraportada de la guía. Que penita que damos a veces. Como los vendedores ambulantes que nos pisaban las manos intentando vendernos cualquier cosa nos vieron un pelín aburridos e impacientes decidieron, desinteresadamente, darnos una lección sobre economía ecuatoriana. Sentaron catedra, ciertamente. Antes de las primeras gotas de lluvia dos impermeables de papel de fumar se cotizaban a un dólar, justo después un impermeable valía dos dolares. Ya lo venían diciendo hacía rato, ‘señores, se acerca la lluvia‘, pero por no soltar el dólar los guiris acabaron pagando la inflación relámpago. Y aquí no vino ningún gobierno a salvar la economía. Yo por mi parte, previsor que es uno, llevaba mi superchubasquero made in Nepal, una inversión segura. 

en el tren

en el tren

Por fin el tren arrancó dando unos silbidos demoniacos y totalmente desafinados rumbo a la Nariz del Diablo. La primera hora estuvo bien, la segunda no estuvo mal, la tercera fue algo incomoda pero a la cuarta quería tirarme de cabeza al páramo andino. Y es que nadie me había dicho que el viaje duraba la friolera de siete horas sin contar descarrilamientos. Aunque me parece que no era el único pues antes de la lejana parada para la meadilla de rigor estaba todo el techo del tren sembrado de gente intentando volver a articular correctamente sus rodillas. Los paisajes andinos son una autentica maravilla y eso lo cura todo, así que buen humor, alguna siestecilla y a hablar con el vecino. Conocí a una pareja peruano-holandesa con la que fui matando el tiempo y el incipiente aburrimiento, hasta que de pronto, después de algunos amagos de impacientes viajeros voceando ‘esa es la nariz del diablo‘ a lugares que parecían más la nariz de Mr. Potato, el revisor da la voz de alarma. Estábamos llegando. Menos mal porque yo ya no podía tragar más cantidad de efluvios combustibles expulsados por la chimenea de la locomotora diésel, sentía que me envenenaba por momentos y que más que al diablo iba a ver al dragón de colores.

 

En ese momento la cosa se puso seria. Entramos en una montaña con una pared prácticamente vertical donde había cavado un surco que daba justo para que pasara el tren, y cuando digo justo me refiero que asomando la cabeza fuera del perímetro del vagón no veías tierra a menos de 100 metros de distancia en dirección caída mortal. El precipicio es impresionante y la sensación de vértigo total. Duró un buen rato ya que el diablo resulta que tiene la nariz bien grande, y vuelta tras vuelta íbamos descendiendo entre tabique y aletas. Al llegar abajo, alivio y fotos recuerdo del hito conseguido.

 

Yo ya había tenido suficiente por el momento, así que me fui con la parejita

Paisaje andino

Paisaje andino

 feliz dirección Baños,  donde encontré mi volcán y mi hamaca y desde donde os escribo estas lineas antes de partir de nuevo a Vinces a retomar el puso de la realidad de proyectos y realismos mágicos variados, lejos de las montañas y los volcanes andinos.

 Por cierto debo publicar una fe de erratas como un piano ya que no solo el prefijo que os pasé no era el correcto sino que el número de celular no era el mio. Que cabeza la mía ¡ 

Este, ya chequeado, es el definitivo:  

0059386584204.

Abrazos desde la Mitad del Mundo.

 


Postal mágica

Sigo perplejo por el cambio cultural al que me enfrento.

 

Hoy he ido a atender a un chico que hace dos días se pegó un tiro en pleno pecho y tubo la gran suerte (o habilidad) de no perforarse ningún tejido vital. Hace tan solo una semana se había intentado envenenar. Después de cumplir con las consultorías de VIH programadas para la sesión matutina he salido del pequeño consultorio de salud, cruzando el inmenso mercado de todos los días donde siempre encuentras cualquier cosa. Las calurosas calles abarrotadas me han acompañado hasta la puerta del pequeño hospital. El ascenso al tercer piso del edificio ha dado a luz gotas de sudor adicionales y el ritmo respiratorio se ha visto algo resentido. Al abrir la puerta he encontrado a un chico joven, medio adormilado, acompañado de su mujer y sus tres hijos. Una vez a solas, sentado en la cama adyacente, he intentado el dialogo con él, averiguar el motivo por el que ha intentado quitarse la vida varias veces. Ni una sola palabra, ni una sola pista. Su insalvable hermetismo me ha lanzado a intentar obtener algo de información de su familia que se hallaba en reunión plenaria a la salida de la habitación. Después de insistir un poco y de vencer resistencias, han empezado a dibujar un panorama psicomágico de amigos muertos del hijo que lo persiguen en la noche, de velas nunca dedicadas a su memoria, de ruidos extraños. Yo como buen psicólogo racionalista y sudoroso he deducido rápidamente algún tipo de psicosis alucinatoria y he intentado traducir a un lenguaje accesible mi interpretación. La familia, campesina, me miraba con la expresión de quien no entiende ni por asomo lo que le están diciendo. Rodeado de personas he asistido a un intenso debate sobre supersticiones, muertos que increpan, aguas benditas que los ahuyentan, posesiones espirituales y otras mezclas de creencias indígenas con religión católica.

Un occidental en medio de una cultura ajena, un mundo de significados diferentes, con su herramienta racional deshabilitada, con su capacidad de análisis y diagnostico haciendo eco en el vacío, asomado a un mundo nuevo, perplejo y curioso.

 

Esta es mi postal de Navidad desde la Mitad del Mundo.

 

Que tengáis felices fiestas.

 

Abrazos.

 


Mapa Vinceño

Las calles de Vinces se adornan con motivos navideños, girnaldas, arboles sin estrella del Norte y muchas luces de neón.

 

La católica Navidad se acerca.

 

Recuerdo que cuando salí de Barcelona recién habían empezado las fiestas, el Portal del Ángel lucía el atrezzo ecológico superfashion que ilumina el derroche capitalista prácticamente un mes antes de que las familias se sienten en la misma mesa a celebrar algo que no sabemos muy bien que es, pero que apetece y si no se hace, se extraña. Acá sucede lo mismo, con la diferencia de que la Navidad llega de la mano del día 25 y que la gente anda ahorrando más de un mes algunos dolarcitos para poder comprar un humilde regalo a sus seres queridos. Eso si, de los reyes nos olvidamos completamente, suficiente  esfuerzo supone la Nochebuena. Y para Noche Vieja, a quemar el año que se apaga, literalmente, sin más. Se hacen un muñeco al que llaman Año Viejo y le dan fuego, lo rocían con algo de pólvora para darle un poco más de espectacularidad y por si no fuera suficiente sacan sus pistolas y dan bala al cielo.

