DOMINGO EN ANTIGUA
Hola a todos y todas,
Por fin he encontrado un rinconcito de tranquilidad en medio de mi odisea personal por tierras guatemaltecas, por fin un día de reposo para el guerrero de los proyectos de desarrollo. Hoy he amanecido en la preciosa y

Una de las catedrales construidas durante el genocidio
tranquila ciudad Antigua de Guatemala, decorada con un cielo azul impecable y rodeada por sus tres imponentes volcanes, todos adornados con grandes nubes tapando el cráter. Resulta curioso ver un cielo raso, una visibilidad exquisita, nítida, cristalina, que contrasta con las nubes que rodean la boca del gigante rugidor. Si los volcanes fueran personas y tuvieran nuestra capacidad adictiva, su vicio serían las nubes.
Y en medio de este esplendido escenario he desplegado mi primer día como turista sin agobios, cámara en mano, con el caminar pausado del que se deja llevar por los estímulos que le van llegando. Después del café con leche tamaño supergigante al más puro estilo americano, he visitados algunas librerías para abastecerme de pedazos de literatura local, además de olfatear libros que puedan aportar sabiduría a mi intento de captar la realidad multicultural que me rodea. Me envuelven diversas culturas de génesis maya, entre todas ellas la Quiché, la Katchiquel y la Chiqué, cada una con su respectiva lengua, las que encuentro al visitar las comunidades donde tenemos proyectos. Y en muy pocas de ellas interactúo con gente que maneje el español como segunda lengua. Fue cierta la introducción a un mundo indígena prácticamente intacto con la que llegué a la frontera de esta nueva e intrigante realidad. Veintiocho lenguas locales, más el español y el garifunas que se habla a orillas del escaso Caribe que atesora Guatemala, y que encuentra su máxima expresión a lo largo de la costa hondureña. Una auténtica torre de Babel entre selvas, volcanes, lagos y dos océanos que prácticamente se tocan entre ellos.
Entre paseo y paseo, ojeada a la prensa nacional. Casi todas las noticias tienen que ver con la inseguridad, la corrupción y el retrato de un estado fallido que va cayendo rápidamente en manos de los narcos. Aunque no los

Paseo dominguero por el centro de la ciudad
haya visto con mis propios ojos si que encuentro con frecuencia la marca de los balazos con los que la mafia regala a los autobuses de las compañías que se niegan a pagar los sobornos. La mafia, disfrazada de Mara (grupos pandilleros), mata a sangre fría a conductores de autobuses con el fin de que sus jefes accedan gentilmente a pagar los chantajes.
Balazos y muertos son el pan nuestro de cada día en los titulares de la prensa nacional. Algo colea todavía sobre el caso Rosenberg, el abogado asesinado presuntamente por orden del presidente Colom. Y entre tiro y cadáver, la fiebre del cerdo (la que tiene nombre de robot de la Guerra de las Galaxias, C3PO, o algo así). Cuando llegué a Guatemala eran solo unas 12 personas las diagnosticadas con la fiebre del gorrino, tres semanas después ya vamos por unas 300. Acabo de llegar Cobán, cerquita de la frontera con Méjico, dónde la actividad escolar ha sido suspendida en pleno brote de pánico, mediático, por supuesto. La gente anda tan pancha por la calle, si ves a alguien con mascarilla piensas ‘pringao’, y donde hoy mismo se acaba de correr una media maratón multitudinaria a pesar de todas las alarmas. Estando tan cerca del epicentro y viendo como, en condiciones de extrema pobreza y desnutrición galopante, la gente pilla la gripe del cerdo, la normal también (aquí es el invierno, época de resfriados), y nadie se muere, salvo las personas que ya están aquejadas de una enfermedad importante, no puedo dejar de pensar que esto es otra gran distorsión mediática deliverada. Y es que la peste gripal asesina que nos dibujan cada día los medios de comunicación comerciales huele más a argumento para acojonarnos un poquito y que no protestemos, que a pandemia apocalíptica ni mierdas por el estilo. Creo que muere tanta o más gente de gripe normal que a causa de la gripe porcina, y por allí nadie va con mascarilla en época de virus.
Más allá de gripes variopintas y llantos por Mikel Jackson (por cierto, yo todavía no he visto llorar a nadie y me muevo más que los precios), la noticia de rabiosa actualidad la encontramos al otro lado de la frontera, en Honduras, donde se está llevando acabo un golpe de estado contra el presidente legítimamente elegido en las urnas. Al pobre hombre no se le ocurrió otra cosa que alinearse con los países del ALBA, ya sabéis, el eje del mal americano encabezado por Chávez, dirigido por Fidel Castro y secundado por Correas y Morales. Hoy había convocado un referéndum para decidir sobre la modificación de la Constitución hondureña, creada en 1982 por un gobierno títere en manos de la administración Reagan (si, ese, el actor frustrado). Al parecer, como a EEUU no le ha gustado ni un pelo que después de que el pulgarcito de America, El Salvador, eligiera democráticamente a un presidente de izquierdas y temiendo que pase lo mismo en gran parte de su histórico patio trasero de republicas bananeras, no ha dudado en llamar a los militares, entrenados por ellos durante la guerra contra los Sandinistas en Nicaragua, para que cortaran la electricidad de toda la ciudad, 200 soldados entraran a saco en el palacio presidencial y se llevaran a su inquilino democráticamente elegido a Costa Rica, buen sitio para unas vacaciones, puede que no tan idílico para ser secuestrado. Ahorita mismo las noticias de los medios de comunicación hondureños (los de la oposición pro-yanki, claro está, ya que los otros han sido cerrados, así como también la mayoría de radios) van repletos de titulares que legitiman el golpe de estado, por supuesto obviando deliberadamente el termino, ya que para los redactores se trata de justicia sumaria ante la brutal provocación que significa preguntarle al pueblo que es lo que quiere para su futuro. Si te detienes a observar quienes firman las noticias no encuentras más que (malditos) empresarios, banqueros y curas, que sumados a la CIA dan como resultado el histórico Golpe de Estado en una Republica Centroamericana que quiere dejar de ser Bananera.
Vamos Obama, we can do it ¡
Por ahora la frontera se mantiene abierta y dentro de poco tengo previsto ir a Tegucigalpa para reunirme con la Oficina Técnica de Cooperación, así que quizás cumplo uno de mis sueños y me meto en el meollo hondureño al más puro estilo Kapuscinski.
Mientras tanto seguiré disfrutando de las bellezas guatemaltecas, de los volcanes encantados, lagos mágicos, burritos, quesadillas, tortillas de maíz y frijoles para comer, de destartalados pero alegremente coloreados autobuses, de la música en las calles, de los increíbles productos de los mercados locales, de palabrejas como ‘que onda guey?’, ‘cabal pues’, o la expresión que más me ha sorprendido hasta el momento, la que sueltas cuando viene el mesero (camarero) y le dices ‘ regáleme unos nachos con guacamol’ cuando regalar significa que te los traen y al final pagas la cuenta, curioso de verdad.
En definitiva, disfrutando de la sensación de salvaje libertad que me ofrece cada día este continente al que empiezo a acostumbrarme.
Y para despedirme unas fotitos robadas en los mercados artesanales locales, la gran bacanal del sincretismo.

La muerte en Guatemala, vivita y coleando

Caretas

Maximon, figura pagana camuflada durante el genecidio como Don Simon

La muerte con violin

Esta silla la quiero para mi
Muchos abrazos a la Vieja Europa.
En el Lago (Atitlán)
Hola a todos y todas,

