EL SINDROME DEL VIAJERO ETERNO

Categoría: América

MÉXICO, UN RINCÓN ESPECIAL EN MI MUNDO

Viajar es descubrir, es desvelar una incógnita que hasta ese momento se encontraba cubierta por una traslucida capa de conocimiento distante. Habitualmente, toda la información que coleccionamos antes de partir con el fin de dibujar apenas un caótico collage de aquel lugar en el que vamos a vivir la impredecible aventura de viajar, sirve de material para construir un preconcepto, una idea precocinada de ese transitoriamente opaco rincón del mundo. A menudo, esa visión apriorística sirve de puente, más o menos sólido, para conectar la realidad cotidiana con una realidad lejana, sumida en un bosque de luces y sombras. Una vez en la otra orilla, no siempre se produce un perfecto encaje entre la imagen elaborada a base de fotos de viajes ajenos, de opiniones en foros, de guías ojeadas, de mapas mil veces desplegados,  y la realidad recién contactada. No son pocas las veces en las que tienes que invertir tiempo en revisar tus notas mentales, en reeditar viejos discursos a medida que avanza tu experiencia en esas tierras. En estos reajustes, a pesar de no ser fáciles, siento que reside la verdadera experiencia de viajar, el verdadero aprendizaje, el motor del cambio, la fuente del crecimiento.

El resultado deseado de unas vacaciones es el descanso, el relax, quien sabe si disfrutar con fortuna de un gramo de vida tranquila. El resultado de viajar es el cambio, el replanteamiento de esquemas que si antes parecían ser las paredes maestras que soportaban nuestra identidad, una vez dejamos reposar la reciente experiencia viajera, sentimos como frágiles tabiques a punto de desmoronarse bajo los movimientos sísmicos provocados por los múltiples choques culturales vividos. Quienes amamos la experiencia del viaje, o quienes quizá simplemente la necesitamos para seguir inhalando profundas bocanadas de vida, sentimos que hay lugares donde esos movimientos sísmicos son mayores, esos choques culturales más potentes y enriquecedores, donde la posibilidad de replanteamientos, del cambio, de la mutación es prácticamente inagotable. Sabemos que una vez pongamos un pie sobre su piel, el pie con el que la dejemos atrás no pertenecerá a la misma persona.

Para mi, uno de los lugares donde la experiencia de viajar se encuentra en la estantería delicatessen, es México. Durante mis años centroamericanos, tuve la gran fortuna de conocer de una manera pausada, suave y  progresiva, como esa fina lluvia que cae sobre los campos, suficiente para hacer brotar el eterno ciclo natural de la vida, algunos rincones de este hermoso y misterioso país. Desde ese primer encuentro con Chiapas, la prolongación de la diversidad cultural de la Centroamérica en la que residía y que ya intenté plasmar en una entrada de este mismo blog, pasando por la visita a Oaxaca y sus manjares, su tequila y las cumbres de su Sierra Madre . Más tarde desembarqué en la península del Yucatán, más allá del enlatado turismo de Cancún, a la orilla de un mar caribeño donde la vida puede ser absolutamente deliciosa, repleta de fantásticas playas vírgenes bañadas por un mar azul turquesa, decoradas con infinidad de frutas tropicales servidas en embriagadores batidos, tierra sumergida en el delicado susurro de la vida al pasar. Viaje que continuó hacia el sur, hacia las profunda e inhóspita selva petenera, frontera con la vecina Guatemala, que esconde antiguos secretos de las civilizaciones que la habitaron en tiempos ya remotos. Civilizaciones como las que construyeron ciudades hoy sumidas en el silencio de los tiempos, como Teotihuacan, Mitla, Palenque, Kalakmul, y tantísimas otras. Y en cualquier parte, la apabullante expresión de una naturaleza insondable, y no importa donde, la vitalidad, el colorido, la musicalidad de una cultura magníficamente vital.

