LA SICILIA (el escenario)
Pero no solo del cine y de recuerdos de niñez vivimos, y, como no podía ser de otra forma, Sicilia tiene mucho más que ofrecer. Por supuesto sus playas y su gastronomía son un placer para los sentidos, así como su clima, sobretodo si tienes cerquita la sombra de un olivo bajo la cual refugiarte cuando el sol siciliano cae del cielo como fuego escupido por boca de los mismísimos Dioses.
Dioses paganos, griegos y romanos, católicos, pueblan estas tierras desde los albores de la civilización, y es que no podemos olvidar que estamos en Italia, tierra de historia clásica, de Grecia y Roma, y de todas las culturas que vinieron después. Supongo que viviendo en Barcelona toda la parte gótica que se puede admirar en una ciudad como Catania no sorprende tanto, simple resultado de la costumbre, del hábito, pero el pasear por sus calles y encontrar vestigios de teatros griegos datados incluso en siete siglos a.c es simplemente espectacular. Las ruinas, los museos, los jarrones de terracota decorados con escenas de batallas entre Atenas y Siracusa, las impresionantes catedrales y conventos góticos, en definitiva, un sinfín de atracciones históricas que a buen seguro acabaran destrozando los pies de quien quiera abarcarlas en su totalidad.
Mi campo base en este asalto viajero a la hermosa Sicilia fue la no menos bella Catania, una ciudad joven, activa,
inquieta, o como la definen algunos de sus habitantes ‘una cittá molto vivacce‘. Y a huevos que dan en el clavo ya que si hay un adjetivo que la define a la perfección es ‘vivaz’. Vida en la calle, tráfico caótico, museos, teatros, catedrales, vida cultural, bares y terrazas, música en directo, restos de cualquier civilización imaginable y de telón de fondo, visible a simple vista, nevado y siempre activo, volcán Etna.
Sinceramente, hace muy poco que regresé de Centroamerica, de vivir rodeado de imponentes volcanes en plena actividad, como para sorprenderme con la magnitud, digamos leve, que en comparación posee el Etna. Pero para el estándar europeo, el simple hecho de que haya un volcán y que esté en activo es motivo de admiración y de asombro. Desgraciadamente no tiene la bonita forma cónica casi perfecta de sus primos americanos, pero si se pueden detectar múltiples cráteres por los
que en diferentes etapas de su convulsa vida ha ido expulsando la roja lava, que siglo tras siglo, unida a los múltiples terremotos, ha destrozado una y otra vez los pueblos y ciudades que resisten tozudamente a sus temibles embites, contando como reconstruyeron su casa o su iglesia con lava seca de tal o cual erupción.
Obviamente Catania, la gran ciudad en la falda del volcán cuyo primer enclave data del siglo VII a.c., ha sufrido una y otra vez las consecuencias de los movimientos sísmicos y los pepinazos del Etna, pero no es la única.
Taormina es otra ciudad bajo el área de influencia del volcán, ciudad que merece una visita. Recorrer sus estrechas calles al más puro estilo barroco sería un grato placer si no fuera por las hordas de turistas que afean su espíritu, su magnifica estampa. Posiblemente pueblos en los alrededores no sea tan espectaculares pero seguro serán mucho más auténticos. Pero, a pesar de todo, Taormina tiene uno de los antiguos teatros griegos más bonitos que se puedan visitar y ésta es escusa suficiente como para sufrir en silencio a las dichosas manadas de turistas en viaje organizado. Situado en una
colina con espectaculares vistas del Etna y el Mediterráneo, es una auténtica delicia sentarse en sus ancianas gradas y permitir a la imaginación volar a esa época cuando la aristocracia vestida con blancas túnicas asistía a las representaciones dramatizadas de las obras de sus más insignes coetáneos. Si la puesta en escena tenía la misma magia que el enclave elegido para construir el teatro, a buen seguro que resultaban espectaculares, y es que estos griegos mal gusto no tenían y fijo que poseían una especial sensibilidad para captar la belleza.
Un poquito más al sur, protegida de la acción del Etna, aunque no de los terremotos, está Siracusa, el enclave más antiguo de la isla, datada en un porrón de siglos a.c. Pasear por sus calles y visitar sus parques arqueológicos es igual de delicioso que lo anteriormente descrito, pero destacaría por encima de todo, a parte del mágico enclave a orillas del Mediterráneo, la catedral, antiguo templo griego sobre el que, durante la época de la evangelización, se construyó el templo católico. Se
conservan todavía la mayor parte de las columnas del templo griego que constituyeron la estructura básica de la construcción, lo que le otorga la naturaleza de un espacio amplio y simple, que contrasta con las partes barrocas y recargadas añadidas para conseguir ese toque de culto cristiano. Es realmente espectacular la sensación que puedes disfrutar si te tomas el tiempo necesario para navegar entre los susurros de dioses paganos y iconos cristianos.
Y llegados a este punto, tengo que destacar de nuevo, como sucedió en Malta, un nuevo cuadro de Caravaggio, expuesto en una pequeña y elegante iglesia accesoria de la catedral. Esta vez se trata del ‘entierro de Santa Lucia’, otra escena que, al igual que la ‘decapitación de San Juan Bautista’, me fascinó y me tuvo hipnotizado un instante completamente vacío de tiempo inmerso en una escena que sentía estaba sucediendo ante mi en ese preciso momento. Vuelvo a confirmar mis limitaciones para disfrutar del arte, pero si en futuro mi mirada, ya más madura, puede entrar en ese mundo, estoy seguro que será de la mano d’Il Caravaggio, como le llaman sus compatriotas. Fascinación sería la palabra para describir la sensación que me invade ante la contemplación de una de sus obras.
Como podéis comprobar Sicilia da para mucho, aromas de cine de postguerra, historia clásica y moderna, espíritu mediterráneo conservado en sus mejores condiciones, carácter abierto y ‘vivacce’, estas son solo algunas de las múltiples etiquetas que podría poner a mi viaje por una pequeña parte de esta bellísima isla. Imaginad lo que queda por disfrutar. Pero eso tendrá que ser en futuros viajes, ahora solo queda envolverse con el aun tierno recuerdo.