Lago Atitlan y volcanes
Pues ya estoy otra vez en un nuevo escenario, esta vez coordinada centroamericana, guatemalteca, montañosa, con un hermoso lago y unos imponentes volcanes. Vivo en Panajachel, llamada también Gringotenango por la cantidad de guiris que recorren continuamente la Calle Santander, arteria principal y centro comercial, repleta de bonitas artesanias para extranjero que tan solo camino cuando no me queda más remedio.
Mi casa temporal es bien bonita, con tres habitaciones, una cocina americana, una terracita con vistas a los volcanes, rodeada de alambre de espino y guardas de seguridad donde solo pueden entrar gringitos cooperantes como yo o chapines (guatemaltecos) adinerados. Por ahora solo me planteo estar aquí unas semanas mientras busco algo menos elitista y más cercano a la gente de la calle. Comparto casa con Mercedes, una vasca que lleva aquí viviendo y trabajando largo tiempo. El fin de semana pasado conocí a la mayor parte del mundo cooperación que se asentó aquí después de que el huracán Mitch arrasara con esta parte del mundo. Gringotenango (o Panajachel) es el escenario de mi descanso contemplando el lago y relaciones sociales con gringos y gringas de diversa procedencia, pero a la hora de trabajar me lanzo a comunidades indíginas aisladas en medio de la exhuberante naturaleza por donde se abren especaculares carreteros de infame piso (la mayoria sin asfaltar y agrietados por las lluvias). La sensación de bajar por un camino de cabras en la caja de una pick-up extasiando la mirada con la belleza del paisaje y deleitando el olfato con los exquisitos aromas de la naturaleza húmeda compensa toda resaca dolorosa en el esqueleto. En las comunidades mucha miseria, muchas necesidades, pero también alegria y cultura maya de la que ya voy aprendiendo algo y de la que pronuncio alguna palabra en Kiché con la que niños y niñas se descojonan de la risa. Los proyectos son muy interesantes, soberania alimentaria y cohesión social, que buscan aportar las energias, conocimientos y capacidades para que la propia comunidad sea actora de su propio cambio. Pero mas alla de la voluntariosa actividad estos proyectos siguen supurando el mismo hedor a fracaso y mentira de la cooperacion al desarrollo, cuanta mas cooperacion mas miseria, cuanta mas ayuda al desarrollo de paises occidentales mas empresas de esos mismos paises abren oficinas en Guatemala.
Guatemala, o el estado fallido como la mayoria de cooperantes la llaman, sera el escenario principal de esta aventura, pero en breve partire a Honduras y El Salvador para abrir nuevos proyectos. Poco tiempo he podido dedicar a este blog en estas primeras dos semanas, mas trabajo me espera las siguientes, asi que mis intervenciones seran mucho menos frecuentes que en un pasado reciente, aunque intentare mantener esta ventana abierta, ya sea a base de fotografias.
Y algunas de ellas os dejo, las pocas que he podido tomar en los escasos momentos de relax disfrutados hasta el momento.
Abrazos a todos y todas,
Sergio

Calle de Antigua y volcan de Agua

Celebracion del Corpus Cristi en Panajachel

Celebrando el Corpus Cristi a lo indigena


El banano de las republicas bananeras

Mi compi Marian

Una flor local
Mismo vuelo, nuevos horizontes
‘Cuando me paro a reflexionar sobre mis viajes por el mundo, viajes que se han prolongado durante muchos, muchos años, a veces tengo la impresión de que las fronteras y los frentes, así como las penalidades y los peligros propios de estos viajes, me han producido menos inquietud que la incógnita, siempre presente y renovada a cada momento, de cómo transcurriría cada nuevo encuentro con los Otros, con esas personas extrañas con las que me toparía mientras seguía mi camino. Pues siempre supe que de ese encuentro dependería mucho, muchísimo, si no todo. Cada uno de ellos era una incógnita: ¿cómo empezaría?, ¿cómo transcurriría?, ¿en que acabaría?.
Ryszard Kapuscinski
Hace prácticamente un año decidí retomar el rumbo del viaje, el camino de la aventura, dejando en pausa durante un tiempo mi vida cotidiana. Es verdad que ya había viajado bastante, además de vivir en otros lugares, pero si algo le faltaba a mi historial aventurero era la aventura inédita, la experiencia en solitario. Lanzarme a lo desconocido con el único bagaje de lo que soy y de lo que siento, en busca de ese Otro que, una vez arribado a destino, ha resultado ser yo mismo.
Bosnia, Turquía, India, Nepal, Ecuador han sido los escenarios. Sus gentes incógnitas a despejar, espejos donde verme reflejado. Espejos donde resolver mis incógnitas. Nunca antes había sido tan consciente de ser quien soy, nunca antes había percibido tan nítidamente los confines de mi identidad. He viajado por tres continentes para saberlo, me he sumergido en mares profundos muy alejados de la mirada del más intrépido turista, me he manchado con realidades multicolor, he transgredido algunos de mis límites, he ido más allá, he descubierto y he vuelto a cubrir, he crecido con sufrimiento, comprendí el miedo a la soledad, me regalé en los verdaderos encuentros.
He aprendido infinitamente, se que aun queda mucho por aprender.
Un año después, saciado de un alimento que me faltaba, dejo sumergirse en el fondo de mi ser la figura del buscador, del curioso, del temeroso, del aventurero. Es hora de que otra figura retome el papel principal en el teatro de mi vida, figura que crecerá con la fuerza de los aprendizajes inequívocos, con el vigor de certezas encontradas en el camino, con la seguridad de conocerse mejor a si misma.
Llegó el momento de bajar el telón a este rincón del viaje mayúsculo, de las fronteras de todo tipo, de la experiencia vital.
Hasta que un nuevo motivo vuelva a despertar al tramoyista.
Y pongo punto final a este viaje con una frase de un personaje que me ha acompañado en algunos trayectos y que ha resultado ser un excelente compañero de andanzas, Ryszard Kapuscinski
‘Pero no sólo el viaje como forma de vida libremente elegida es infrecuente. También lo es la curiosidad por el mundo. La mayoría de la gente no la tiene’
Felices viajes.
Últimas miradas

A los Volcanes

A los verdes paisajes andinos

A los mares de bananos

Al misterio indígena

Al vuelo libre

A los momentos 'hamaca'