Pero el gran descubrimiento fue su capital, el Distrito Federal, esa mole urbana que aplasta su pasado sin conseguir ocultar el latir de su verdadero corazón, aquel que un vez llevó el nombre de Tenoctitlan, la capital mexica, hogar de aztecas y que ni los más arduos intentos de Hernán Cortés pudieron nunca borrar.  México Distrito Federal, o como se le conoce entre amigos, el DF, es uno de esos lugares donde deseo vivir una temporada para poder disfrutar de cada una de sus adorables incoherencias. Su contemplación me fascina como me fascina la contemplación de un cuadro de Dalí. No en vano, André Breton, uno de los grandes maestros del surrealismo declaró después de vivir unos meses en la capital que México era el único e inigualable país del surrealismo. La explosión de cultura en sus calles me fascina, me hipnotiza y me transporta a cada paso a realidades cuyo codificación necesito irresistiblemente descifrar. Mi mirada viajera en la capital de México se embriaga, se emborracha de sus aromas, de sus sorpresas inesperadas, de las habituales sonrisas de sus gentes, de la banda sonora que una música siempre presente y que, para quienes no entendemos la vida sin banda sonora, solo puede representar un regalo de los dioses. Miriadas de museos, algunos de ellos difíciles de entender usando una mirada convencional, de santuarios en honor a vírgenes imposibles, de  tiernos luchadores enmascarados cuyo único objetivo defender al débil, de puestos de deliciosa comida casera a pie de calle, de mercados a cada esquina vendiendo desde lo más necesario a lo más incomprensible,  la locura tan agobiante como emocionante de su subsuelo, los paseos por sus enormes parques, las conversaciones con sus siempre amables y agradables gentes. Todo esto y mucho más, hace que, para mi alma viajera, México y su capital resulten un elixir, un lugar donde siempre regresar y quien sabe si en un futuro una nueva residencia temporal en mi vida nómada.

La lectura de Pedro Páramo, la gran novela de Juan Rulfo, se me antoja la mejor forma de saborear el aroma de este gran país en la distancia, abrir las contraventanas de su portada y dejar penetrar en tus sentidos esa brisa preñada de las infinitas sensaciones e interrogantes, es la mejor manera de visitar y revisitar su alma siempre inquieta, poderosa y delicada.

Si algo representa México en mi devenir viajero es la posibilidad del replanteamiento constante de una realidad preconcebida, la crisis de los sistemas de pensamiento que ordenan el mundo según modelos, la sutil verdad del desorden y el caos, la perfecta comunión del esfuerzo por comprender y la delicia del sentir. Nunca una visita a esta tierra me dejó indiferente y siempre me enriqueció como viajero y como persona. Siento las tierras mexicanas como un rincón muy especial de mi mundo conocido, me siento a menudo eterno habitante de su particular y entrañable universo.

 

Varios viajes, de 2008 a 2012

 

 

 

 

 

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LOS DÍAS CENTROAMERICANOS (2008-2012)

Hace poco más de dos años que, sin ser apenas consciente de ello, puse punto final a mi pedacito de vida en América Central. Al menos a ese pedacito que contempló mi deambular vital entre 2008 y 2012.

Si mal no recuerdo era un mes de agosto de 2008 cuando aterrizaba en el Aeropuerto de la Aurora guatemalteco para coordinar, junto con organizaciones locales, proyectos  de desarrollo centrados en la soberanía alimentaria de comunidades indígenas del altiplano chapín. Y fue cuatro años más tarde, un julio de 2012 cuando embarcaba en el aeropuerto de Comalapa en un avión que, de momento, ha sido el último que me  ha transportado de un lado al otro del Atlántico, esta vez desde el Salvador, el paisito, el Pulgarcito de América, donde  había coordinado otros cuantos proyectos de cooperación internacional centrados en la igualdad de género. Y en el corazón de estos cuatro años transcurridos, infinidad, miriadas de movimientos por la geografía mesoamericana, desde los pequeños pero nutritivos desplazamientos a las profundidades de las comunidades originarias en altiplanos, selvas y costas, hasta los viajes a la contundente e enigmática historia de sus tierras.

Incluso ahora, escribiendo estas lineas, me embarga una fuerte emoción, un cóctel de melancolía y añoranza de los días pasados y de profunda alegría por la fortuna de haberlos vivido.