Pero esta no es la mayor diferencia entre las navideñas fiestas de allá y de acá, la más importante la respiras en el ambiente, en el especial clima que flota a tu alrededor, al éxtasis místico al que te encuentras abocado varias veces al día. Ahora pensareis que os voy a soltar un discursillo anticonsumista ensalzador de la pureza de la pobreza. Pues erráis. El elemento del que emanan todas esas sensaciones no es más ni menos que un calor infernal. Y es que estas Navidades, aunque sea a ritmo de villancicos, van a estar marcadas por los más de 40 grados que alcanzamos prácticamente cada día y que en ningún caso bajan de los 30, ni de madrugada. Hasta las zambombas suenan al ritmo sabrosón de la salsa.

 

Feliz Navidad, Asuuuuuuuuucar ¡¡¡

 

Tengo muy pocos recuerdos asociados a tanto calor, a un sol tan agresivo.dsc00139 Mis mañanas empiezan con una ducha de agua bien fría (aquí el grifo rojo no existe) y acabadito de secar los primeros chorros de sudor se deslizan sien abajo dibujando un hiriente augurio de solana mortal. En ascenso constante, el calor no da tregua. Las botellas de agua vuelan y hasta la gorra empieza a sudar. Cuando el astro rey, más cercano aquí que en ningún otro lugar, alcanza su zenit, mi cabeza ya se encuentra en su punto de óptima ebullición. El deseado atardecer se aproxima con una lentitud desesperante, pero puntual, a las 6.30, como todos los días del año, se presenta acompañado con la   dichosa esperanza de que una sola brizna de brisa de las cercanas montañas andinas se cuele a través de la mosquitera. Pero la muerte de la ilusión y la magnitud de la tragedia se manifiestan en un extraño polvillo que se deja entrever y que poco a poco se posa en el suelo de mi recién estrenado departamentito. Son cenizas que de vez en cuando, el cercano volcán llamado Chimborazo decide lanzar al azulisimo cielo y que los ligeros vientos andinos mecen hasta la costa donde se apagan definitivamente y donde depositan el polvoriento regalito. Y estamos en invierno. Me han asegurado que esto no es nada, que espere a febrero y marzo donde rozaremos los 50 la mayor parte de los días. Ahora asoma el Niño por Colombia, la época de lluvias se cierne sobre estas tierras y aseguran las ansiadas inundaciones. Todo lo que rodea a mi nueva ciudad es tierra inundable, mares caen puntualmente cada año para cubrirlas de aguas que posibilitaran al menos dos cosechas de arroz. Si no fuera porque he ido ya en canoa no creería que dentro de pocas semanas ese será mi medio de transporte habitual para desplazarme a las comunidades a dar mis charlas sobre VIH/Sida y violencia intrafamiliar, que por estas latitudes alcanza estadísticas de espanto.

 

Estoy en medio de un selva seca que dentro de poco será pura agua, donde infinitas plataneras cubren el paisaje totalmente plano, sin relieve. Mangos, papayas, cacao y arroz compiten en los campos por un espacio libre. Los amos del lugar son los dueños de las haciendas, explotadores sin escrúpulos siempre rodeados de sus repugnantes sicarios con sus pistolas intencionadamente mal disimuladas bajo la falda de sus camisas. Ellos vigilan a la sombra de su supercarro a niños que se dedican a traer ristras de plátanos de las profundidades de las plantaciones, tirando de ellas con una cinta de cuero que pasan alrededor de su frente. Y a pesar de sus rostros de agotados saben que no pueden desfallecer si no quieren que los cobardes sentados al abrigo de los comodidades los despidan o, en el peor de los casos, les den bala. Poco a poco os iré dando el nombre de las cómplices  multinacionales bananeras que en Europa distribuyen los plátanos de acá, por si alguno o alguna decide hacer un consumo responsable, libre de explotación e injusticias.

 

Y todo esto, a grandes rasgos, es lo que rodea a Vinces.

 

dsc00137La ciudad es fea, claro y raso. El primer pie que puse aquí hace tan solo unos días le pedía a gritos al otro salir corriendo. No solo los rickshaws (acá mototaxis) me recordaron al infernal bullicio indio, la suciedad, el desorden y la destartalaza arquitectura. Las pieles oscuras también me transportaron al subcontinente indio, el calor y la humedad, el ruido, el jaleo y el ajetreo de transeuntes vestidos con pocas ropas, los olores del mercado local y la evidente pobreza me situaron de nuevo en Bombay. A primera vista, Vinces, el Paris Chiquito, la Venecia del Ecuador, es un lugar poco atractivo, ínfimamente agradable. Reino de montubios, campesinos ultra pobres, mulatos y preciosas mulatas viven de lo que este ilimitado edén les regala cada día. Vagos, desorganizados, ruidosos, anárquicos. Abiertos, amigables, simpáticos, acogedores. Tierra mágica al más puro estilo del Macondo de 100 años de soledad. Cada día un carro recorre mi calle con undsc00135 féretro rodeado de altavoces con música a todo volumen mientras el séquito sigue al finado o la finada al ritmo de la música. Me han explicado que más tarde todos y todas verán al difunto/a y que este les jalará (perseguirá) en oscuras noches, algo que les da autentico pavor. Cada día encuentro un significado medio mágico, el de hoy ha sido la comida dormida, nada más ni nada menos que las sobras del día anterior, y no les hace ni pizca de gracia encontrarse ante un plato de ese tipo, le tienen miedo. Viven en casas de caña alzadas por zancos de bambú o de cemento para salvar las periódicas inundaciones, aunque ahora, gracias a la actuación del gobierno Alianza Pais de Correa se están contruyendo muy básicas casas con materiales más resistentes a los cercanos envites del Niño a precio extremadamente asequible incluso para las pobres gentes que habitan en la Vinces, provincia de los Rios. Y rios y más ríos cruzas cuando manejas por este trocito de la Panamericana, bien estrechita, nada que ver con los seis carriles por sentido que alcanzará al llegar a Buenos Aires.

 

dsc00143Aquí tengo mi departamentito, en pleno centro, en el Callejón Urdaneta con Avenida Simón Bolivar, en un tercer piso prácticamente amueblado aunque espartanamente decorado por el momento. Mirando por la ventana veo el jaleo que no cesa, oigo al energúmeno de la iglesía evangélica vocear la grandeza del espíritu santo en brava competencia con un grupo de mujeres que cantan a grito pelao las católicas novenas navideñas. Competencia que se produce en medio de un maremágnum de sonidos tropicales que salen de los bares cercanos.