A los colores

A las sonrisas

A las charlas bajo la sombra de un árbol

Al trabajo hecho

A mis compis

A los buenos momentos compartidos

A los atardeceres en el Pacífico

A las noches de Guayaquil
No peito dos desafinados também bate um coraçao
Poco a poco el tiempo de las decisiones va quedando atrás y en el horizonte se vislumbran las borrosas siluetas de sus inevitables consecuencias. El perfil del vigésimo primer día de abril, luminoso e intermitente, se alza como un potente faro en la línea que separa el antes y el después. Ni en las jornadas claras y despejadas deja de verse, ni sucumbe a los días de temporal y de zozobra.
Llega el momento de las despedidas, de las primeras, de las que anticipan un adiós sereno antes de que los primeros temblores emocionales cubran el presente con su fuerza inevitable. Nombres futuros empiezan a aparecer dibujados en los labios de los que hasta ahora solo pronunciaban nombres pasados, personajes de historias remotas a las que estaba predestinado a pertenecer.
Matthew el gringo o Laura la canadiense, ¿quien será el personaje que escriba el siguiente capítulo?.
Mientras se desvela el secreto, vivo los últimos compases de esta historia descompasada que empezó al traspiés mucho antes de subirme a una máquina voladora con destino a un aeropuerto ecuatoriano, en el que suelo pensar, me está esperando la que me lleve de regreso.
Y es que esta ha sido una aventura desafinada.
Hay historias ciertas, historias nunca vividas, historias de otros, historias completas, pinceladas que hacen historia, historias sin pena y otras gloriosas a rabiar. Hay historias tranquilas, otras resultan turbulentas, pasionales, románticas. Las hay tristes, melancólicas, alegres, sonoras, misteriosas, lúcidas, nutritivas, devastadoras, reveladoras. Y las hay también huecas, frías, lánguidas, plenas, orgásmicas, celestiales. Historias de todas las texturas y colores al alcance de quien se atreva a vivirlas.
Y mi aventura ecuatoriana a la que aposté con mano temblorosa el último noviembre resultó amagar un compás desafinado. Nunca logré cuadrar los tiempos del metrónomo con la melodía que empecé a tararear instantes después de darle el ’si, quiero’ a esta incierta aventura.
Efímeros momentos afinados, acompasados, que me acompañaron las primeras semanas y que empezaron a descomponerse solo pisar la realidad final, la que me esperaba al otro lado de la decisión tomada. Ni los acordes que encontré me sonaron bien, ni yo supe, o no quise, tocarlos para entonar la melodía deseada.
Pero como sambea ricamente el magnifico Joao Gilberto
‘En el pecho de los desafinados también late un corazón‘
Y en el pecho de esta historia desafinada,definitivamente, late un corazón.
Y este corazón late al ritmo que marca la exuberante naturaleza que la rodea. Volcanes activos y dormidos, infinita selva, ríos, canoas, cocodrilos, amaneceres y atardeceres para deleitarse una y otra vez, playas desiertas donde encontrarse sin miedo a perderse, un océano infinito. Late al compás de la simpatía y la hospitalidad de la gente, siempre abiertas al contacto, cariñosas, sabrosonas, alegres incluso en la tristeza, sonrientes. Palpita al contacto con los deliciosos sabores de las frutas tropicales, mango, papaya, banano, guineo, maracuyá, mamey, servidas en un gran vaso troceadas y bien fresquitas, o batidas con o sin cremosa leche. Late dulcemente al compás del vacileo de las mulatas que regalan un espejo especial donde mirar a una mujer, sin prejuicios. Tararea ricamente al son de los ritmos tropicales que suenan en cualquier lugar y a cualquier hora, se balancea y se mueve en los animados viajes en autobús mientras el pasillo se llena de vendedores ambulantes cantando sus productos. Marca el paso caminando en mercados infinitos donde se vende de todo, vibra al contacto con la ilusión por una revolución posible. Se deleita degustando un sabroso ceviche después de un largo paseo por las insaciables calles de Guayaquil. Bombea al son de la historia colonial, de grandes haciendas cacaoteras, que luego fueron cafeteras para acabar siendo bananeras. Y late también ante la herida no cicatrizada de una cultura indígena fulminada por bárbaros conquistadores sin escrúpulos.
Y seguirá latiendo al ritmo tropical de la aventura vivida, por siempre y para siempre, con su cadencia desafinada pero cierta, real, irrepetible e inolvidable.
La nueva Suramérica
Hola a todos y todas,
La cuenta atrás está que hecha humo, llega la hora de las últimas miradas a este continente americano. Una de las cosas que voy a echar de menos va a ser el ambiente de ilusión, lucha y construcción de una nueva realidad latina en el continente Americano, algo que contrasta mucho con el apalanque globalizado en la Vieja Europa. Por supuesto solo he visto un pedacito de esto que llaman Revolución Ciudadana y que cada vez más pueblos lationamericanos apoyan y fomentan, pero ahora mismo Ecuador es un buen lugar para sentir este nuevo rugido de libertad.
En una agencia de información libre, que recomiendo a todo/a el/la que esté cansado/a de tragar siempre las mismas noticias en todos los periodicos y telediarios, www.rebelion.org , han publicado un articulo de Ignacio Ramonet, director del periodico progresista frances Le Monde Diplomatique, que creo resume perfectamente ese espiritu que tanto voy a añorar.
Con sus sabias palabras os dejo:
En El Salvador, la reciente victoria de Mauricio Funes, candidato del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN), tiene un triple significado. Por primera vez, la izquierda consigue arrebatarle el mando a la derecha dura que había dominado siempre este país desigual (el 0,3% de los salvadoreños acapara el 44% de la riqueza), con más de un tercio de los habitantes bajo el umbral de pobreza y otro tercio obligado a emigrar a Estados Unidos. Este éxito electoral demuestra, además, que el FMLN tuvo razón al abandonar, en 1992 y en el contexto del fin de la guerra fría, la opción guerrillera (después de un conflicto de doce años que causó 75.000 muertos), y al adoptar la vía del combate político y de las urnas. A estas alturas, en esta región, un movimiento guerrillero armado está fuera de lugar. Ese es el mensaje subliminal que transmite, en particular a las FARC de Colombia, esta victoria del FMLN. Por último, confirma que los vientos favorables a las izquierdas siguen soplando con fuerza en Suramérica (1). Desde la histórica victoria de Hugo Chávez en Venezuela hace diez años, que abrió el camino, y a pesar de las campañas de terror mediático, más de una decena de Presidentes progresistas han sido elegidos por voto popular con programas que anuncian transformaciones sociales de gran amplitud, redistribución más justa de la riqueza e integración política de los sectores sociales hasta entonces marginados o excluidos. Cuando en el resto del mundo, y muy particularmente en Europa, las izquierdas, alejadas de las clases populares y comprometidas con el modelo neoliberal causante de la crisis actual, parecen agotadas y desprovistas de ideas, en Suramérica, estimuladas por la poderosa energía del movimiento social, los nuevos socialistas del siglo XXI desbordan de creatividad política y social. Estamos asistiendo a un renacimiento, a una verdadera refundación de ese continente y al acto final de su emancipación, iniciada hace dos siglos por Simón Bolívar y los Libertadores. Aunque muchos europeos (hasta de izquierdas) lo sigan ignorando -a causa de la colosal muralla de mentiras que los grandes medios de comunicación han edificado para ocultarlo-, Suramérica se ha convertido en la región más progresista del planeta. Donde más cambios se están produciendo en favor de las clases populares y donde más reformas estructurales están siendo adoptadas para salir de la dependencia y del subdesarrollo. A partir de la experiencia de la Revolución Bolivariana de Venezuela, y con el impulso de los presidentes Evo Morales de Bolivia y Rafael Correa de Ecuador se ha producido un despertar de los pueblos indígenas. Asimismo, estos tres Estados se han dotado significativamente, por vía de referéndum, de nuevas Constituciones. Removida en sus cimientos por vientos de esperanza y de justicia, Suramérica ha dado también un rumbo nuevo al gran sueño de integración de los pueblos, no sólo de los mercados. Además del Mercosur, que agrupa a los 260 millones de habitantes de Brasil, Argentina, Paraguay, Uruguay y Venezuela, la realización más innovadora para favorecer la integración es la Alternativa Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA). Sus miembros han conseguido una estabilidad que les ha permitido consagrarse a la lucha contra la pobreza, la miseria, la marginalidad, el analfabetismo, para asegurar a los ciudadanos educación, salud, vivienda y empleo dignos. Han obtenido asimismo, gracias al proyecto Petrosur, una mayor cohesión energética y también un aumento significativo de su producción agrícola para avanzar hacia la soberanía alimentaria. Gracias a la creación del Banco del Sur y de una Zona Monetaria Común (ZMC), progresan igualmente hacia la creación de una moneda común cuyo nombre podría ser el sucre. Varios Gobiernos suramericanos dieron, el 9 de marzo pasado, un paso más que parecía inconcebible: decidieron constituir el Consejo de Defensa Suramericano (CDS), un organismo de cooperación militar creado a través de la Unión de Naciones Suramericanas (UNASUR), organización fundada en Brasilia en mayo de 2008. Gracias a estos recientes instrumentos de cooperación, la nueva Suramérica acude más unida que nunca a su gran cita con Estados Unidos en la Cumbre de las Américas que se celebra en Puerto España (Trinidad y Tobago) del 17 al 19 de abril. Allí, los mandatarios suramericanos debatirán con el nuevo presidente estadounidense, Barack Obama, quien expondrá su visión de las relaciones con sus vecinos del sur. En su reciente visita a Washington, el Presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, le pidió a Obama que levantase por completo el embargo económico contra Cuba, argumentando que es algo a lo que se oponen todos los países de la región. El pasado 11 de marzo, Washington había anunciado que los cubanoamericanos podrán visitar a quien deseen en la isla una vez al año y permanecer en ella tanto tiempo como quieran. Aunque durante su campaña electoral, Obama prometió mantener el embargo parece que se avecina una era de acercamiento entre La Habana y Washington. Ya era hora. Queda pendiente normalizar también las relaciones con Venezuela y Bolivia. Más ampliamente, Washington debe admitir que aquello del “patio trasero” pasó a la historia. Que los pueblos de Suramérica se han puesto en marcha. Y que, esta vez, no se detendrán.