De esos días recuerdo la esbelta silueta de los volcanes que configuran la espina dorsal del alargado y prieto istmo centroamericano, los profundos bosques y selvas guatemaltecas y las amplias y luminosas llanuras nicaragüenses; de esos caudalosos ríos de aguas ora tranquilas ora turbulentas, siempre temibles, que configuran las venas y las arterias que riegan de vida esas latitudes y que alcanzan su máxima expresión en tierras costarricenses; de la frondosa vegetación que rompe a cada paso la piel de sus poco agraciadas ciudades, de las caóticas, ruidosas, peligrosas pero también intensas, inquietas, vitales San Salvador, Ciudad de Guatemala, Managua, Tegucigalpa, San José.  Y como olvidar la gran y profunda intensidad del infinito Océano Pacífico y las más quietas y cristalinas aguas caribeñas, hogar de esas enigmáticas, casi alienígenas, culturas garífunas, culturas de los esclavos parias del mundo que encontraron en la costa atlántica del centro de América su tierra prometida. Si cierro los ojos todavía puedo saborear la dulce textura del sincretismo cultural de esas tierras acostumbradas a adaptarse y readaptarse a tantos ocupantes bárbaros, la mezcla cultural solidificada en sus artesanías y los multicolores ropajes de sus comunidades originarias, de los Queqchi, Caqchiquel, Tzutuhil, Quiché y de tantas otras que cultivan sus tierras desde tiempos inmemoriales. De sus antiguas ciudades, una vez estandartes de grandes civilizaciones, como la Azteca, la Maya, la Tolteca, la Olmeca, hoy perdidas en el inquietante silencio de la enigmática selva. Y de esas otras ciudades, estas más modernas, que dan testimonio de la presencia ibérica en estas latitudes, ciudades como Antigua Guatemala, Granada o Suchitoto, cuyas calles y edificios recuerdan el urbanismo castellano y andaluz de la siempre polémica época colonial.

Y como no, de todas las personas con las que tuve la oportunidad de compartir los buenos, malos y regulares momentos vividos en esos días centroamericanos, aquellas que pusieron corazón y alma a esta tierra de profundos contrastes.

Por supuesto, entre esa cascada de recuerdos no puedo evitar encontrar también imágenes que hablan de la fealdad del alma humana, de la violencia y de la corrupción, del sufrimiento, la desilusión y la desesperanza.

Pero hoy, poco más de dos años de mi regreso a tierras europeas, navego mi mirada a través del vasto Océano en dirección a ese delicado y frágil cordel que une las Américas del Norte y del Sur, y este es el recuerdo que deseo tener, el recuerdo de aquellos paisajes y paisanajes de los que caí irremediablemente enamorado.

 

ÚLTIMAS MIRADAS A CENTROAMERICA

A la historia y la naturaleza

Al alegre colorido

A la riqueza de su iconografía

Y a sus personajes de leyenda

Al arte colonial

A su frescor

Y a su historia contada por los habituales terremotos

A los volcanes y sus nubladas cumbres

Y algunas veces despejadas

Al poderío de su actividad

A las culturas mayas

A sus rituales

A su historia

Grabada en los escalones de sus pirámides

En su lengua de glifos

En sus enigmáticos rostros

Y en sus libros esculpidos en pura piedraA los impresionantes regalos de la selva

A los cálidos atardeceres del Pacífico

A los deliciosos chapuzones en el Caribe

Y sobretodo a las personas ..........

que me acompañaron en este bonito viaje por Centroamerica.

Breves pinceladas chapinas III: El Salvaje Pacífico

Penúltimas miradas al Océano Pacifico antes de regresar a orillas del Mediterráneo. Mi ‘primera vez’ fue en Chile, en Viña del Mar, aunque no fue

Playita de Monterrico

completa, supongo que la inexperiencia y el nerviosismo jugó mala pasada, aunque también debió importar la gelidez de sus aguas. Tuve que esperar unas semanas a completar mi encuentro con las no muy amables olas de ese mar con nombre que invita a la calma. Arica, en el norte del país reunía las condiciones ideales para el primer chapuzón pacífico, aguas aproximadamente tranquilas y temperatura de líquido elemento casi agradable.

Tuvieron que pasar unos cuantos años para reencontrarme con éste infinito

Postales del Pacífico

mar, después de remojarme en otros también lejanos como el Índico. Viviendo en la costa de Ecuador, aunque no fuera en la misma orilla, era difícil no sentir el influjo y la atracción del viejo amigo, muy cerquita de las Galápago. Se hizo patente en nuestro reencuentro que la paz no era precisamente el principio fundamental que moviera sus olas y si bien las remojadas fueron posibles, de la misma manera fueron rápidas. Nadar entre miles de peces, nadar bajo miles de aves, caminar por la playa entre tortugas y cangrejos, todo es posible en un mar que reúne más vida en una de sus infinitas playas que en todo el perímetro del Mediterráneo. Playas por otro lado más propias para el disfrute del surfero que para pasatiempos del simple bañista.