Un poquito más allá, tan solo a dos minutos caminando se encuentra mi lugar de trabajo que prácticamente no he pisado en toda la semana por estar recorriendo los recintos campesinos donde se están construyendo escuelas apresuradamente para ganar tiempo al lluvioso y sofocante invierno. Hoy he tenido mi primera sesión de despacho-consulta que ha empezado con un joven seropositivo que pretende suicidarse por no afrontar su tratable enfermedad, una mujer maltratada hasta la saciedad por un marido que ahora tiene pánico a que le abandonen, y para rematar la faena, una mujer de mediana edad en pleno brote esquizofrénico vociferando ‘por favor, doctor, sáqueme al demonio‘.

De mis compañeros y compañeras os hablaré más detenidamente en próximas entregas.

 

En fin, los valientes y las valientes que se atrevan a cruzar el charco para visitar estos parajes tienen una calurosa habitación de invitados esperando con el ventilador deseando dar vueltas y más vueltas.

 

Aquí os dejo mi celular ecuatorial (593)089702234. Aún no se bien si esta es la secuencia correcta para llamar desde el extranjero, pero pronto lo averiguaré.

 

Mientras tanto, muchos abrazos desde esta parte del Ecuador que pronto transmutará en un gran lago habitado.

 

 


Caleidoscopio ecuatorial

Saludos navegantes,

 

Escribo confortablemente varado en mi habitación, amarre Hotel El Vagabundo, en una tarde de domingo lluviosa y gris, viviendo los últimos vaivenes de este momento de transición que empezó hace prácticamente dos semanas cuando la máquina voladora en la que viajaba aterrizó en el aeropuerto Mariscal Sucre de Quito. Han sido días intensos, muy generosos, momentos puntuales excesivos, en nueva información, nuevos paisajes, nuevos paisanajes.

 

Monasterio de San Francisco

Monasterio de San Francisco

El misterioso Ecuador ha empezado a revelarme sus secretos, a definir su esbelta figura, a proyectar las transparencias de sus múltiples rostros, a liberar sutilmente las diversas texturas que lo definen.

Un territorio que reúne la mayor parte de la biodiversidad mundial y donde selva amazónica, cordillera andina y costa pacífica son el albergue de infinitas especies de plantas y animales. Un lugar en el mundo donde se come bien, donde el benigno clima permite vida y cultivos desde la linea de la costa hasta el elevado límite donde el verdoso y productivo suelo volcánico desaparece bajo la blanca nieve.

Una silueta geopolítica que habita entre gigantes colombianos, peruanos y brasileños, que aspira a convertirse en un actor importante en la lucha por el sueño de liberación latinoamericana. Un  Estado Republicano que trabaja duro por fomentar una Revolución Ciudadana que algunos aseguran está en marcha y que la mirada del transeúnte difícilmente puede tan siquiera entrever. Una ciudadanía que vive apegada a la ilusión de una nueva Constitución en la que muchas organizaciones cívicas y sociales han sellado el sueño de una sociedad menos injusta, aprobada por mayoría abrumadora y que alberga la esperanza de vivir una etapa de progreso y crecimiento, estable y duradera, libre de oscuros caciques y la corrupción que traen de la mano.

Una sociedad cuyo plato principal resulta ser una buena cantidad de

Calle de Quito

Calle de Quito

mestizos/as renegados del pasado tribal que delatan sus rasgos y que sueñan el materialista sueño occidental mientras pasean entre los escaparates de los elitistas centros comerciales. Seguido de un segundo a base de indígenas que luchan desde la pobreza para que sus derechos sean reconocidos, por aportar sus conocimientos y su sabiduría a la cultura oficial, por salvar a su infancia del analfabetismo y la venta ambulante. Plato seguido de un suculento postre bañado de comunidad afroecuatoriana que habitan la costa norte y la miseria, víctimas de buena parte de la xenofobia que salpica esta tierra, relegados al estatus de simples esclavos liberados. Menú rematado por una tacita de elegantes gringos y gringas, bien comidos y bien vestidos, conduciendo sus excesivos carros al más puro estilo sueño (norte) americano mientras el sol perpendicular del Ecuador impacta en sus delatores y bien cuidados rostros pálidos. Una economía débil e inestable, dependiente de mercados ajenos, de fluctuaciones en el precio del oro negro, del viaje nada espiritual de divisas emigradas a España y otros países.

 

Si la compleja y diversa realidad balcánica exigía ingentes esfuerzos intelectuales para solventar la ignorancia del extranjero, Ecuador no va a ser menos. Si los ingredientes para cocinar el contundente plato tradicional bosniaco Bosanski Lonac (Olla Bosniaca) eran múltiples y variados, el Ceviche ecuatoriano, aunque menos recargado y más ligero, también va a ser un plato que requiera arte en su elaboración.

 

Centro histórico Quito

Centro histórico Quito

Quito ha sido el escenario principal, el centro de mi pequeño mundo viajero, el lugar desde el que partir y el lugar al que retornar. Y os tengo que reconocer que me da un poco de penita abandonarla por tiempo indefinido. Me estaba habituando a ella, a sus calles, al carácter de sus gentes, a sus olores, a sus ritmos, a sus cambios de clima constantes, a la presencia de los magestuosos Andes que han seguido desde las alturas mis primeros pasos por la linea ecuatorial. Desde el primer momento, como buen urbanita concienciado, me he desplazado por la ciudad a pie o en transporte público, la mejor manera de conocer un paraje. Me he perdido infinidad de veces por una maraña de calles, tantas como veces me he encontrado y llegado a mi destino. En todos esos aparentemente innecesarios e ineficaces paseos a ciegas he descubierto mil y un detalles que al cabo de los días han dejado una impresión vital en mi consciencia, la silueta de un espacio vivo y diverso en proceso de construcción, un viaje entre postales de mi niñez y modernos carriles bici. Las caminatas por la ciudad histórica han confirmado una arquitectura calcada a cualquier calle del Madrid castizo o del Toledo renacentista. Calles estrechas, balcones y vigas de madera, blancas fachadas, decenas de catedrales, centenares de iglesias  y miríadas de santísimas cruces construidas deliberadamente sobre las ruinas de culturas milenarias, de las cuales solo queda constancia en el cosmopolita museo de historia de la ciudad. Ciudad sembrada de cholas vestidas con vivos colores, de sacos de hoja de coca y otras hierbas, de humeantes puestos callejeros de comida típica, de niños limpiabotas analfabetos, llenos de roña y dolorosamente malnutridos, de contaminación y prioridad absoluta del coche sobre cualquier bicho viviente, de mensajes y actos gubernamentales de lucha por los derechos de las personas, por la participación ciudadana y por el respeto ciudadano, de pequeños canales navegables que serpentean por verdes parques y de la inconfundible banda sonora de la salsa, la bachata y el reggeton.