Macondo existe (o el aprendiz de brujo)
‘………… porque las estirpes condenadas a cien años de soledad no tenían una segunda oportunidad en la tierra’
Así borra Gabriel García Marquez de la faz de la tierra a su imaginario Macondo, depositándolo suavemente en la vitrina de los lugares literarios para nunca olvidar. Pero ¿cuántos Macondos reales hay en Latinoamérica? Macondo no deja de ser la diáfana representación de la América profunda, de lugares que se mantiene aislados durante siglos y que los modernos avances y pensamientos no logran penetrar.
Vinces es un Macondo ecuatoriano. Estoy seguro que hay muchos más, pero no los conozco tan bien como el lugar donde llevo viviendo más de cuatro meses. No solo los Buendía, la saga que encarna el devenir de la historia, encuentran en Vinces su manisfestación de carne y hueso en los Aspiazu, el más grande y temido apellido vinceño, sino que todo el imaginario supersticioso, mojigato, rígido del mundo que da vida a Cien Años de Soledad encuentra un escenario insuperable en esta pequeña ciudad con alma de pueblo perdida en lo más profundo de la costa ecuatoriana.
Y yo, por supuesto, no he dejado de ser un personaje en la historia.
Poco después mi llegada a Vinces, sus gentes, aun desconocidas para mi, empezaron a pedirme si podría ofrecer consulta a alguno de sus problemas. Ciertamente, la gente local necesita urgentemente el desembarco de una brigada de mantenimiento psicológico, pero por lo visto, antes de mi llegada no existía esa figura. Solo la insinuación de mi profesión de psicólogo era motivo suficiente para que me contaran su vida en verso, en voz bajita, en plena calle. Y explicarles que yo no soy ese tipo de psicólogo, por supuesto, no servía de nada. El horno intelectual vinceño no está para diversificar las funciones de un psicólogo, un psicólogo es lo que es y punto pelota. Pero, ¿cómo interpreta Vinces, el Macondo de Ecuador, qué es un psicólogo?
Antes de contestar a esta pregunta me gustaría relatar algunos hechos acontecidos previamente, pues, antes de ser psicólogo (o el doctor español de la mente), fui padresito. Efectivamente, compañeros y compañeras de aventuras, mis primeros pasos vinceños fueron como padrecito, como curita. Largo tiempo estuve siéndolo a los ojos de los vinceños y las vinceñas. Y yo sin saberlo. Obviamente cuando me enteré por el comentario alcahuete de uno de mis compañeros de trabajo, me entró la urticaria retroactiva y pasé un par de días mirando a la gente directamente a los ojos con caras lascivas, malignas, luciféricas, para que les quedara bien claro que nada tenía que ver con la iglesia. Pero ser padresito solo era la máscara con la que disimulaban la certeza de que realmente, si yo era algo, sin duda alguna, era gay. (La historia va adquiriendo tintes de melodrama almodovariano, un padresito gay en medio de la nada ecuatoriana).
En ausencia de cines, bares, pubs, bibliotecas, lo único que se puede hacer en Vinces para ‘divertirse’ es dar vueltas a la manzana que constituye el destartalado centro de la ciudad, montado de paquete en una moto. No os exagero si os digo que pueden estar así más de dos horas, cada tarde al caer el sol, dando vueltas y más vueltas a la misma manzana, como si esas cuatro calles fueran una pasarela invisible donde se marca moto, donde ves y eres visto. Y si además la moto va tuneada con un occidental medio mareao, la vacilada es de órdago. Sin posibilidad de elección, me abandonaba al eterno paseo en moto, aunque solo fuera para disfrutar del agradable fresquito que se levantaba al paso de la máquina. Al cabo de una hora de trazar la misma circunferencia mis posaderas rogaban piedad, así como también mi propia identidad, ya que después de infinitas vueltas al mismo circuito empezaba a dudar incluso de quien era yo en realidad. Y durante esas interminables vueltas alrededor del mismo sitio iba yo de acompañante en la moto de un chico de Vinces, quien, sin yo saberlo, tenía fama en el pueblo de ser gay. Y ¿con quien puede ir un gay, de esos que contaminan su enfermedad, sino con otro gay? En los comadreos del dispensario médico de la parroquia se habló del tema, y al llegar a los oídos de las religiosas, éstas decidieron cambiar la potencial deriva perniciosa por una más santa y piadosa, haciendo correr el bulo de que yo era padresito. Obviamente yo no me enteré de nada, hasta que me explicaron la historia completa. Desde ese momento supe que era la noticia del año en Vinces e imaginé que a mis espaldas las gentes de este lugar rajaban sin piedad.
No he llegado a saber cómo empezaron a aparecer personas en el consultorio, sobretodo mujeres, preguntado por el doctor español. Yo sólo había atendido un par de casos que me habían pedido como favor, pero la potencia de Radio Patio es inconmensurable, así que rápidamente se corrió la voz de que había en Vinces un doctor de la cabeza. Cómo estábamos en época de vacaciones escolares y el tedio de mi día a día vinceño alcanzaba cotas insoportables, aderezado con un calor simplemente paralizante, decidí que como pasatiempo estaba bien aceptar las demandas y probar suerte durante unas semanas en el campo terapéutico.
Me costó entender porque solo venían una vez.
Yo les dejaba claro que un proceso terapéutico no se reducía a una sesión y que para cambiar cosas en sus vidas tenían que comprometerse a hacer un esfuerzo a largo plazo. Ellas asentían, me contaban sus vidas al mas puro estilo culebrón venezolano, yo intentaba centrar algún tema en medio de tal orgía logorreica, les pedía que pensaran durante la semana sobre lo que habíamos hablado y las citaba en siete días. No volví a ver a ninguna de ellas. No obstante, aparecían nuevas sin cesar. El dispensario parecía un MacAuto en pleno fin de semana, mujeres asomando la cabeza por la ventanilla pidiendo hablar con el doctor español. El ciclo terapéutico siguió la misma pauta, una consulta con descarga venezolana de calibre considerable, vuelva usted la semana que viene y si te he visto no me acuerdo. La verdad es que me importaba bien poco que no acudieran a la cita, para mi tan solo era un pasatiempo, pero me tenía mosqueado el hecho de que siempre se repitiera la misma escena. Hasta que me desvelaron otro de los misterios al que mi manía de no hablar de los demás me tenía cegado. Y es que tenía competencia. Efectivamente, compañeros y compañeras, había otro en la ciudad ofreciendo unos servicios parecidos a los míos. El brujo del pueblo. Tenemos formación y técnicas diferentes, pero la misma función, dar respuesta a preguntas y quitar el mal de espíritu. Yo hablo y él pasa los montes. Coge unas hierbas del campo y mediante un rito ancestral te quita los males de un plumazo. Sin comerlo ni beberlo, inocente de mi, me había convertido en la moderna competencia de un anciano brujo. En el pueblo se hablaba de las cualidades de uno y de otro. Probablemente me iré sin conocerlo. Me quedaré con las ganas de charlar con él para que me explique como se hace para que un muerto deje en paz de una vez por todas a una persona viva. Y aunque suene extraño, me siento honrado de haber sido, aunque sea solo en la corta distancia, sana competencia de un chamán.
Y así ha sido mi Macondo particular, así sigue siendo y así será hasta el cercano día en el que me suba al avión. Veo pasar ante mi personas que necesitan desahogarse de la presión del que dirán, que utilizan el espacio que les ofrezco para liberarse del peso del dedo acusador que señala la diferencia, del puño de la moral católica que lo aplasta todo en una masa uniforme y sumisa. Gentes que en la calle aparentan pura alegría y que en mi pequeño despacho destilan soledad por todos los poros de su piel. Porque como en el Macondo de Gabriel García Márquez, en Vinces, a pesar de las apariencias, hay gente que muere silenciosamente de soledad, una soledad atroz en medio de voces que critican, ojos que observan, inquisidores, oídos que deforman realidades, bocas que escupen hiel, dedos acusadores que señalan a otros para esconderse en las sombras de la cobardía.
Y como en Macondo, aquí el tiempo parece no transcurrir, parece retroceder cada día un poquito más, inexorable como una llama que se extingue, devorando al individuo para cagar sus despojos en una montaña de sumiso conformismo monocromo y espejos de apariencia pura.
Y parafraseando al autor de Cien Años de soledad, uno de los epitafios para mi aventura vinceña podría ser:
‘ ……….. porque las aventuras condenadas a cien años de soledad no tenían una segunda oportunidad en la tierra ‘
Viaje Kaput
Hola a todos y todas.
Lamentablemente no os voy a poder explicar un viaje de diez días por el hermoso Ecuador, el azar decidió poner ciertos obstáculos en el camino que han hecho encoger considerablemente el tiempo de la experiencia.
Aun así, hay cosas que contar.