Y como no hay dos sin tres, de nuevo a orillas del mal llamado Pacífico os escribo, aunque a estas alturas, a cuenta de mi familiaridad con él, me atrevo a cambiarle el apelativo por su antónimo, esto es, el Océano Salvaje.

Ya son unas cuantas las veces que he venido a pasar el fin de semana a Monterrico, solo dos horitas me separan de mi casita en Antigua, y, aunque en el altiplano me siento amo y señor de mis sensaciones, haber nacido a orillas de un mar tira más que una mula terca, así que la escasez de anestesiantes razones me ha impulsado repetidamente a pisar las volcánicas y negras arenas tropicales.

Como siempre el máximo placer resulta plantarme en la mera orilla, mojando mis pies al dulce mecer de las olas del mar, mientras admiro en la lejanía el siempre inalcanzable horizonte, perfectamente delineado entre el azul

Las olas del Pacífico

oscuro de un mar siempre agitado y el suave azul de un cielo permanente, eterno. Lástima que esta estampa Mediterránea o Caribeña, en el Océano Salvaje sea difícil de dibujar. Solo cinco minutos después de mi puesta en escena como admirador de horizontes, esta vez en coordenadas guatemaltecas, una inmensa e imprevista ola me puso mirando para Honduras. Si los humanos damos guantazos (al menos antes era así), el Océano Pacífico, mi Salvaje Océano, da ‘olazos’. No fue ni la primera ni la última vez que la salvaje marea me tumba y me pone mirando al cielo o comiendo oscura arena. Es habitual ver una hilera casi infinita de personas esperando en la orilla la llegada de la siguiente ola, de perfil y aguantando la respiración, como quien espera, con sobredosis de moral, resistir la envestida de un desbocado tren de mercancías. Cual partida de bolos, no en pocas ocasiones el marcador muestra un strike a la primera. A los niños y niñas les de una risa que no veas, a los padres y madres un poquito menos, el resto de los bañista ni se acercan. Por supuesto, nadie se atreve a experimentar las sensaciones de ir más allá de unos metros al interior de este salvaje mar que amedrenta el placer del baño hasta a los más inconscientes de los locales.

Nada que ver con mi siempre añorado ‘orinal mediterráneo’, aunque, como

Otro lindo atardecer en el Pacífico

no podrá ser de otra manera, llegado el cada vez más cercano momento del hasta luego a Guatemala y sus mares, ya estaré echando de menos que una de esas olas de ese salvaje mar me azote con su inconmensurable fuerza.

Un niño, pasando justo detrás de mi toalla, le preguntó a su madre con preclara ingenuidad infantil: ‘Mama, el mar nunca se acaba, verdad?’ y yo, tutelando su pregunta tan solo unos segundos y retando a los limites de mi prisión adulta, le respondí: ‘No hijo mio, el mar nunca se acaba, nunca’.  Al menos es lo que yo deseo en los más profundo de mi alma de aventurero, que eses mar, Salvaje o Pacífico y todos sus horizontes, aunque sean el mismo e indivisible, nunca acaben, nunca jamás.

Jugando en la playa

Jugando en la playa

Jugando en la playa

Jugando en la playa

La sombra del fotógrafo



Breves pinceladas chapinas II: Volcanes

A estas alturas son muchas las esencias de Latinoamerica que guardaré como oro en paño, conservadas en los irrompibles frasquitos de la memoria, esencias que servirán de energía a los alambiques del alma para crear las más bellas fragancias del recuerdo, una vez la experiencia americana se haya extinguido y tan solo quede la posibilidad de contemplar lo que fue a través de la venta de un presente que transcurre en un un lugar y un tiempo lejano.

Cráter del Volcán Pacaya

Una de esas esencias será la destilada de mis múltiples contactos con esos seres cónicos que en ocasiones duermen y en otras rugen como solo pueden hacerlo inmortales Dioses. Ya en Ecuador subí y bajé volcanes, los admiré en la distancia, les profesé un respeto reverencial, les tuve miedo, les di un espacio en mi vida. El Lago Atitlan me ofreció una de las más bellas estampas que el alma de un ser humano pueda gozar y en ella tres volcanes tienen protagonismo propio. Hoy vivo en Antigua y de nuevo tres volcanes me acompañan cada día, uno al Sur, el Volcán de Agua, dormidito y apacible, y dos al este, el durmiente Acatengango y el activo escupidor de lava Volcán de Fuego. Un poquito más apartado pero presente como cualquier otro el Pacaya, volcán que mira eternamente al mar Pacífico, también activo.