 

 

 

Como despedida hoy me he lanzado a conocer La Mitad del Mundo, el lugar

Mitad del Mundo

Mitad del Mundo

 donde una expedición francesa, conducida en nave española, estableció a principios del siglo XVIII el centro científico de la Tierra. El punto cardinal 0′0”0”’, la matemática incisión quirúrgica que separa al Hemisferio Sur del Norte, o viceversa. Un solitario monumento y varios bustos dan fe de la hazaña que adquiere un aire impersonal y algo triste debido al tinglado turístico comercial edificado a su alrededor. Todo buen turista, tanto nacional como bárbaro, debe hacerse una foto con un pie a cada lado de la pintada linea ocre que divide el globo terráqueo en dos,  bien abiertos y abiertas de piernas para subrayar el hito, señalando en acrobáticas posturas el monumento que les cae justo a sus espaldas. He pensado que era mucho más interesante sentarme a observar el excéntrico comportamiento de la horda humana que dejarme llevar por las artificiales vibraciones de la mitad de un mundo de cartón piedra. Mientras observaba el éxtasis provocado por la ingravidez ecuatorial han anunciado la partida de una excursión a uno de los dos únicos cráteres volcánicos habitados del planeta (o de América).

cráter habitado

cráter habitado

Mucho ruido y pocas nueces. Un paraje precioso al que solo hemos tenido acceso visual en las limitadas intermitencias de luz que nos otorgaba la espesa niebla. Eso si, la efímera imagen de un valle perfectamente parcelado y salpicado de casas que en cualquier momento puede entrar en erupción, aunque haga más de 2000 años que no lo hace, impresiona. Lo mejor del recorrido ha sido oír al guía reconocer que casi todo lo que habíamos visto en el parque de atracciones mediomundista era una sublime patraña y que en una montaña adyacente podríamos encontrar un par de esferas rocosas que milenarios habitantes de estas tierras ya habían establecido como línea divisoria planetaria, mucho antes de que el imperio de la ciencia moderna pasara a legitimar y monopolizar realidades objetivas.

 

Y mañana bien tempranito me alejo treinta sufridos minutos aéreos de la marca ecuatorial, dirección Hemisferio Sur, donde el agua del inodoro gira en sentido contrario al que gira en el Norte. Mañana cruzo otra linea, esta vez mucho más subjetiva y personal, que me llevará a conocer el lugar y las gentes donde he venido a vivir y trabajar. Momento crítico, inquietud de tripas, incertidumbres varias, deseos de suave y positiva integración en mi nueva realidad.

 

El tramoyista de esta historia sube el montañoso escenario andino para abrir perspectiva sobre la selvática costa del Pacífico.

 

Como interludio una sincera recomendación, una grata sorpresa en forma de película ecuatoriana, qué tan lejos, dirigida por Tania Hermida, un lindo y enraizado paseo por este país.

 

Y por supuesto abrazos a todos y todas desde la Mitad del Mundo.

 

Gracias por acompañarme. 


Varios aviones después

Hola a todos y todas,

pués tiene razón Juan cuando reclama la omisión del vuelo de vuelta de la serrana Cuenca. No solo de sustos de infarto vive el fóbico a los aviones. Os confesaré que los poderes paranoicos que me asaltan al pisar una máquina voladora enriquecen con un cariz tempestuoso mis relatos de viajes aereos turbulentos. Varios vuelos después del angustioso aterrizaje en Cuenca he comprobado un par de cosas que me van a tranquilizar un poquito: Primero y más importante, por acá después del aterrizaje siempre anuncian el ‘desconectar rampas de emergencia’ , incluso en los viajes más placidos. Segundo y no menos importante es que si hay un viaje normal y previsible por estas latitudes es aquel turbulento por definición. Sobrevolar los Andes resulta algo agitadillo, los aviones son chiquitos y el movimiento es sabrosón. Siempre. No he asistido a una rutina tan habitual como es el intentar estabilizar la maquina antes del aterrizaje, en ningún sitio. La maquina voladora que hoy me ha transportado turbulentamente desde Guayaquil a Quito tenía goteras.

Y de la calurosa, sabrosona y caótica Guayaquil vengo. El contraste  con la Sierra es tan evidente como entre un pueblecito de los pirineos y los Caños de Meca. Solo bajar del avión me impregnó un aire caliente y humedo que me transportó inmediatamente al momento en el que puse mis pies en Bombay. El clima es muy similar, el movimiento loco de coches y peatones prácticamente identico y el ruido de unos decibelios equivalente. Pero en Bombay no sonaba salsa, bachata y reggeton a toda pastilla en cualquier lugar. La música envuelve un paisaje decadente, edificios destartalados que añoran los vivos colores que un día vistieron sus fachadas. Miseria, contaminación y algo de suciedad completan la postal. Quito es más ordenadita, menos sucia aunque igual de contaminada. Son dos ciudades completamente diferentes.

Pero si algo me ha cautivado de la ciudad de Guayaquil, más allá del ambiente portuario que se respira es la calidez de la gente.

El taxista que me llevó del aeropuerto a mi primera reunión en la capital del Guayas debía tener más de 70 años, tocado con un sombrero panamá y vestido con traje de lino blanco parecía salido de un retrato de la Vieja Troba Santiaguera, escuchando sus boleros en una radio que parecía emitir desde un lugar lejano en el tiemp0. El viejito me introducía a los soneros y las diferentes versiones de bolero que se manejan mientras yo admiraba por la ventanilla del carro una postal autenticamente tropical.

Una vez finiquitada la única reunión del día, cuando ya caía el sol, me dirigí al hotel, dejé mis mochilita y me lancé a conocer el centro de la ciudad. Nada del otro mundo, poca cosa que ver. El autentico placer fué sentarme en el banco de un parque abarrotado de gente disfrutando de la brisa del atardecer a orillas del pacífico. La sensación de relax y placer me transportó a esos anocheceres veraniegos a orillas del mediterraneo, cuando la brisa marina calma el intenso calor del día. Amaneció temprano y de conversación en conversación, envuelto en un ambiente de sauna, me planté en el aeropuerto de la ciudad, donde me esperaba mi avión de regreso, esta vez un vuelo soportablemente movidito (el de las goteras).

Hoy, felizmente aterrizado en Quito, encaro mis últimas horas de orientación y mi último fin de semana en la ciudad en un tiempo considerable ya que metropolis más cercana y de referencia para mi será la costeña guayaquil.