Guayaquil
La aventura empezó con un viaje tempranero a Guayaquil, importante madrugón que tenía como objetivo ser uno de los primeros en conseguir billete de autobús a la costa. En pleno puente de Carnaval y con el mal estado de las carreteras que llevan hacía la Sierra debido a las lluvias torrenciales, la masa ávida de ocio, sol y playa decidió salir en tropel hacia mi mismo destino….. copiones ¡¡¡, ni que fueran de aquí ¡¡¡. En fin, finalmente fui de los primeros en la cola, efectivamente, pero de los primeros en quedarme sin billete. Cago en la pena negra, ¿y ahora que hago yo?. Pues me quedo en la capital del Guayas, me quedo en la sabrosona Guayaquil, donde la música está presente en cada centímetro de su piel. Poco a poco voy conociendo esta linda ciudad, simplona, si,

Vista del Malecon 2000
fea, un poquito, pero con mucho carácter, con gentes alegres y abiertas, bañada de cabo a rabo por ritmos tropicales que condimentan el ambiente a cualquier hora del día. Los lugares turísticos se pueden contar con los dedos de la mano y aun te sobran dos y el muñón. Se puede visitar La catedral, nada del otro mundo. Justito a sus pies el parque de las iguanas, curioso de verdad. Cuatro cuadras a la derecha la entrada principal al Malecón 2000, la joya de la corona y siguiendo el río hacía el norte, al final del paseo marítimo el colorido barrio de las Peñas. Esto es todo. El malecón es bonito, con sus agradables sombras y hermosas vistas al anchuroso río Guayas. Aunque para mi es el máximo