Si tuviera que definir que significado tiene para mi un volcán mi respuesta

Volcán de fuego escupiendo humo

sería una ventana invisible que te conecta a la incesante vida, a la eterna fuerza, a la enorme potencia que fluye bajo nuestros pies sin que nosotros, en la mayoría de casos, seamos conscientes de ello. Un volcán te enseña que no eres más que un ser que pasea por encima de una gran roca, que no eres más que la tierra que pisas, que estás aquí porque una porción de esa energía decidió darte la vida, una vida insignificante en el calendario de la evolución en la que la mayoría de esos gigante humeantes ha estado presentes desde su inicio, cuando todo empezó.

Rios de lava en el Pacaya

Cuando regrese a Europa, tan desnuda de pura naturaleza y volcanes, echaré de menos sentarme a admirar a esos eternos gigantes y sentir su energía susurándome al oído quien soy y porque estoy aquí. Y añoraré las noches de luna llena y cielo estrellado viendo al Volcán de Fuego escupir lava a borbotones, puro espectáculo de nuestra madre naturaleza, inimitables momentos que permanecerán para siempre grabados en mi memoria.

Breves pinceladas chapinas I: Sunpango o el Día de los Difuntos.

Pues eso, a falta de grandes banquetes viajeros, el 2010 empieza con unas tapitas guatemaltecas, esas de fin de semana, fugaces aunque apetitosas.

El día 1 de Noviembre, acá en Guatemala, la mara celebra, como en cualquier parte del mundo católico, el día de los difuntos. Aunque, en el fondo, nada que ver. Como todo lo que sucede en estas tierras, si algo suena a tradición nunca debes olvidar una palabra, sincretismo. La Real Academia de la Lengua Española define este termino como sistema filosófico que trata de conciliar doctrinas diferentes. Desconozco quien es el autor de esta definición pero a huevos se inspiró en algo muy parecido a Guatemala. Agarrás dos culturas, la maya pobladora de estas tierras desde hace unos 6000 años y la católica impuesta a hierro a partir de 1492, las conciliais en un sincret (juas ¡) y obteneis el apasionante, desconcertante, alucinante, extrabagante, sincretismo chapín.

Festival de Sunpango

Y el festival de Sunpango es uno de los mejores momentos para disfrutar de él. Así que Julien, Natalia y un servidor, junto a unos amigos de nuestro común amigo Pedro, nos lanzamos cámara en mano a cononcer la celebración.

Barriletes (cometas) por todos los lados, grandes, medianos, pequeños, de todos los colores y para todos los gustos, surcan el cielo cenizo. Cientos, miles navegan en el inmenso espacio que hay entre la tierra y el cielo. Cuenta la leyenda que los antiguos pueblos maya elaboraban sus propios barriletes para comunicarse con los difuntos, la

Datelle de un barrilete

cometa encarnaba el vehiculo por el cual los vivos hablaban, en el silencio de un vuelo sin motor, con sus seres queridos, los que ya no están en este mundo nuestro. Colorido, movimiento, música, risas, la nueva vida que crece en formas infantiles corretea sin parar entre los vendedores ambulantes de cualquier cosa que puedieras necesitar si te conformas con poco pero sabroso. Y para colmo un concurso de barriletes gigantes amenizado por una orquesta de marimba, gente bailando ………………. donde está la tristeza? donde la amargura? donde el duelo? donde el pesado, lugubre, barroco ambiente del 1 de Noviembre católico? ……….. pues como no esté en el cementeriooooo ………… Así que agarramos el sendero del

Tumbas decoradas

camposanto albergando en nuestra intimidad el temor y la congoja del que se va a infiltrar en el dolor ajeno, el que va a fisgonear en el llanto personal e intransferible, el voyeur de la tristeza ajena. Primeros pasos dubitativos ……. seremos bien recibidos? Demasiado ajetreo, demasiado colorido, demasiado sonido ambiente ………. enseguida nos sumergimos en una ambiente cuasi festivo, donde las familias preparan un picnic para pasar el día alrededor de la tumba de su ser o seres queridos. Tumbas decoradas con puntiaguadas hojas verdes de pino, anaranjadas flores y blanca cal. Nos acercamos a una de las reuniones familiares, timoratos, ansiando averiguar que se cuece en este extraño celebrar el día de

El día de los difuntos

los difuntos. Como repuesta recibimos un refresco y algunos manjares que se preparan especialmente para este día. Nuestro interrogante tiene una fácil respuesta, viene la familia al completo a pasar el día con los difuntos y vuelan barriletes (cometas) para comunicarse con ellos, así, tan simple, sin más. Y resultó una delicia seguir paseando por el hermoso y alegre camposanto el día que se recuerda a los que ya no están entre nosotros pero siguen presentes.