El programa de orientación de hoy contenía agradables sorpresas. He tenido la gran suerte y el placer de ser el anfitrión de una persona sabia que me ha regalado una guía detallada y personificada por las salas del museo de historia de la ciudad. Ha sido todo un placer dejarse llevar por sus explicaciones y navegar con buen timón por los recorridos históricos de estas tierras, empezando por la llegada de los primeros habitantes desde Asía, a través de lo que ahora conocemos como estrecho de Bering que entonces unía al continente asiático y al americano, hasta la asimilación de las diferentes tribus y culturas por el imperio Inca. Hemos corrido un tupido velo sobre el periodo de la colonización hispánica, paseo histórico que hemos pospuesto decorosamente para otro día con más tiempo. Aun con los últimos restos arqueologicos preincaicos en mi retina he llegado a las oficinas donde me esperaba uno de los líderes de la comunidad indigena ecuatoriana. Son muchos los pueblos indigenas del amazonas, de la sierra andina y de la costa dispersos en un gran territorio, con diferencias culturales notables pero que se intentan organizar para influir en políticas que reconozcan y resperten sus derechos, potenciando y validando su cosmovisión como un camino alternativo al hegemónico por el que transcurre el devenir de la humanidad acutualmente, pero con la clara intención de adaptarse a los nuevos tiempos y sus avances. La conversación ha sido más que interesante y el espejo de una cultura totalmente diferente donde mirarse ha resultado deslumbrante. Un día futuro nos volveremos ha encontrar en Quito para seguir charlando y aprendiendo.

El transcurso de la mañana me ha dejado la vívida sensación de haber asomado mi mirada a un pozo de sabiduría e historia impresionante,  paisaje que pienso seguir oteando en los momentos que tenga la oportunidad. Esta fué una de las razones por las que decidí venir al continente Americano, para conocer su historia y actualidad, y no pienso perder la oportunidad ahora que la tengo mi alcance.

El momento de mi llegada a Vinces manda en mi consciencia, tengo ganas de saber donde viviré no sé cuanto tiempo y de entrar en mi departamentito a amueblar.  En ese momento el viajero pasará a un segundo lugar y dejará el lugar hegemónico al cooperante, al trabajador. Aunque todavía me queda disfrutar del fin de semana que se avecina, aun no se donde me llevará. El clima no invita a subir montañas, ahora llueve y lo lleva haciendo todas las tardes en los últimos días. Creo que me lanzaré a hacer excursiones cortitas por la ciudad y quizá me desplace al centro geodesico de la Tierra, el lugar donde una expedición francesa cientifica, hace varias décadas, decidió horgullosamente establecer el punto exacto de la mitad del mundo, aún cuando pueblos indigenas ya lo habían marcado siglos atrás.

Por cierto, he descubierto la manera de contestar a vuestros comentarios ¡¡¡ Asi que ahí las he dejado, algo desordenadas pero no se como hacerlo mejor.

Muchos abrazos desde Ecuador y hasta prontito.


Impresiones de una semana en Ecuador.

Nota: Me parece que el blog este se ha vuelto un poco loco y me desconfigura todo, asi que vaya por delante la disculpa por la mala edicion pero de verdad que no se que pasa.

Hola mis chanchitos y chanchitas,

 

 

Hoy he disfrutado de mi primer día feriado desde que estoy en Ecuador¡

 

Quito desde las montañas

Quito desde las montañas

No hace ni una semana que llegué y ya me parece que llevo aquí siglos. Tantas reuniones y viajes crean en mi espíritu la sensación de atemporalidad, de profunda continuidad de algo que empezó tan solo unos pocos días atrás. Aunque el jetlag que todavía arrastro también tiene su peso en el desfase. Hay días que caigo redondo en la cama a las 8 de la tarde y me levanto a las 6 de la mañana tan fresco. Espero ir desplazando el horario poco a poco porque de lo contrario el dueño del hotel me va a matar, al menos es la intención que leo en su mirada cuando bajo a desayunar ‘to’ feliz y con los ojos como platos, mientras que su rostro evoca sueño y cierta incredulidad. Y es que creo que no sólo se trata de mover horas sino hábitos y costumbres también. Por ejemplo, el partido del sábado se emite a las 10 de la noche en España, y la simple resta de horas dice que yo lo veré a las 4 de la tarde ecuatorial. Pues al carajo con la lógica aritmética puesto que yo todavía espero que lo hagan aquí  a las 10, porque a las 4 me parece que hay mucha luz y a las 10 no suele haber luz. Y así con muchas cosas más. El movimiento horario es intenso pero el subjetivo muchísimo más.

Eso si, hay otros hábitos a los que no me cuesta tanto adaptarme, a la vida nocturna por ejemplo.  

 

El jueves por la noche en Cuenca salí un poquito con Pablo y sus amigos, pero nos reservamos para la noche siguiente ya que tempranito en la mañana teníamos una entrevista en una emisora de radio. Una vez cumplidos los tramites programados para el día viernes nos fuimos a un café antiguo, hecho todo de madera y con buena música a empezar la descompresión de tanto información embutida en mi cabeza. Se fueron apuntando al grupito jóvenes de la ciudad y de repente me vi en medio de una escena que me recordaba mucho a las películas mexicanas de Gonzalez de Iñáritu, como Amores Perros. Que onda guey, cachai, pelón, trago, gringo, celular son solo algunas de las palabras que iban lloviendo en la conversación y que me anclaban en el lugar donde me encuentro, América Latina. El Sida, la violencia de genero, la libertad de orientación sexual, la lucha activa por los derechos civiles, la esperanza que representa Correa para la juventud de este país, grupos de musica locales y nacionales, risas bárbaras cuando les dije que no sabía bailar ni regetón ni salsa por no decir que no se bailar prácticamente nada, el calor de la Costa, incredulidad cuando les informé de que mi destino final es Vinces, en la provincia de los Rios, cerca de Guayaquil.  

Y es que cada vez se consolida más en mi percepción la imagen de un país que en realidad son dos:

El Ecuador de la Costa y el Ecuador de la Sierra.  

La capital de la Sierra es Quito, centro político y cultural del país, sus gentes

Imagen de la Sierra

Imagen de la Sierra

 son serias, introvertidas, distantes al primer contacto. Es la tierra de los pueblos indígenas, mayoría aplastante respecto a la población total, organizados políticamente pero también los más desfavorecidos económica y socialmente. Cuenca complementa la foto de la Sierra, ciudad con centenares de iglesias y catedrales, fieles creyentes, amantes de las formas.

