LOS VIAJES SILENCIADOS (I) PEDAZOS DE CENTROAMERICA
Tiempo ha pasado desde al última nota en este cuaderno de viajes.
La última mirada fue proyectada sobre una bonita isla Mediterranea y las palabras que aquí hoy se depositan están escritas sobre un blanco cuaderno, sobre una verde mesa de madera en un barcito ubicado en una esquina del parque central de Granada (Nicaragua). La noche es cálida y húmeda tal y como mandan los cánones del trópico. La plaza es un hervidero de gente que, como allende los mares en las cálidas noches del verano mediterráneo, se sientan al preciado y escaso fresco anhelando disfrutar de la gentil y necesaria tregua que ofrece el poderoso sol en estas latitudes. La música típica de estos lares, la salsa, la bachata, la cumbia y los great hits universales de todos los tiempos es lanzada de manera casi ritual al espacio sonoro desde poderosos altavoces. Es prácticamente inevitable, si es que circula un hilo de sangre caliente por tus venas, no seguir el ritmo con el pie, con las manos o incluso con las orejas. La erupción rítmica es tal que difícilmente puedes imaginar que no entraste, sin saberlo, a una discoteca al aire libre. También las bonitas mujeres que pasean con sus parejas, hijos, amigas embellecen el escenario de la plaza.
Estas son las coordenadas desde donde algunas palabras, perezosas y algo desganadas, vuelven a brotar
del manantial viajero para devolver aunque sea un leve soplo de vida a este casi olvidado blog. Quizás han sido más poderosas los impulsos externos que los motivos propios para dedicarle un tiempo a este viejo amigo al que la falta de tiempo y motivación condenó al silencio dejando mudos algunos viajes que, honestamente, deberían haber sido escritos.
Empezando por un bonito e interesante paseo por Guatemala, Belice y los Estados del sur mexicano, en compañía de mi hermano y que quedó olvidado en ese poblado cajón etiquetado como ‘el de las cosas que nunca se hicieron por falta de ganas’. Una verdadera lástima puesto que esta danza del viajero ofreció múltiples tesoros en forma de antiguas ciudades mayas sumergidas en impresionantes selvas soberbiamente nutridas de palpitante vida animal y vegetal. No menos elogios merecen los cayos de la costa beliceña y una matrícula de honor sus fondos marinos. Y para poner el punto y final a esta enumeración de miradas nunca transcritas, bonitas ciudades coloniales en la mexicana península del Yucatán. Si bien estas miradas pertenecen a un momento y un lugar distinto al que hoy ocupamos (recordemos que estamos en un parquecito de la Granada nicaragüense) y que dificilmente podría ser revivido tal y como se vivió, es justo que, por el solo hecho de haber existido, le dedique este breve pero sentido ‘In memoriam’. Descanse en paz en su nueva ubicación, a saber, cajón de ‘esas bonitas cosas que nunca fueron explicadas’. Eso si, algunas fotos nos pueden ayudar a levantar una especie de memorial, así que aquí van:
- Semuc Champey (Guatemala)
- Bañito en Semuc Champey
- Selva guatemalteca
- Tikal (Guatemala)
- Tikal (Guatemala)
- Cayo Ambergris (Belice)
- Bañito en el caribe beliceño
- Placita de Valladolid (México)
- Chichen Itza (México)
- Ofrendas a Maximon (Atitlan-Guatemala)
- Ofrendas a Maximon (Atitlan-Guatemala)
- Iglesia en tonos pastel (Granada)
- Parque Central de Granada (Nicaragua)
De vuelta a Nicaragua, el ataque de los dichosos mosquitos, reyes absolutos en el mundo de los insectos detestables de estas tierras, me ha obligado a cruzar el parque y ubicar mi cuaderno sobre una mesa. Ésta conserva su color natural realzado por una capa de impermeable barniz, que descansa placidamente bajo un porche de estilo colonial con sus columnas sosteniendo los castellanos tejados de teja arcillosa. En este barcito la selección musical es mucho más clásica, ahora mismo suena el hito sesentero ‘y con mis manos en tu cintura ….’ que transporta a no tan lejanas y represivas épocas cuando un tirano hijo de puta sometía con su rancio espíritu la libertad de todo un pueblo (incluso de los que pensaban que con él se vivía mejor). El rigor narrativo, si es que algo así existe, se ausentó en algún momento de esta tropical noche centroamericana.
Que hoy escriba desde aquí no dejaría de ser una anécdota si no fuera porque hace meses que vuelvo a habitar este istmo, larga y deforme lengua de tierra que conecta y da sentido a las Américas, las del Norte y las del Sur. De nuevo, y nuevamente de mano de la cooperación, vuelvo a transitar estos ya más que familiares paisajes y paisanajes. Cuarta incursión americana, segunda aventura centroamericana, campo base San Salvador. Quien haya seguido este blog sabrá que no es la primera vez que visito esta tierra de volcanes y hamacas, de pupusas y revoluciones. La novedad hoy es que es aquí precisamente donde vivo y donde trabajo. Pero dejemos los detalles para otro momento, los habrá mejores para manosear torpemente algún teclado e intentar explicar lo que esta mirada discreta percibe en su día a día salvadoreño. También dejaremos para otro instante el garabatear algunas silabas acordes con lo que mi contemplar estas tierras nicaragüenses del aquí y el ahora topan.
Este es un momento dedicado a tender un puente entre el momento en el que esta mirada viajera cerró sus cansados párpados y el actual, donde, a pesar del triunfal ataque mosquitero, cuando esos mismo párpados tratarn de vencer el megalítico peso de la inactividad y la apatía.
Enero de 2011 (Granada, Nicaragua)
