Si muero mañana, por favor, que se derramen las lágrimas indispensables, que se ensombrezcan los rostros el instante necesario, que el amargo trago sea breve, y sin un segundo que perder, volad cometas, pintad el lugar con los colores que os alegran el alma, disfrutad sabrosos manajares,

nos encontraremos en la alegría.

FELIZ AÑO DESDE GUATEMALA

Chamanes de algunas culturas ancestrales que pueblan las tierras donde voy a cruzar la frontera de un nuevo año cristiano, ofrecen una visión genuina sobre la vida y la muerte. Cuentan que cada uno/a de nosotros/as lleva un/a  guerrero/a en su interior, un luchador o una luchadora que afronta la vida a su manera, con su equipaje de serie, con sus habilidades y sus capacidades. Este guerrero interior no tiene mucho que ver con la violencia ni la imposición sobre otros, más bien dibuja a la persona que busca, que anhela conocimientos y sabiduria, que aprende y hace crecer su espacio interior. Este crecimiento marca el camino de la vida, que transcurre entre ‘paisajes’ conocidos y otros que no lo son y que esperan ser descubiertos, entre sabiduria e ignorancia, entre luz y oscuridad. De estas experiencias va surgiendo un baile personal que representa nuestra vida, un movimiento particular que nos define, la danza de nuestra vida. Cuentan también que un día, cuando hayamos cumplido nuestro ciclo en este mundo, la parca vendrá a buscarnos , tocará nuestro hombro derecho y, al girar nuestra cabeza para descubrir quien nos reclama, nos encontraremos con sus ojos y de ese encuentro de miradas sabremos que ha llegado nuestro último instante. La paciente e inmortal parca, si hemos sido merecedores de tal privilegio, nos permitirá danzar nuestra vida, bailar ante sus ojos nuestra esencia, lo que hemos sido en el camino del vivir.

Suelo pensar en como sería mi danza, la representación de mi vida, y, a pesar de todo lo que me queda por vivir, sea mucho o poco, siento que tendrá mucho que ver con el mito del viaje, con el viajero atemporal, con la mirada clavada en el lejano horizonte.

Quizás cruzar el puente entre uno de nuestros años cristianos y el que le sucede sea el momento en el que hacemos balance de nuestras vidas, cuando ampliamos, en intesidades variables, nuestra mirada interior. Y quizá sea ese momento, en el que una año acaba y otro empieza, cuando más en contacto estemos con esa danza personal, con ese baile genuino e inimitable, con la esencia de nuestra existencia.

Os deseo la más bellas danzas,

FELIZ 2010

CHIAPAS

Hola a todos y todas,

Esto es un no parar viajero¡ (os juro que trabajo, aunque no lo parezca).

La brujula del viajero marca Norte, San Cristobal de las Casas, Chiapas, México.

Compañia madrileña y vasca, Natalia y Jon, dos compis de la cooperación ibérica.

Edificios de colores

Edificios de colores

San Cristobal es una ciudad bien bonita, asombrosamente fria para el clima centroamericano, mezcla de cultura indígena con un ambiente bien cosmopolita. La verdad es que se nota bastante el cruce de frontera entre Guatemala y Mexico, ya que Antigua y San Cristobal son muy parecidas en todos los aspectos, solo se diferencian en que Antigua está muy orientada al turismo y es prácticamente inaccesible al bolsillo de los locales con lo que el ambiente que se respira es básicamente guiri, mientras que San Cristobal conserva mucho mejor y más vivo su carácter e identidad a pesar del turismo.  En los primeros paseos conocimos a unas catalanas que nos recomedaron un garito, el Revolución, antro que nos enamoró por completo. Ambiente alegre y abierto, DJ nivelazo cinco estrellas y música en