La Costa es otra historia. Capitaneada por la mayor ciudad de la nación, Guayaquil, centro económico y sede de los poderes fácticos que luchan por derribar la iniciativa popular del presidente Correa con el claro fin de retomar la ristra de gobiernos corruptos que se han sucedido durante años con toda impunidad. Sus gentes son calientes, abiertas, amables, farreras, amantes de la plata y el despilfarro, incansables consumistas y esclavos de las apariencias. Entre su población se encuentran las mayores desigualdades a todos los niveles, lujosos casinos flanqueado por villas miseria.  

Vinces, mi destino, es zona de influencia de Guayaquil y donde se concentra la mayor parte de la población que vive bajo los niveles de la pobreza, más del 50%, ciudad fea y subdesarrollada, con una estructura todavía dependiente de haciendas terratenientes que tocan pianos de cola y hablan en francés mientras el pueblo se harta de cultivar el banano, el cacao para ganar miseria y media. La situación todavía es complicada a pesar del Bono de .Desarrollo y de Vivienda, dos ayudas sociales que garantiza la nueva y muy progresista Constitución, aprobada recientemente por el pueblo ecuatoriano, aplastando en las urnas  a la campaña en contra de al reforma lanzada por los amantes de lo corrupto capitaneados por el pendejo Novoa, de similitud Berlusconiana evidente, y sus medios de comunicación, que son todos menos uno. La televisión estatal, Ecuador Televisión. Un espacio abierto y al servicio del pueblo donde todavía no he visto un solo anuncio comercial y en cambio si muchos programas dedicados a la educación en valores, a la ecología, a la prevención de la violencia doméstica y a la creación de una sociedad civil activa en la defensa sus derechos, empezando por el reconocimiento de la realidad indígena y concretándose en una educación pública bilingüe Español-Quechua. 

Pero la crisis económica internacional amenaza el proyecto de Revolucion Ciudadana y los buitres de la derecha sobrevuelan sin cesar el escenario. 

Ecuador depende del poco petroleo que extrae y de las remesas económicas de los emigrantes, apoyadas por alguna exportación como es el cacao, la banana y la gamba. La industria es prácticamente inexistente. El descenso del precio del crudo y la drástica caída de las divisas que viajan desde la Europa en crisis pone en jaque el proyecto. Pero el impulso parece fuerte y cuenta con el apoyo del pueblo. La independencia de chupopteros como el Banco Mundial o el Fondo Monetario Internacional, el no endeudamiento del país a manos de los pregoneros y beneficiarios del neoliberalismo salvaje junto con alianzas con el resto de países Sudamericanos, exceptuando la Colombia de Uribe y el Perú de Alan García, de orientación conservadora y pro norteamericana, pueden amortiguar el seguro golpe y abrigar las esperanzas de una América Latina libre por fin del yugo Norteamericano y Europeo, una América Latina capaz de corregir el dudoso honor de ser el continente con mayores desigualdades sociales, muy por delante del más pobre de los continentes, África. 

Pero no todo es política en Ecuador, también hay montañas. 

Rucu Pichincha (4680 m.)

Rucu Pichincha (4680 m.)

Y hoy, ni corto ni perezoso, he acondicionado mi mochila y he desenfundado la cámara de fotos para enfrentar la subida al Rucu Pichincha, un volcán inactivo de 4680 metros de altitud, mi primera ascensión andina. El taxi que ha subido por las empinadas laderas donde descansa la estrechísima y alargadísima Quito y el posterior teleférico han hecho más que agradable la distancia que separa los 3000 metros de altura sobre el nivel del mar de la ciudad y los 4.100 de la Cruz de la Loma, punto de partida de la ascensión. Los 600 metros restantes han sido fáciles y físicamente tolerables al principio pero realmente duros al final. La falta de oxigeno y la niebla hacían el ascenso algo peligroso y por precaución me he acoplado a un grupo de excursionistas que subían a un ritmo muy parecido al mio. Algo que me ha sorprendido vivamente ha sido la asombrosa ausencia de frío. Aun recuerdo los 4.700 metros de Nepal y el brutal frío que castigaba sin piedad. La razón de tal diferencia reside en que los Andes Ecuatorianos están mucho más cerca del astro rey que los gigantes del Himalaya asiático y la cima más alta del país ecuatorial, el volcán Chimborazo, a poco más de 6.000 metros de altitud, es el punto más cercano de la tierra al Sol o el lugar más alejado del centro de la tierra, como quiera interpretarse, por encima del coloso Monte Everest.

Desgraciadamente la niebla ha dado al traste con mi esperanza de poder

La cumbre y la niebla

La cumbre y la niebla

 cazar al Cotopaxi, el volcán más elevado de la zona, de cono perfecto, además de otros atractivos fotográficos tales como divisar el Océano Pacífico occidental y la Selva Amazónica del Oriente. La montaña puede llegar a frustrar las ilusiones que con tanto esfuerzo físico y mental forjas en la subida, pero lejos de vivirlo como algo negativo simplemente me permite reflexionar sobre lo importante que es el camino. Bien mirado, he podido disfrutar de mis primeras panorámicas andinas además de lanzarme a ascender un coloso después de mi fractura de peroné y esguince de tobillo nepalí.

 

 

 

 El aventurero ha vuelto y observa las cimas andinas con respeto y fascinación. En Ecuador será donde pulverice la marca de los 5.000 que honrosamente ostentan los que este verano ascendieron  el Himalaya Indio y pongo mi mirada en los 6.000 metros de los gigante volcánicos, factibles y ansiados. 

Pero eso será dentro de un tiempo indeterminado.  

Mañana es lunes y me espera la segunda y última tanda de reuniones y viajes antes de mi arribo a destino final, Vinces, en la inundable provincia de los Ríos, bajo el nivel del mar. La lluvia y el cansancio me han retenido esta tarde en la habitación del hotel, motivo por el cual hoy el relato ha sido más largo, aunque espero que también interesante.

 

Espero que todos y todas estéis bien. 

 

Abrazos desde la mitad del Mundo. 

