MALTA
Nuevo salto de continente, de realidad, de paisajes. De Centroamerica al Mediterraneo, vuelo con algunas escalas: Malta, Sicilia. Destino final: Barcelona, hogar dulce hogar.
Después de cruzar el azulísimo Mar Mediterráneo, una jornada de azulísimo y despejadísimo cielo primaveral, comienzan las maniobras de descenso del avión. El capitán anuncia los 20 minutos que nos separan de la toma de contacto en tierra maltesa y a través del ojo de buey que sirve como ventanilla no se divisa más que el mismo mar y el mismo cielo, siempre azulísimos. Ninguna señal al alcance de la vista hace intuir tierra firme. Cuando ya empiezas a dudar de la existencia de la isla y a sospechar que las maniobras se tratan de un amerizaje encubierto aparece el perfil de algo parecido a una isla. Mejor dicho, tres islas. La primera en aparecer en el campo visual es Gozo, redondita y coqueta. A pocos metros de distancia encontramos a Comino, la pequeña, poco más que un peñasco. Y finalmente, atravesando un pequeño estrecho aparece la mayor, la alargada y estrecha Malta. Están las tres muy pegaditas, juntitas, tanto que en la distancia parece que estén unidas. El momento del aterrizaje es inminente y sorprende que todavía se pueda contemplar el entorno completo de la isla. De hecho la pista de aterrizaje donde estamos a punto de tomar tierra ocupa al menos un tercio de la longitud total de la isla.
Resumiendo. Malta es pequeña. Y concentrada.
Sinceramente lo que hay que ver y disfrutar en las islas no de más que para una semana y eso tomándose la visita con mucha calma. Pero como decimos en catalán ‘al pot petit hi ha la bona confitura’, que en castellano sería algo así como ‘en el recipiente pequeño está la buena confitura’. Y es que por muy limitada que sea su dimensión física no deja de sorprender su dimensión cultural. Aunque, a primera vista pueda parecer mentira, en Malta se encuentran los restos arqueológicos más antiguos encontrados en nuestro Mundo, anteriores incluso a las pirámides egipcias. Para hacer honor a la realidad
no tienen nada que ver con la espectacularidad con la que se homenajeó Keops, pero según los estudios los templos de Hgar Quim se pueden considerar los primeros construidos por la humanidad. Y están en la minúscula isla de Malta ¡ Estamos hablando del 3.600 antes de Cristo, cuando la primera pirámide egipcia data del 2.600 a.C. Desde entonces antiguas civilizaciones como los fenicios, griegos, romanos, han ido pasando por el peñasco, aunque parece ser que sin mucho ánimo de quedarse. De hecho Malta no deja de ser un diminuto archipiélago en el centro de un mar, con el aislamiento que implica respecto al continente y la dificultades para la autosuficiencia. La mayor parte de los productos que puedes comprar en Malta provienen de Italia, incluso una parte del agua de boca la tienen que traer del país vecino para no pasar sed. Los suministros básicos son especialmente caros y se consumen lo más racionalmente posible, sobretodo si se quiere evitar el facturón a final de mes. Con estas condiciones de escasez y aislamiento respecto al continente no es de extrañar que antiguas civilizaciones no vieran en estas islas un lugar agradable donde acampar.
Hasta que llegaron los Caballeros de San Juan, más conocidos por la institución a la que representaban, la Orden de los Caballeros Hospitalarios de Malta.
Esta orden religiosa es el auténtico símbolo identitario de las Islas. Cuenta la historia que estos caballeros, señores ricos que decidían hacer voto de pobreza, cedían dos tercios de sus riquezas a la orden y se apuntaban a la cristiana cruzada contra el musulmán. Empezaron en lo que hoy conocemos como tierras ocupadas de Palestina por los israelís, aunque por lo visto Cristo iba perdiendo el pulso con Mahoma, así que estos caballeros tuvieron que retirarse a la isla de Chipre donde fundaron hospitales en los que atendían a los heridos (por supuesto, cristianos) provenientes del continente. De ahí el apelativo de hospitalarios. Y parece ser que la cosa fue a peor, a Cristo le entró la pájara, el acero de la cimitarra se acercó demasiado y la Orden al completo dio otro pasito en retirada hasta llegar a Malta, donde finalmente se establecieron por unos cuantos siglos, hasta la aparición del ateillo Napoleón, que llego para enviarlos a sus respectivos países. Historia aparte, la cuestión es
que durante su estancia en la isla los Caballeros de la Orden de Malta se pusieron a construir catedrales y albergues donde vivir y orar. La Orden estaba compuesta por diferentes nacionalidades europeas (Castilla, Corona de Catalunya y Aragón, Provenza, etc.) y cada una de estas construyó su propia parte de la catedral y su albergue, que dicho de paso, feos no eran. Es más, parece ser que había pique entre estas nacionalidades y se montaron en un caballo de competencia desbocado que les llevó a la eterna lucha del hombre, la batalla de ‘a ver quien la tiene más grande’, así que construyeron edificios monumentales y extremadamente lujosos, con lo que se acabaron de pasar el voto de pobreza por el forro. Excesivo el ambiente recargado de testosterona y poder para mi gusto, aunque no voy a negar que sea bonito, especialmente la Co-Catedral de San Juan de La Valleta. A destacar sobre todo el conjunto un cuadro de Caravaggio, la decapitación de San Juan Bautista, que, a pesar de mi infraeducada capacidad para apreciar el arte, me tubo embobado durante un buen rato. Eso no era un cuadro, eso era magia hecha con pinceles y colores.
En fin, los Caballeros de la Orden de Malta contemplaron el crepúsculo de sus días de
gloria, no debido a la cimitarra musulmana como anteriormente había sucedido, sino a la espada envainada y la mano cruzada en la solapa del pecho de una ateo francés como la copa de un pino llamado Napoleón. A partir de ese momento Malta se convirtió en un enclave estratégico durante las Guerras Mundiales. Almacén de víveres y municiones, puesto de partida y llegada de tropas desde/hasta los frentes de batalla y socorrido hospital de guerra fueron las funciones que cumplió la isla hasta la llegada de la paz duradera al viejo continente, momento en el que Malta inició una larga andadura hasta conseguir la independencia del Reino Unido, potencia de la que había dependido en las últimas décadas. Hoy Malta forma parte de la UE, hace poco adoptó el Euro como moneda de libre circulación y afronta su encaje en la pretendida Unión Europea manteniendo el equilibrio entre su amplísimo legado árabe, la bella influencia siciliana y su flema británica.
Quien venga a estas islas perdidas en medio del mediterráneo arenosas playas donde tumbarse al sol, a buen seguro se llevará una gran desilusión, prácticamente toda la costa es agreste y cortada a base de profundos acantilados. Quien venga buscando reminiscencias de arte a la italiana verá sus expectativas frustradas. Pero para quien tenga unos pocos días y quiera conocer la historia de una isla en medio del Mediterráneo, seguro que saldrá satisfecho/a.
Malta es pequeña, pero atesora el perfume mediterráneo.