Iglesias de colores

Iglesias de colores

directo de buenísima calidad. La primera noche, concierto de un grupo francés que llevaban trompeta,  acordeón, clarinete, guitarra, percusión y voz, que se marcaron temas tanto franceses como españoles y mexicanos con un rollazo que quitaba el sentido. Durante este concierto hice realidad uno de esos pensamientos tontos que, un día, por azar del destino, se acaban cumpliendo. Remontándome a las juergas que nos regalábamos con 18 añitos en el Plataforma de Barcelona, recuerdo que cada vez que sonaba el tema Gimme the Power de la banda mexicana Molotov todo el personal se desgañitaba gritando VIVA MEXICO, CABRONES ¡¡¡¡¡. Era uno de los momentos álgidos de la noche y mi mente de viajero no podía, ni quería, dejar de imaginarse como debía ser ese preciso

Revolución de colores

Revolución de colores

instante pero en el mismísimo Mexico. Pues la fortuna desplego ante mis sentidos es momento muchos años después, en mi primera noche chicana. Los francesitos del acordeón se arrancarón con los acordes y la mara se puso madre, un chavo se anímo, agarró el micro y pendejeó rapeando hasta que llego el chingón VIVA MEXICO CABRONES ¡¡¡¡¡, ijole, la mara lo sacó de las pinches tripas, que chigón fue, se sintió el power mexicano hasta en Chihuaha. La campanilla todavía me recuerda el grito que pegué, pero os aseguro que ni yo mismo lo pude oir, tan intenso fue el grito colectivo. Puede sonar a tontería, pero puse otra cruz en esas cosas tontas que me gustaría hacer antes de agotar mi existencia.

Con el gustito en el cuerpo nos fuimos a dormir, ya que al día siguiente tocaba madrugón para ir a visitar las ruinas mayas de Palenque y unos lagos que nos habían recomendado encarecidamente.

Pero la malahora se cruzó en nuestro camino en forma de desprendimiento. Unas

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El derrumbe

tres horas después de salir de San Cristobal nos vimos atrapados en una carretera bloqueada por una montaña que había decidido descender por su misma ladera. Los augurios no eran buenos la noche anterior cuando nos comentaron que se esperaba la llegada de un huracán en las próximas horas. Y el huracán llegó, debilitado pero peleón, con la suficiente fuerza e intensidad como para cortar toda una carretera. De todas maneras hubiera sido difícil visitar unas ruinas en pleno diluvio universal, así que todos los que ibamos en la furgo nos lo tomamos con bastante filosofia. Las primeras miradas, los primeros comentarios en voz alta, los primeros tanteos de posibles alternativas adaptadas a las necesidades de cada grupo fueron los detonantes de un buen rollito que se generó dentro de la furgoneta de la que solo podíamos salir en contados momentos. La verdad es que se generó una buena onda bellísima y nos echamos unas risas bien sanas en honor a nuestra mala suerte. El resultado final fue la decisión de olvidarnos de los lagos y visitar unas ruinas mayas más modestas pero más cercanas, así, si nos mojábamos de pies a cabeza estaríamos mucho más cerquita de nuestros albergues. Y la malahora concluyó que ya había gozado bastante con lo que llevabamos de día así que al llegar a las ruinas de Toniná solo unas pocas gotas nos hicieron temer lo peor. Como el lugar estaba inmerso en un silencio místico especial, me ahorro las palabras os dejo una ristra de fotos para que disfrutéis de las bellas postales.

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Ruinas mayas de Tonina

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El rey Garra de Leopardo (o Cabeza de Serpiente)

Casita maya

Casita maya

Interiores mayas

Interiores mayas

El huracán maya

El huracán maya

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Con Natalia y Jon

Bonitos momentos en el corazón del mundo Maya. Y no serán los últimos. Pero ya nos sentiamos satisfechos de haber sacado como mínimo un par de fotos en un día totalmente gris y lluvioso al estilo tropical. Además, en San Cristobal nos esperaba el Revolución con promesas de buena música y mejor ambiente. Y las promesas se cumplieron. Un conciertazo de un cuarteto de jazz-funk y un trabajillo menor del grupo de rock que le precedió. Y el ambiente como cada noche, genial. Que chido el Revolución, si pasáis algún día por San Cristobal no dejéis de echaros unas Coronas y escuchar buena música.