Las iguanas del parque de las iguanas
representante de las luces y sombras de esta ciudad. Por una parte puede que sea el lugar más moderno de todo Ecuador, donde los guayacos y guayacas de bien, además de algunos turistas, pasean sin cesar desde que el día nace hasta que el sol se sumerge en el horizonte del Océano Pacífico. Por otra parte puede que sea el lugar donde con más claridad se evidencia el abismo entre clases sociales característica de América Latina, ya que en todas sus entradas encontramos un cartel que reza ‘reservado el derecho de admisión’, y estamos hablando de un lugar público pagado con el dinero de guayacos y guayacas. Pero si eres uno o una de los que vive en las villas miseria del norte o del sur, si eres limpiabotas o vendedor ambulante, si eres transexual, gay o simplemente no encajas con el modelo de ciudadano/a de bien o de turista con 600 euros de cámara de fotos en mano, es más que probable que los amables guardas de seguridad te inviten a no poner tus pies en el fantástico y moderno Malecón 2000, que por tener, a parte de McDonalds y Burguer King, tiene hasta Imax. Un lugar público pero exclusivo, un bien común solo al alcance de la gente ‘bien’. Fiel reflejo del modelo político de la costa ecuatoriana, poder económico en manos de políticos de derecha ultraconservadora. Al final del paseo, un

Calle del Barrio de las Peñas
poquito después del Museo Antropológico, encontramos el barrio de las Peñas que descansa en una colina, en la cima de la cual encontramos un faro desde donde se divisa el largo y ancho río Guayas. Es un lugar alegre y de clase baja que está siendo transformado en un lugar que invite al turista a pasear, motivo por el cual en cada esquina (y no exagero) hay un guarda de seguridad. No se si en un futuro será la Disneylandia guayaquileña pero por ahora es una autentica gozada sentarte en unos de los bares a tomarte una Pilsener bien heladita dejándote llevar por los ritmos tropicales de la salsa y la bachata, acompañado de gente pobre, si, pero con la alegría en el cuerpo. Me recordó muchísimo al Barrio de la Boca de Buenos Aires. En Guayaquil paso yo casi todos mis fines de semana, mientras paseo, compro películas pirata a un dolarsito que milagrosamente funcionan siempre, investigo algún cd de salsa, bachata, rumba para ir ampliando mi colección musical y estudio la lengua croissant en la Alianza Francesa Guayaquileña. Guayaquil se ha convertido en mi puerta de salida de Vinces, mi ventana cosmopolita.
Y a su terminal de autobuses volví al día siguiente en busca del ansiado boleto hacía la playa. De nuevo madrugón infructífero, pues enseguida me di cuenta de que había gente parada justo en la puerta de entrada al edificio. O se había congelado el tiempo o es que era una cola más poderosa que la del día anterior. Lástima que el tiempo no se congele cuando tanto necesitas colarte sin ser visto. Sin posibilidad alguna de conseguir billete decidí volver a Vinces e intentar el ataque al billete dos días después. Efectivamente, al cabo de dos días, una vez diluidos totalmente los efectos de la salida masiva, me encontraba de nuevo en Guayaquil con mi boleto en el bolsillo, sin más problemas. O eso pensaba yo, ingenuo de mi. Como debía esperar unos 20 minutos a que saliera el bus opté por ir a sacar plata al cajero automático del Pichincha, mi banco ecuatoriano. Es curioso como buscas y rebuscas algo que has buscado y rebuscado una decena de veces, siempre con el mismo resultado, lo que buscas no se encuentra en el lugar donde debería estar, ni siquiera en los lugares donde no debería estar pero dónde, por un despiste, podría estar. Es decir, no quieres aceptar que lo has perdido, y en mi caso no era otra cosa que la tarjeta del banco. Con diez dolares en el bolsillo y la decepción en el ánimo decidí sentarme a tomar un café, mientras llamaba al Pichincha para anular la targeta, pedir otra nueva y decidir tomar una decisión, aunque en este caso la decisión ya me había tomado a mi, porque con unos pocos dolares en el bolsillo muy lejos no iba a llegar. Así que la decisión me tomó de la mano y me llevó de nuevo a Vinces, por segunda vez. Segunda batalla perdida, pero no la última.
El jueves mi encantadora tutora de francés, Bénédict, me escribió un correo para decirme que mi no menos encantadora profesora Rosa, no podría asistir a nuestro encuentro matinal del sábado. Y como siempre, si quieres, puedes encontrar una oportunidad en las contrariedades que se presentan, así que decidí volver a lanzarme a la carretera destino Puerto Lopez, a la playita. Y esta vez el exitazo fue tremendo. Hasta que no llegas a primera línea de mar, Puerto López no pasa de ser otra de las destartaladas andróminas que por aquí llaman pueblo. Calles sin asfaltar, charcos rodeados de polvo, cubículos sin ventanas y con

Mercado pesquero en la misma playa
hamacas, el hogar costeño. El malecón es algo diferente, representa un eslabón más en la evolución. Una calle medio ordenada, llena de restaurantes algo caros, chiringuitos ofreciendo todo tipo de batidos y combinados, música caribeña a un volumen inusualmente moderado, con el Océano Pacífico como preciso escenario de fondo. Esta diferencia representa la linea que divide el suelo pisado por turistas y el que no conoce la presencia bárbara. Puerto López es un sitio agradable, con gente agradable, con una playa espectacularmente larga y salvaje, un buen sitio para dejarse caer unos cuantos días, relajarse y descansar. En comparación con el lamentable estado de la costa Mediterránea, el litoral ecuatoriano es un simple y autentico paraíso. Playas largas, vírgenes, repleta de una fauna de autentico ensueño. Había leído sobre las Islas Galápago, las que tengo ahora más cerca que nunca, de la flora y fauna que inspiró a Darwin su teoría de la evolución. Si lo que he visto en Puerto López son solo los residuos de lo que se puede disfrutar 800 kilómetros mar adentro, solo me queda imaginar ese trocito de tierra insular como el paraíso en la tierra. En las fotos podréis observar tan

Pajarillos intentando enganchar un pescadito
solo un pequeño fragmento de lo que ha sido vivir en un fantasía bien real, deambular completamente hipnotizado en medio de lo Salvaje. Y no podía faltar el ansiado chapuzón. Contrariamente a lo que había pensado antes de darme mi primer baño ecuatoriano en el Pacífico el agua mantenía una temperatura bien agradable. En mi recuerdo se encontraba agazapada la sensación de frío de mi primer baño chileno en el Pacífico, una experiencia realmente helada. Nadar no es fácil en un mar inconmensurable con las olas mas altas que jamas

Playa en Puerto Lopez
antes haya visto, la costa ecuatoriana es zona surfera y por la sonrisa que llevan todos los amantes de la tabla multicolor no debe ser de las malas. Y si no llevas incorporada la surcadora de olas, mejor te quedas bien arrimadito a la orilla para evitar ser engullido por la resaca marina, bien quietito, cual garbanzo en remojo. En este pequeño paraíso pasé dos días de autentico relax, días que me invitaron a gastarme la buena pasta que vale ir, entrar y vivir unos días en las Galápagos, intuyo que puede ser una experiencia inolvidable. El lunes bien tempranito en la mañana salí a recorrer los 100 kilómetros de costa que me separaban de San Pablo, una zona playera más al sur donde me esperaban mis compis de trabajo que habían salido de Vinces para celebrar un cumpleaños. La vistas que contemplé a través de la ventanilla del autobús fueron simplemente deliciosas y confirmaron que pequeños paraísos aun son posibles en algunos rincones del mundo. Me apeé del bus en el extremo opuesto al que se encontraban mis compis. Otra playa larguísima que recorrer de punta a punta en medio de pequeños barcos de pesca tradicional que venden su fresca mercancía en la misma arena, aves de todo tipo sobrevolando mi cabeza y miríadas de cangrejos huyendo de mi rítmica pisada. El día transcurrió entre baños,