 


Cagadito llegué a Cuenca

Hola compañeros y compañeras de viaje,

Hoy os escribo desde Cuenca, una ciudad bien chevere al sur de los Andes Ecuatorianos. La calle que diviso mas alla del monitor me recuerda al Madrid castizo, casitas blancas con balcones, contraventanas y vigas de madera. Aqui he provado mi primer ceviche, una especie de gazpacho sin licuar y con millones de gambas flotando, riquisimo y refrescante. Ahora mismito vengo de una universidad donde estan celebrando la Semana de la Lucha contra el Sida, que empezo el dia 1 de Diciembre, el dia que aterricé en esta tierra. Conciertos de punk ecuatoriano y mucha gente joven volcada con los temas del Sida y violencia de genero. Hasta allí me ha llevado Pablo, el segundo de mis compañeros cooperantes que conozco esta semana, chileno de mi edad que gentilmente me vino a recoger al aeropuerto del que he salido cagado por las patitas abajo. Solo han sido 35 minutos, el viaje mas corto que nunca habia hecho en avión y que se ha convertido en el peor de mi vida. Pero antes de salir de Quito, por la mañana tempranito, conocí a Ana Teresa, que junto a un servidor y al chileno Pablo formamos el equipo de prevención del VIH/Sida en el país. Ella es dominicana, mayor que yo, vive en Quito y colabora con el Ministerio de Sanidad. Me ha cojido de la mano y me ha dado mi primer paseo con cara y ojos por la ciudad, desde que he llegado solo he caminado por la avenida que va desde mi hostal a las oficinas de la organización. Y por fin el día amaneció despejado y con un calor tremendo. Hasta ahora habia hecho frio. Aun me cuesta entender que aquí no hay estaciones y que en todo el ciclo de un año la luz solar solo varía en 20 minutos. Los cambios de estacion se producen cotidianamente, en un mismo dia puedes salir a la calle abrigado y acabar en camiseta de manga corta y deseando arrancarte los pantalones a mordiscos. Verano e invierno en menos de 24 horas, es el clima de la Sierra. Otro día os hablaré de la diferencia entre la Sierra y la Costa, división critica a todos los niveles del país. Durante el paseito, Ana Teresa me ha ido explicando las lindeces de la politica, la corrupcion descomunal que por lo visto el gobierno Correa esta intentando atajar con no muy buen resultado (ahora por lo menos los puestos de funcionarios ya no son hereditarios en Ecuador) y las dificultades del trabajo en temas de Sida por falta de implicacion de la administracion aun habiendo recursos para hacer cosas. Con un heladito hemos cambiado de tercio y hemos estado hablando de las cosas del cooperante, todo un submundo. Tan a gustito estabamos que se me ha hecho tarde y al primer taxi que he podido parar le he dicho ‘por favor, rapido al aeropuerto que pierdo el vuelo’. El tio se ha lanzado como un jodido kamikaze por el carril bus, por donde por supuesto no podia circular, mientras me enseñaba el carnet por puntos y me decia que todavia le quedaban 27. Yo le iba diciendo que estupendo y que me gustaba mucho como conducia y el me contestaba, mientras se tocaba la entrepierna generosamente, que era una cuestion de huevos, que en Ecuador no puede funcionar el carnet por puntos, que mientras no arrolles a alguien todo se soluciona a base de testosterona. Aunque ya estaba pagado su orgullo por tal hazaña le he dejado el cambio y para agradecermelo me iba gritando desde la ventanilla del taxi mientras yo corria hacia la entrada de la terminal de vuelos domesticos. Correr para nada porque el vuelo llevaba una hora y media de retraso. Depues de la tediosas espera, ya que la terminal no era mas grande que dos veces el comedor de casa de mis padres, nos hemos subido al pequeño avión y a despegar que sobra pista. Cinco minutos en el aire y el avion ha empezado a pegar unos botes impresionantes, parecia que se iba a romper. De mis manos salian geisers de sudor mientras apretaba con toda mi alma los apoyabrazos del asiento. Botes y mas botes, la tripulación de cabina con el cinturon puesto. Caidas al vacio, el avion se ladeaba, mi compañero de fila blanco como la cera. Le he enseñado como me tenblaman las manos sin acompañar el gesto con palabra alguna y el me respondia afirmativamente mudito de miedo. Han pasado varios minutos y parecía que habíamos dejado atrás las turbulencias. Mi compañero y yo hemos recobrado el habla, y a mi torpe pregunta de si era normal volar en el Dragon Kan por estar en zona montañosa de los Andes, me ha contestado que llevaba haciendo ese recorrido una vez por semana durante años y sin duda era el peor viaje de su vida con diferencia. Dicho esto el avión se ha precipitado durante unos segundos inacabables al vacio, las azafatas han guardado el carrito de las bebidas y han vuelto a ponerse el cinturón de seguridad mientras el piloto nos pedia calma e inmovilidad. Hemos empezado el descenso a bote y bandazo limpio y cuando ha aparecido la primera visión de los verdes campos andinos y de la ciudad de Cuenca el avión nos ha regalado los movimientos más bruscos. He tenido ganas de llorar. Casi en tierra el avión se balanceaba más que preocupantemente y por la ventanilla veia un momento la pista de aterrizaje y en el siguiente las cimas de las colinas que rodean la ciudad. Pero como siempre el avión ha aterrizado, eso si en medio de un silencio sepulcral solo roto por la voz de la azafata diciendo’ pueden desactivar los toboganes de emergencia’. Esta última frase ha certificado la gravedad del asunto. El de la cara de cera, que seguro que a mi lado parecia alguien que se echa buenas horas extras en los rayos uva, me ha asegurado que eso no era ni mucho menos habitual y que podia coger con toda calma el avión de vuelta el sábado a Quito, ya que le había jurado y perjurado 10 veces por segundo que yo no me volvía a subir en una maquina infernal voladora como esa. La conversación ocurría mientras bajaba del avión escalón a escalón, como un abuelo, agarrado a la barandilla pidiendole a mis piernas que, por favor, me sostubieran un ratito más.  Fuera me esperaba Pablo y unas risas me han devuelto el pulso normal y la fuerza en las patas.

Es una sensación única el miedo a volar y envidio a todos aquellos y aquellas que leen, conversan, duermen  o simplemente descansan impavidos e felizmente ignorantes de los miedos y temores que me asaltan a cada momento. Cómo el tema del pavor volador ha sido y seguro seguirá siendo uno de los ejes transversales de este blog (todavía me quedan 4 vuelos en menos de 10 días) os dejo aquí un articulo escrito por el gran Gabriel Garcia Marquez, otro timorato del avión:

http://www.sololiteratura.com/ggm/marquezseamosmachos.htm

Ahora espero a que me venga a buscar Pablo con otra cooperante de la ONG y juntos nos iremos a tomar unos tragos llamados ‘canelazos’, típicos de la región y de una pegada considerable. Mañana por la mañana me entrevistan en una radio y el resto del día reuniones y más reuniones, para llevar solo tres días he trabajado más que en los últimos meses juntos. Pero estoy muy contento de estar aquí.

Benvienidos a todos y todas, y muchas gracias por vuestros mensajitos y comentarios.

Como bien dice Juan, el día que lleguen las nubes a tapar el sol de la nueva experiencia los necesitaré como agua de Mayo.

Gracias por estar ahí.


Un sonambulo en Quito

Hola a todos y todas desde Quito,

Ya llegue, ya pase el traumatico tramite de las 11 horas de tedioso y turbulento viaje en avion. He vuelto a poner mis pies en el continente americano, un poquito mas arriba de lo que alcance hace unos años cuando viaje de Argentina a Bolivia pasando por Chile y Peru.  

