EN CENTROAMERICA



No peito dos desafinados também bate um coraçao

Poco a poco el tiempo de las decisiones va quedando atrás y en el horizonte se vislumbran las borrosas siluetas de sus inevitables consecuencias. El perfil del vigésimo primer día de abril, luminoso e intermitente, se alza como un potente faro en la línea que separa el antes y el después. Ni en las jornadas claras y despejadas deja de verse, ni sucumbe a los días de temporal y de zozobra.

 

Llega el momento de las despedidas, de las primeras, de las que anticipan un adiós sereno antes de que los primeros temblores emocionales cubran el presente con su fuerza inevitable. Nombres futuros empiezan a aparecer dibujados en los labios de los que hasta ahora solo pronunciaban nombres pasados, personajes de historias remotas a las que estaba predestinado a pertenecer.

 

 Matthew el gringo o Laura la canadiense, ¿quien será el personaje que escriba el siguiente capítulo?.

 

 

Mientras se desvela el secreto, vivo los últimos compases de esta historia descompasada que empezó al traspiés mucho antes de subirme a una máquina voladora con destino a un aeropuerto ecuatoriano, en el que suelo pensar, me está esperando la que me lleve de regreso.

  

Y es que esta ha sido una aventura desafinada.

 

 

Hay historias ciertas, historias nunca vividas, historias de otros, historias completas, pinceladas que hacen historia, historias sin pena y otras gloriosas a rabiar. Hay historias tranquilas, otras resultan turbulentas, pasionales, románticas. Las hay tristes, melancólicas, alegres, sonoras, misteriosas, lúcidas, nutritivas, devastadoras, reveladoras. Y las hay también huecas, frías, lánguidas, plenas, orgásmicas, celestiales. Historias de todas las texturas y colores al alcance de quien se atreva a vivirlas.

 

Y mi aventura ecuatoriana a la que aposté con mano temblorosa el último noviembre resultó amagar un compás desafinado. Nunca logré cuadrar los tiempos del metrónomo con la melodía que empecé a tararear instantes después de darle el ’si, quiero’ a esta incierta aventura.

 

Efímeros momentos afinados, acompasados, que me acompañaron las primeras semanas y que empezaron a descomponerse solo pisar la realidad final, la que me esperaba al otro lado de la decisión tomada. Ni los acordes que encontré me sonaron bien, ni yo supe, o no quise, tocarlos para entonar la melodía deseada.


 

Pero como sambea ricamente el magnifico Joao Gilberto

 

 

En el pecho de los desafinados también late un corazón


 

Y en el pecho de esta historia desafinada,definitivamente, late un corazón.


 

Y este corazón late al ritmo que marca la exuberante naturaleza que la rodea. Volcanes activos y dormidos, infinita selva, ríos, canoas, cocodrilos, amaneceres y atardeceres para deleitarse una y otra vez, playas desiertas donde encontrarse sin miedo a perderse, un océano infinito. Late al compás de la simpatía y la hospitalidad de la gente, siempre abiertas al contacto, cariñosas, sabrosonas, alegres incluso en la tristeza, sonrientes. Palpita al contacto con los deliciosos sabores de las frutas tropicales, mango, papaya, banano, guineo, maracuyá, mamey, servidas en un gran vaso troceadas y bien fresquitas, o batidas con o sin cremosa leche. Late dulcemente al compás del vacileo de las mulatas que regalan un espejo especial donde mirar a una mujer, sin prejuicios. Tararea ricamente al son de los ritmos tropicales que suenan en cualquier lugar y a cualquier hora, se balancea y se mueve en los animados viajes en autobús mientras el pasillo se llena de vendedores ambulantes cantando sus productos. Marca el paso caminando en mercados infinitos donde se vende de todo, vibra al contacto con la ilusión por una revolución posible. Se deleita degustando un sabroso ceviche después de un largo paseo por las insaciables calles de Guayaquil. Bombea al son de la historia colonial, de grandes haciendas cacaoteras, que luego fueron cafeteras para acabar siendo bananeras. Y late también ante la herida no cicatrizada de una cultura indígena fulminada por bárbaros conquistadores sin escrúpulos.


 

Y seguirá latiendo al ritmo tropical de la aventura vivida, por siempre y para siempre, con su cadencia desafinada pero cierta, real, irrepetible e inolvidable.

 

 


Comentarios

  1. Jezabel nos dice:

    Tengo muchas ganas de que vuelvas, pero voy a echar de menos llegar a las 9 (bueno… 9 y algo…) al trabajo, encender el ordenador, encender el firefox y abrir 4 pestañas: el correo, el periódico, la web y tú blog para ver si has escrito algo.
    Y alegrarme la mañana, porque cuente lo que cuentes siempre acabo sonriendo…

    Bueno, compensará tenerte cerquita jjj

    Un beso niño, buen regreso.

    | Responder Publicado 7 months ago
  2. el loco que vuela nos dice:

    Amigo,
    Tu corazón late al ritmo de una mirada tan singular donde se adhieren los detalles de miles de historias pendientes de concluir.
    Yo si quiero que vuelvas para que te reencuentres,para que huelas a mediterraneo,para que te sientas,para que retomes.
    También porque tengo ganas de darte un abrazo de esos que es impoisble mandar por mail.
    Gracias Sergio por regalarte tantas veces.
    Te quiero Sergio.

    | Responder Publicado 7 months ago
  3. marabubamara nos dice:

    Un historia vivida, si vivida!!! y quizás desde lejos, con el paso del tiempo esos compases que ahora desentonan tengan un ritmo perfilado y sientas el por qué de esa historia….historia vivida….. por que ..
    ….lo que ocurre…conviene…..
    Un abrazo muy grande, tengo muchas ganas de verte..acá por el sur….

    | Responder Publicado 6 months, 3 weeks ago


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