Con mis compis en remojo
charlas, partidillos de fútbol, y una buena ración de hamaca, a la que me estoy adaptando como un autentico campeón. Para comer un ceviche realmente delicioso. Por 4 dolarsitos un plato bien hondo lleno a rebosar de gambas y verduritas bien fresquitas. En Iberia, el mismo manjar debe cotizarse entre los 10 y los 20 euros, aquí sólo 3, con una materia prima de una frescura imposible de superar, del mar al plato tan solo distan unos 15 metros y unos pocos minutos. Faltaron los tragos pero la comitiva no acompañaba así que inhibí mi deseo de un mojito, caipiriña o equivalente y subí resignado al autobús. En el viaje de vuelta, una imagen de paraíso en mi conciencia y deseo de retorno en mi ánimo. Y hasta aquí mi viaje encogido pero bien disfrutado. El grande no ha desapareció en la mala ventura, sólo espera el momento propicio para manifestarse.
¿Quizás en las Galápago ?
Abrazos a todos y a todas en plena cuenta atrás desde la Mitad del Mundo.
Odiseo en Vinces
Uno de los últimos libros que leí antes de partir de viaje y que tubo algo que ver con mi decisión de volar rumbo a la Mitad del Mundo fue Viajes con Heródoto, de R. Kapucinski. El día que cumplí mis actuales y pronto perecederos treinta y tres años, Bernat y Arantxa, poco antes de salir de viaje a la India, pusieron en mi camino a ese periodista polaco al que desconocía absolutamente y al que ahora solo puedo agradecer haber conocido. Relata sus viajes como reportero por los conflictos de medio mundo llevando bajo su brazo a su inseparable compañero Heródoto.
Heródoto fue, ni más ni menos, el primer cronista de la historia, el primer historiador, allá por la Antigua Grecia en pañales, cuando el Imperio Persa se vanagloriaba de ser la gran potencia mundial, antes de que la incipiente civilización griega le bajara los humos en las Guerras Médicas. Este buen hombre de hace más de dos milenios, decidió un buen día salir andando de su acomodado hogar, acompañado de sus esclavos a conocer los pueblos que salpicaban el mundo, cuando el mundo era un espacio ilimitado que encerraba millones de incógnitas. Imaginad a este proto-aventurero, al primer personaje inquieto que abandonó su pequeño mundo conocido y seguro para lanzarse a descubrir un mundo totalmente nuevo, desconocido e imprevisible. En burro o andando, el séquito cruzó el límite de lo cierto para adentrarse en el inmenso e ilimitado espacio de lo incierto. ¿Serán los pueblos que conoceré hostiles o amigables?, ¿hablarán una lengua comprensible?, ¿podré comunicarme con ellos?. Y si todas estas preguntas tienen respuestas positivas en este pueblo al que voy a entrar, ¿será así en el siguiente?. La perfecta definición de la aventura de viajar, sin mapa ni Lonely Planet.
De este encuentro con el otro hablaré otro día si viene a cuento, pues en la mina Kapuncinski se esconden reflexiones que son verdaderos tesoros, autenticas brújulas del viajero, incluso de aquel o aquella que descansa apacible y felizmente en su hogareño sedentarismo .
Pero la razón de invocar a estos dos personajes inmensos es intentar establecer un pequeño y muy humilde paralelismo entre la aventura que voy afrontando y un compañero de viaje algo casual:
Os hablo de Odiseo, el de Homero, el de la Odisea.
Si hecho la mirada atrás no recuerdo la razón por la que ese libro entró en la muy limitada selección de lecturas que embutí en los muy escasos huecos del atillo viajero transoceánico. En todo caso no tuvo un sentido especial, por lo menos nada comparable al sentido que ha adquirido en mi aquí y ahora. Pocas veces me ha sucedido vivir una sincronía parecida entre mi experiencia vital y la narración de una historia realmente imaginada.
Después que la divinal Atenea incita a Telémaco a remover la historia de su desaparecido padre, surge la figura de Odiseo, sentado en una isla oteando el horizonte, triste, melancólico, añorando su tierra natal, su Itaca. Ni la compañía y amorosas atenciones de una linda ninfa, hija de Poseidón, dios olímpico, un buen partido, le cura la morriña. Él sabe donde quiere estar, él siente donde está la gente con la que quiere reposar su alma guerrera, él quiere regresar a su hogar. Muchas son las perrerías a las que los/as caprichosos/as dioses/as del Olimpo le han sometido, en especial el vengativo Poseidón a quien Odiseo ofendió profundamente al dejar ciego a su hijo el Ciclope que, tierno infante, solo quería comerse al desdichado viajero y a todos sus compañeros.
El héroe, sentado en esa playa, oteando el horizonte, no puede imaginar la cantidad de penalidades que aun deberá vivir hasta que la inestimable ayuda de la divinal Atenea, favorita de Zeus, y el mensajero Hermes le hagan arribar a su añorado puerto. Veinte años de penurias desde que salió rumbo a Troya de la mano de un amigo cuya mujer, la caprichosa Helena, decidió probar las virtudes troyanas. Si lo llega a saber yo creo que se queda a la sombra de una parra tomando la mediterránea sombra en la grata compañía de los suyos. Y ni aun pisando su amada tierra podrá el guerrero reposar puesto que se encuentra a la flor y nata itaquense devorando todos sus bienes mientras intentan levantarle a su hermosa mujer, Penélope. Ni descansar puede el pobre Odiseo que tiene que desenvainar el bronce y dar muerte a los cornúpetas zampabollos. Al final, cuando el final son las últimas lineas de la aventurera y dramática historia, y tan solo con el divinal beneplácito de Zeus, puede Odiseo reposar pacíficamente en su añorada tierra, a la vera de su amada gente.
Es tal el dramatismo concentrado a lo largo del relato que del inevitable cataclismo siento que nace la catarsis narrativa, la sensación del viaje interior. Es tal la exageración dramática, la hipérbole emocional de lo narrado que llega un momento en el que los personajes y escenarios dibujados pierden sus limites racionales y dan paso a figuras totalmente simbólicas, a escenarios sin espacio, a momentos sin tiempo. Las acciones dejan de sucederse para dar paso a un mundo de significados.
Y es desde esta ruptura de la realidad en la que me dejo reposar en el lugar de Odiseo, en esa isla lejana y extraña, añorando mi Itaca. Como el héroe griego, oteo el horizonte esperando divisar aunque sea una débil linea costera que indique la proximidad de mi hogar. Pero ninguna silueta aparece detrás de un horizonte absolutamente inundado por la inconmensurable forma del anchuroso océano. Y si me permitís la abusiva licencia literaria de borrar todos los avances tecnológicos que separan la antigua Grecia del moderno mundo y me concedéis la gracia de centrarme únicamente en la posición del observador ingenuo que tan solo posee el precioso recurso de la imaginación y el recuerdo para viajar en el espacio y el tiempo por caminos interiores rumbo al hogar, me podréis encontrar dibujando los confines de mi Itaca.
Allí se encuentra mi familia, mis padres, mi hermano, mi abuela, mis tíos y mi prima, sentados alrededor de una mediterránea mesa tan generosa en viandas como lo eran las de los anfitriones que acogieron a Odiseo en su periplo, celebrando cualquier excusa para compartir un momento. Desde la ventana veo una montaña muy particular, única, presidida por una virgen de un color discordante. Y a los pies de ese montón de piedras de orden artístico discurre un río en el que estoy seguro Odiseo hubiera saciado su sed de viajero pero que hoy le hubiera hecho desear volver al infierno troyano en busca de más digna muerte. Y en la zona baja de ese río descansa el valle donde habitan la mayoría de mis amigos y amigas, todos juntitos alrededor de la gran mesa cuadrada de una tetería en la que nadie bebe te, compartiendo risas, ilusiones y confidencias. El carro de hierro que pasa regularmente por su costado me transporta a una ciudad de contrastes que me fascina y enamora, donde el movimiento es puro placer, donde la civilización adquiere un significado prácticamente divino, donde la historia moderna descansa sobre el lecho de una historia ancestral, donde casi todo lo posible, sucede. Y en esa ciudad de bellas e insinuantes formas hay otra mesa donde sirven un delicioso pescado crudo, alrededor de la cual se sientan más amigos y amigas al calor de muchos buenos momentos compartidos en viajes y en posadas de templos del conocimiento. Al Oeste queda una tierra pura, un vergel donde el color de la fruta es patrimonio local indígena, a la que llamaré Buena Música, donde moran gentes especialmente acogedoras y en la que me apetece descansar. Al Sur pero no muy lejos, un pueblecito en lo alto de una montaña coronado por un castillo sin Más Allá, punto final, lugar de llegada y de reposo, donde habitan y juegan unos niños y niñas, que después fueron infantes para crecer y hacerse adolescente, para madurar y hacerse adultos, y que sospecho son los personajes de una de las más bonitas historias de amistad. Más al Sur, desierto y mar, música, bulla, gentes en la calle, vida, alegría no disimulada, tierra virtuosa en fragancias, sabores y arte, un agradable lugar donde sentarte con la gente a compartir, sin más. Y al Sur del Sur una República gobernada por un monarca en pelotas y la anárquica corte de descreídos/as y soñadores/as. Allí se encuentra un pequeño orificio por el que un día llegué a un lugar lejano, una tierra donde la raíz es profunda, donde el artificio no tiene lugar, donde las cosas son lo que son y donde la naturaleza se mira en su espejo para deleitarse con su hermosura. Tierra constantemente herida y constantemente cicatrizada, tierra de inviernos mágicos, de luchas y justicia. Una tierra imposible hecha realidad, un sueño que me enamoró para siempre.
Y en todos estos lugares, lechos en los que compartir encuentros y desencuentros, la magia del momento y el momento que se desvanece, ellas que decidieron que valía la pena un alto en el camino para sentir a flor de piel, para más tarde partir diciendo adiós o quedarse preguntándose porqué. Y en todos estos lugares, nuevos y bienvenidos habitantes, como la alada dama de las espadas y los cuentos, la camarada que un día quiso besar a Fidel, una Náyade luchando por ir más allá, el hormiguero de una torre de Babel desde donde se divisa un mar que forma parte de mi.
Y en una costa lejana sigo sentado, dibujando en la distancia mi particular Itaca, mi hogar, el lugar al que regresar y donde descansar mi alma de aventurero.
Me pregunto si el lugar que me cobija en la actualidad aparecerá algún día en ese dibujo, si estaré en una Itaca por ahora desconocida. Si los mangos, las papayas, los volcanes, la selva y sus gentes ampliaran los confines de mi hogar o serán simples lugares de paso, otro alto en el camino.
Lo cierto es que regreso, como Odiseo, a mi hogar. En Vinces no encontré mi particular Troya, ni siquiera compañeros/as de batalla, tampoco he podido dar con quijotescos gigantes contra los que luchar.
Sentado como Odiseo en la orilla de mi particular isla llamada Vinces, oteo el horizonte con el pecho henchido por el deseo del regreso.
Abrazos y besos,
Hasta pronto ¡
Elecciones Primarias en Vinces: Que relajo, flaco ¡
Hola a todos y todas,
Hacia ya días que no escribia nada por aquí, así que vamos con una de Elecciones Primarias en Vinces.
La Revolución Ciudadana en su máxima expresión, el gobierno del pueblo en pleno apogeo.
O al menos eso dicen por ahí.
Antes de explicaros mis vivencias de este fin de semana electoral os haré una brevisima introducción al politiqueo ecuatoriano.
Como a nivel cultural, a nivel político también existe una clara diferencia entre la Sierra encabezada por Quito y la Costa liderada por Guayaquil.
El liderazgo ideológico, la profundización en procesos democráticos y la cocina de la Revolución se encuentran en las calles de Quito. Debates, luchas, militancias, conciencia ciudadana se dirimen en la capital, el progreso y las esperanzas del país reside complemente en esa creciente dinámica ciudadana que la televisión estatal se encarga a diario de potenciar a base de programas de contenido pedagógico basado en los artículos de la constitución, un esfuerzo admirable.
Guayaquil y toda su área de influencia, que es la mía, representan el lastre del chantaje, del soborno, la compra de intereses y de alcaldías, del juego sucio, de la corrupción, del poder de unos pocos que compran a los demás, y si no se dejan comprar con un tiro entre ceja y ceja les pagan bien barata la vida. Guayaquil es la Marbella ecuatoriana de Gil y Gil, allá donde se pasean los poderes fácticos por su lindo y clasista malecón harto orgullosos de su impunidad, empachados de la grandeza que les otorga su fuerza. No por casualidad Guayaquil es el centro económico de Ecuador, la ciudad más rica, aunque esa riqueza se la distribuyan los cuatro de siempre, politicuchos del tres al cuarto, sucios banqueros y repugnantes empresarios, asesinos y corruptos. Guayaquil posee harto plata, tanta como miseria y pobreza.
Cada vez siento con más profundidad esa brecha que se abre al traspasar la linea imaginaria que se dibuja entre el tropical llano y los majestuosos Andes. En Vinces y la costa en general la campaña electoral se reduce a un carro con bachata a todo volumen anunciando las maravillas del candidato o la candidata en cuestión. Ni un mitin, ni un solo debate, ni una sola reunión ciudadana mínimamente politizada. Aquí todo el mundo tiene claro que su voto irá para quien más plata ofrezca y que ganará el candidato o candidata cuyo bolsillo más y mejor hayan llenado los poderes ocultos. Y nadie se escandaliza. Yo trabajo con uno de los candidatos a alcalde, el Doctor Magno Merchán, que pese a tener una mentalidad algo conservadora para la lista progresista que encabeza, me ha demostrado que defiende ideales y valores democráticos.
Y acá eso es mucho. Tanto como para que lo encañonen con una recortada a plena luz del día tan solo 48 antes de las elecciones. Pero a eso llegaremos un poquito más adelante.