Hoy escribo mas que por placer, por obligacion y necesidad. Tengo un jetlag del carajo, son 6 horas menos, y aunque de los dos desfases posibles este es el menos traumatico, ahora mismo me siento flotando en el espacio tiempo, medio alli, medio aqui (o aca como dicen por aqui). Os escribo a las 7 de aqui con el estado mental de la 1 de la madrugada de alli, medio despierto, medio dormido, medio lucido, medio torpe ………… sera el efecto de estar en la mitad del mundo?. Escribo para engañar a mi mente.

He aterrizado en plena celebracion de la fiesta grande de la ciudad de Quito, una ciudad extremadamente alargada que descansa en un estrecho valle rodeado de altisimas montañas. La similitud con Sarajevo o Kathmandu es mas que llamativa. Celebran la Refundacion de la ciudad por los españolitos, ya que el ultimo Inca que defendio la ciudad decidio arrasarla completamente para dejarle solo las cenizas. Conciertos, jarana, toros, patritismo mayusculo, musica en cualquier esquina. Fiesta que dura mas de una semana y que tiene sus detractores a los que no les seduce la idea de celebrar la conquista por unos barbaros ni el maltrato a los animales.

Tambien he conocido a la gente de la oficina central de la ONG, he tenido mi primera reunion a modo de orientacion en generalidades del pais. Me ha encantado el trato que me han dispensado, me ha sorprendido muy gratamente la naturalidad de su amabilidad, me he sentido acojido desde que sali arrastrando mis maletas en el aeropuerto de Quito. Huyendo de juicios precipitados creo que este es un lugar donde me voy a sentir muy a gustito con la gente. Luis, el director de los proyectos en Ecuador, es un tipo bien interesante y con un conocimiento de la historia latinoamericana que me permite intuir una fuente de informacion impresionante para conocer en profundidad esta parte del mundo. Mis ultimas lecturas han sido sobre el Che y la Revolucion Cubana, lecturas que me han abierto una seductor interrogante sobre estas tierras y su conciencia colectiva. Las charlas de hoy solo me han confirmado que se vive un momento social de especial importancia que contrasta con el preocupante apalanque de la vieja Europa.

El proyecto que voy a llevar intuyo que tiene un nivel de dificultad elevado puesto que no paran de darme animos. Aun no conozco el motivo de fondo pero huelo a reto importante, algo que por otra parte no me preocupa. Creo que tiene que ver con el hecho de ser un lugar predominantemente rural amen de bastion de la derecha del pais, y claro esta, ir con milongas sobre derechos sexuales y reproductivos quiza no les encaje demasiado en un primer momento, pero creo que con mis artes de seduccion y negociacion me los metere en el bolsillo y acabaran todos con el condon puesto, o por lo menos sus hijos.

Mañana mas reuniones. Pasado mañana viajo a Cuenca, la tercera ciudad del pais para reunirme mas, en avion por cierto. Despues vuelvo a Quito y el miercoles a Guayaquil para seguir reuniendome (otro avion, que no pare la fiesta) para regresar de nuevo a Quito a recoger mi visa semi-diplomatica definitiva junto con mi cedula de identidad y poner rumbo a Vinces, mi destino final, mi residencia temporal, mi nuevo hogar provisional.

Ahora me voy a zambullir en el festival que tienen montado fuera del cibercafe, me voy a pasear un ratito por estas nuevas calles, me voy a sentar en alguna terracita a escuchar musica y a ver a la gente pasar, para luego irme a descansar al hotel mirando de reojo a los seguratas armados con poderosos rifles que me hacen apretar el culito de miedo.

Aqui os dejo mis primeras y torpes impresiones de las poco mas de 24 horas que llevo en un mundo nuevo y lleno de interrogantes. Por ahora no hay fotos pero prometo sacar la camara lo antes posible para arrancar algunas imagenes que hablen por si mismas.

Espero que poco a poco vaya arrancando este blog para continuar con el buen rollito que nos regalamos el verano pasado.

Abrazos a todos y todas desde la sierra quiteña, desde la capital del pais con nombre de latitud, solo a unos pocos pasos de la mitad del mundo.


La mirada discreta en la mitad del mundo

Hola de nuevo a todos y todas,

Si me llegan a decir que en tan breve lapso de tiempo volvería a abrir sus puertas esta pequeña ventana al mundo no me lo hubiera creído. …………….. O puede que si ?

Más de tres meses después que la última entrada en este blog apagara la mirada que se paseaba por una pequeña parte de Asia, un delgado rayo de luz permite intuir en el horizonte una nueva realidad. Esta vez en otro continente, el Americano, del Sur, Lationamerica, Ecuador. Y es que de nuevo hago las maletas para aterrizar en breve en un misterioso lugar situado sobre la linea que divide el mundo en dos mitades, muy cerquita del lugar donde, levantando nuestro brazo al cielo, más cerca nos encontraríamos de acariciar el sol con la punta de los dedos.

Ecuador. Sinceramente, todo un misterio.

Esta vez no se trata de un viaje al uso, de una mochila a la espalda, una guía en las manos y la inquietud en la mirada. Esta vez no sigo una ruta que puedo ir modificando a mi voluntad o al antojo de las circunstancias. Vinces es mi destino, en la provincia de Los Rios, en la Región de la Costa, entre el Pacífico que baña las Islas Galápagos y los volcanes nevados que coronan los Andes, lugar que se convertirá con el tiempo en mi nuevo hogar provisional. Al sur de Quito, muy cerca de Guayaquil. Allí hay una casita que me espera. Y una oficina, el Centro de Apoyo y Consejería VIH/Sida, mi nuevo lugar de trabajo.

Otras gentes, distintas culturas, diversidades gastronómicas, Navidades en la playa, una mirada laica paseándose por una tierra de fervor cristiano, indigenismo omnipresente, volcanes nevados, Islas Galápago, amazónica selva, ritmos tropicales y un sinfín de etiquetas que poner, de momentos y paisajes que describir, la mirada que descubre vuelve a alzarse sobre el horizonte, una nueva aventura está a punto de empezar.

Os tengo que confesar que no tengo ni idea de cual va a ser el argumento que guiara el blog en esta nueva etapa. Me vuelvo a vestir con la piel de cooperante unos años despues de mi regreso de Bosnia y el tiempo del que dispondre no sera el mismo que cuando simplemente viajo. Pero de todas maneras pienso que merece la pena y que podemos pasar unos buenos ratos paseando nuestra mirada curiosa por tierras desconocidas.

Quien se apunta?