Con esa imagen algo grotesca del proceso electoral en mi mente, viajaba yo este fin de semana pasado a Quito. Al otro lado de la Costa, en la Sierra. Allí, en su capital, encontré lo que me parecía tenía que ser el corazón de la Revolución Ciudadana de la nueva Constitución. Debates en las plazas, obras de teatro improvisado dando a conocer derechos y deberes, gentes con cartulinas preparadas en casa explicando a personas que escuchaba atentamente el porqué, hasta la fecha, Ecuador siempre ha vivido sometida a las decisiones de los grandes. Compitiendo con predicadores evangelistas que se pasean sin cesar por las calles con su micrófono y altavoz anunciando la llegada del Apocalipsis, estos voluntariosos juglares de la Revolución informan al pueblo de quienes son los extranjeros que deciden sobre sus vidas, que viendo lo precarias que son, poco les cuesta saber que les quieren bien poco. En las reuniones del lunes y martes todo el mundo hablaba de las elecciones primarias de la lista 35, del partido de Alianza País de Rafael Correa, de los impulsores de la Revolución Ciudadana. Una gran esperanza se ha instalado en el seno de organizaciones sociales que luchan por los derechos civiles, derechos que por fin una Constitución reconoce abiertamente y sin tapujos, aunque cuente con muy escasos recursos para materializarlos.
Con esa sensación de esperanza y deseos de lucha me lancé Andes abajo, de regreso a la calurosa costa, a Vinces y su proceso electoral. Nadie hablaba de política, tan solo qué candidato/a tenía más plata y quien tenía o no a un bananero como interesado guardaespaldas. En la costa es tan posible que una persona se presente por una lista totalmente conservadora como que a la elección siguiente se pase a la más progresista. Precisamente lo que ha pasado aquí. Como la lista 35 de Rafael Correa está de moda, todos los listillos de turno se han apuntado al carro. Aprovechados y aprovechadas que solo buscan la cresta de la ola sin importar que fuerzas son las que la impulsan y sostienen. Las encuestas populares a pie de calle daban ventaja al honesto Doctor Merchán, aunque todo el mundo era consciente de que representaba la candidatura más débil por no tener ningún apoyo de las grandes corporaciones bananeras de la zona. Era sabido quienes eran los que apoyaban a los otros dos candidatos, un hombre y una mujer, pertenecientes en la última elección a otra lista electoral pero que su olfato corrupto hizo abandonar en favor de la fuerza de la corriente popular. En el mismo ambiente fiestero de cualquier día normal en Vinces, pero con el añadido de la jarana articulada por los carros politiqueros, nos plantamos el viernes, último día de campaña. En ese momento demarró el festín de despropósitos que hacen merecedor a este lugar del calificativo serrano de salvajes costeños.
Por la mañana llega el Doctor Merchán explicándonos que el día anterior, cuando venía de visitar a unos campesinos de un recinto cercano, a plena luz, un grupo de encapuchados se plantan delante del carro apuntando con recortadas. Al Doctor le encañonan entre ceja y ceja, no le dicen ni una sola palabra. No se llevan ni un solo dólar, ni la radio, nada, tan solo unos viejos celulares sin valor alguno, pero con los que podían llamar a la policía. Los encapuchados se van. Acá lo decodifican rapidito, típica táctica mafiosa de los dueños de las bananeras. Saben que a la siguiente el silencio será roto por un disparo, como sucedió hace poco cuando asesinaron cerca de mi casa al presidente de una cooperativa de transportes por una cuestión de litigio de tierras colindantes a una bananera. El doctor Merchan nos dice que va a seguir luchando, que no le van a amedrentar, pero tiene mujer y tres hijos además de muy poca plata para pagarse los guardaespaldas que los otros dos candidatos lucen orgullosamente. Con algo de preocupación por la seguridad de nuestro compañero de trabajo nos plantamos el sábado, el día de reflexión.
A las 9 de la mañana en punto, la ultrapija y transfuga de múltiples listas Fanny Sotomayor, muy democráticamente saca a la calle la artillera pesada formada por carros, furgonetas, mototaxis y cualquier vehículo con equipo músical, por muy trapero que sea, vociferando su nombre a todo volumen. Como Pancho Avilés, el tercer candidato, no quiere perder comba contraataca con todas sus armas. Más jaleo y dos nombres inundando la ciudad. El Doctor Merchan se queja, nadie le hace caso. A nadie parece importar la violación de la jornada de reflexión, ven de una manera bien normal que las reglas del juego se rompan puesto que saben que el juego real no tiene reglas, solo obedece a la lógica de la plata y la bala. Salgo por la noche a tomar unos tragos con Watxo, Lorena y Tayron, les comparto mi estupefacción por la falta de rigor democrático. Como respuesta unas compasivas risas dedicadas al pobre ingenuo que tenían delante.
Amanece el día de las elecciones, domingo. Yo había quedado a las 9 para ir con Mayra a la clausura del curso escolar con el objetivo de conocer a algunos directores de escuela que me interesan para poner en marcha el proyecto de prevención de VIH/Sida. Pero antes acompaño a mi colega a sufragar. Tarda una media hora en saber donde tiene que pedir la papeleta y hacer valer su derecho de voto. Las colas en las urnas de cartón son de hombres y mujeres por separado. Pregunto el porque de esa absurda segregación de genero pero nadie tiene ni idea. Mayra por fin vota. Son prácticamente las diez. A las once de la mañana las elecciones se han cancelado, los colegios electorales cerrado, aunque nosotros no lo sabemos pues estamos sentados en la tribuna de honor junto a rectores y profesores de colegio viendo desfiles de bailes tradicionales y representaciones de sociodramas donde alumnas y alumnos actúan roles de valores sociales. Cuando salimos nos informan de los recientes sucesos. Por lo visto las irregularidades se estaban pasando de castaño oscuro y el Doctor Merchan encuentra pruebas evidentes de chantaje y corrupción en uno de los colegios electorales, así que pide a las autoridades que lo cierren. Cuando éstas comprueban las irregularidades clausuran esas urnas, momento en el cual la candidata Fanny Sotomayor decide lanzar un premeditado mitin autoproclamándose ganadora de las primarias por la lista 35 en Vinces. Las irregularidades apuntaban claramente hacia ella, pero su táctica de alzar la voz a base de megáfono y estruendosa bachata lo ensordece todo. Nos vamos a casa de las monjas a que nos expliquen el detalle de los hechos, que como no podría ser de otra forma, están sustentados en la más pura observación desde el balcón. El panorama parece claro, todo estaba perfectamente planificado desde un principio. Debía llegar el día de las elecciones, boicotearlas y lanzar una poderosa campaña autoproclamando a la candidata de los ricos y corruptos como ganadora. Justo su oficina de campaña está al lado del balcón donde nos encontrábamos y fuimos testigos presenciales de la llegada de cochazos y poderosos que entraban como Pedro por su casa, abrazándose a la candidata a quien poco importaba la cancelación de las elecciones y la espera de la supuesta decisión final del tribunal electoral. Unos pasitos más atrás estaban los trabajadores del ayuntamiento, rindiendo tributo y pleitesía a la que hace días se rumorea será la próxima alcaldesa allá por el mes de abril. Pero lo que más dolía de esta escenificación corrupta era ver a campesinos y campesinas sin calzado que venían caminando incluso dos horas desde los lejanos recintos campesinos a depositar su voto por su candidato/a de la lista 35, la de la Revolución Ciudadana, la de la esperanza de menos afortunados, sin saber que los de siempre, esos hijos de la gran puta, se habían meado hacía días sobre sus derechos y esperanzas en sus confortables haciendas rodeados de sabrosas bananas. Como la perspectiva del balcón agotó su capacidad informativa, bajamos a recolectar información en medio del jaleo. Delante de la oficina de la candidata corrupta encontramos a dos conocidos, trabajadores del ayuntamiento que esperaban pacientemente poder felicitar a la tramposa. Curiosos personajes que nos dicen no saber absolutamente nada de lo ocurrido. Uno de ellos es el conductor de la ambulancia municipal, ambulancia que hace meses se encuentra en el taller a expensas de que el ayuntamiento pague la reparación realizada. Preguntamos porque no se cancela la deuda y nos cuenta que el viernes llegó una partida de 240.000 dólares y que al día siguiente habían desaparecido completamente. Y lo decía sin ningún tipo de emoción, como el que habla de la lluvia del día anterior cuando ésta ha sido la misma de siempre. El hombre cobra 400 dolares mensuales, aquí un buen sueldo, y no se acerca al ayuntamiento ni por casualidad. La monja le llama parásito y él se ríe. Su compañero se descojona, otro funcionario que no pisa el ayuntamiento hace meses porque la impresora se quedó sin tinta. La monja les llama corruptos a los dos. Más risas.
En ese momento un carro bien lindo parquea en la puerta de la oficina. Baja el director de la surcursal Vinceña del Banco de Pichincha, banco ecuatoriano. Me cuenta la monja que pasó una temporada en la cárcel por extraer dinero de los depósitos bancarios para prestarlo a los mismo depositarios a unos intereses desorbitados. Pocos días en la celda confort dedicada a banqueros y otros ladrones de gaunte blanco, queda libre y recupera su puesto. Al cabo de unos minutos sale de la oficina de la mano de la tramposa y del Pelao Juarez, el bananero con más asesinatos a las espaldas. Se montan en el carro, arrancan y se van. En el corrillo se aproxima la cifra que ese grupito habrá pagado al tribunal electoral para que designe a la candidata como candidatura oficial a las próximas elecciones legislativas por la lista 35. El quorum popular es que ha habido relajo, cuando el relajo aquí es algo cotidiano y significa algo así como el sistema esta totalmente corrupto pero no hay porqué preocuparse .
La gente se dispersa.
Yo me quedo hablando con Marisol, la monja. Aun no puedo dar crédito a todo lo que he visto, no me alcanza el entendimiento y espero el The End que confirme que se trataba de pura ficción. Marisol me abre los ojos, lleva viviendo 13 años en Vinces y ha visto de todo. Me habla de la pobreza intelectual de las gentes de la costa, que más allá de la pobreza material, es la que lastra a esta tierra hace mucho tiempo. El gobierno de unos pocos poderosos, el miedo a las balas, el chantaje y la corrupción, hace que todo el mundo viva con la frente agachada, muda, despreocupada, dedicada a la fiesta y la gozadera, pasando al lado de bibliotecas clausuradas, viviendo en la miseria el día a día sin ni tan siquiera intuir la Revolución que a unos pocos quilómetros, miles de metros más arriba, en la seria y trabajadora Sierra, se está llevando a cabo.
Me fui a casa meditando sobre lo sucedido.
Antes de dormir abro el libro que actualmente me acompaña en las noches, una historia moderna de latinoamericana, bastante actualizada. En ella leo sobre el proceso de independencia de los diferentes países. En Ecuador, la independencia vive una primera fase donde los grandes terratenientes criollos del oro verde, el cacao, expulsan a los burócratas de la metrópolis con cierta facilidad, ya que España en esos momentos está en crisis. Para conseguir este fin no necesitan armar al pueblo, puesto que les resulta suficiente con un pequeño ejercito, así se garantizan tener mano de obra barata a la que explotar en su nuevo país independiente sin miedo a ninguna revuelta popular. Los primeros pasos del Ecuador Independiente, allá por el siglo XVIII se sustentan en la dictadura de unos pocos oligarcas criollos sobre la mayoría de la población. Cerré el libro pensando que Vinces y gran parte de la costa, todavía, en pleno siglo XXI no ha superado el XVIII. Que los grandes oligarcas bancarios y terratenientes continúan manteniendo un estado de semi-esclavitud sobre el pueblo a base de miedo e imposición de la fuerza. Antes de dormir una leve esperanza de que el tribunal electoral decrete algo justo,pero me invade la certeza de que soy el único iluso en todo Vinces.
Esta mañana de lunes, los periódicos traían en portada diferentes opiniones sobre el proceso. Los diarios conservadores, voceros de oligarcas, difundían en letras capitales el fracaso de las primarias de la lista 35, la de Rafael Correa, la de la Revolución Ciudadana. El periódico oficialista proclamaba el éxito de la consulta.
Esta misma mañana, mientras visitaba a enfermos de Sida en sus barracas, navegaba absorto entre las certezas que el proceso electoral había grabado en mi conciencia. Sabía que lo sucedido, no solo en Vinces, sino en la mayor parte de la Costa, formaba parte de una táctica premeditada de unos pocos poderosos desalmados que saben perfectamente que su victoria no pasa por ganar en las urnas sino por desacreditar el impulso revolucionario que está en marcha. Han intentado manchar la imagen de un proceso que garantiza e intenta hacer cumplir los derechos de los/las ciudadanos/as, derechos que los harán más libres y fuertes para cambiar la suerte de sus vidas. Cambio que no interesa a los oligarcas de las finanzas, la banana y la pistola, sedientos de mano de obra barata, en general niños a los que explotar hasta la extenuación mientras ellos se regalan suculentos festines conscientes de que la justicia corrupta es su más fiel huésped.
Pero sobretodo, en mi conciencia, he visto a esos campesinos y campesinas descalzos, con su papeleta en la mano afrontando otras dos horas de caminata de vuelta a sus casas de caña, a su vida de miseria, a su arroz hoy y arroz mañana, colgando de su pesado caminar el sello de la desilusión, de la ilusión rota, arrastrando su frustración por caminos que hace años corruptos politicuchos prometieron asfaltar y que continúan llenándose de lodo con las lluvias del invierno sin que nadie se acuerde de ellos, aislándoles varios meses de la civilización.
Por ellos y ellas, por las ilusiones rotas a manos de corruptos, por las ilusiones imperecederas, hoy más que nunca:
VIVA LA REVOLUCIÓN, CARAJO ¡