En fin, al día siguiente de nuevo madrugón, pero esta vez para ir a visitar uno

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Emiliano Zapata

de los Municipios Autonomos Zapatistas, o Caracoles, que salpican la Sierra de Chiapas. Haciendo un poco de historia rápida, el 1 de enero de 1994, debido a las multiples injusticias que azotan hace siglos a los campesinos y campesinas del agro centroamericano, el Ejercito Zapatista de Liberación Nacional tomó a punta de fusil San Cristobal de las Casas, expulsando temporalmente al ejercito federal que al parecer había estado celebrando el fin de año a tequilazo vivo. La idea era, y continua siendo, la liberación del campesinado chiapaneco de las presiones de su gobierno y del expolio de sus tierras al que estaba siendo sometido, amen del incremento

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Caracol Zapatista

vertiginoso de la pobreza debida a la introducción en los mercados locales de mares de maiz transgénico gringo a precios de risa con el que el producto local no podía competir. Vieja historia centroamericana, gobiernos vendidos a los EEUU en forma de acuerdos de libre comercio, y gringos entrando de su historico patio trasero pasando por encima de las condiciones de vida de la gente que, además, debían morirse de hambre en silencio si no querían que les enviaran uno de los persuasores de la Escuela de las Americas, y los hicieran desaparecer. Pero no siempre el pueblo traga, y en muchas ocasiones se juega la vida por defender lo único que les queda, su dignidad. Y respaldandolos siempre habrá algún movimiento guerrillero, como sucedió en Cuba, en el Salvador o en Nicaragua. Allá donde triunfa una Revolución siempre existen unas condiciones de vida tan sumamente lamentables entre el pueblo, pueblo que debe tragar con el sometimiento al que sus propios gobiernos lo condenan,

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Casa del Buen Gobierno

que no queda otra opción que lanzarse al monte a pegar tiros. Ya me lo decía el compañero troskista Andrés en la Habana, una Revolución, si es verdadera, solo se hace a tiros ¡. Y así es como se hizo en Chiapas. Desde el ’94 la Revolución Zapatista ha ido pasando por diversos momentos, algunos de lucha armada, otros de reivindicativas marchas pacíficas, y actualmente de trabajo de fortalecimiento de las comunidades indígenas que se declararon autónomas y que viven al margen del estado federal de Mexico.

Y allá nos plantamos nosotros, en el Caracol Oventik, el más cercano y más facilmente accesible de toda la zona. En la entrada nos esperaban dos mujeres encapuchadas que muy amablemente nos pidieron los pasaportes y

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Escuela autónoma zapatista

nos acompañaron hasta una casita de madera donde esperaban dos hombres también encampuchados que nos ofrecieron, también muy amablemente, asiento. Después de preguntarnos algunos datos y el motivo de nuestra visita nos acompañaron a la puerta del Consejo de Buen Gobierno Municipal. Allá, campesinos y campesinas en perfecta equidad de género nos invitaron a hacer las preguntas que nos pareciera, a las que, de nuevo muy amablemente, nos contestaron dentro de sus posibilidades. No entro en la conversación porque

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Oficina por la Dignidad de las Mujeres

sería alargar demasiado la entrada que ya va siendo larga, pero os aseguro que fue muy interesante. Después de la despedida nos lanzamos a conocer el Caracol, sus escuelas comunitarias, su hospital comunitario, su Casa de la mujer, y un largo etcetera de espacios que hacen de este rinconcito del mundo un ejemplo vivo para muchas de los Estados que se declaran pro-todoloposible  pero luego no concretan absolutamente nada.

Una autentica lección de participación ciudadana, de autogestion, de compromiso, de responsabilidad social, de alternativa vivita y coleante al sistema imperialista capitalista, en definitiva, de Revolución Socialista al estilo americano.

Y hasta acá mi visita a Chiapas, cortita pero intensa y cargada de imaganes para el recuerdo.

Os dejo alguna fotillo más, que esta vez la cámara vino bien nutrida.

Abrazos desde el corazón del mundo Maya.

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En el corazón de la revolución zapatista.

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Mural zapatista

colorido

Mural Zapatista

Mural Zapatista

Mural zapatista

Pueblo maya, descendientes de maiz.

Pueblo maya, descendientes de maiz.

Mural zapatista

Mural zapatista

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Educación zapatista

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Mural zapatista

VARADOS EN VARADERO

Aun con las buenas sensaciones que nos había dejado la ciudad de Santa Clara, nos dirigimos a un destino, cuanto menos, curioso.

Varadero.

Nuestra intención original era pasar mis últimos tres días en Cayo Brujas, según los entendidos un aténtico paraiso donde prácticar el buceo. No había otra manera de llegar que con un tour operador, así que el lunes a primera hora nos lanzamos a la agencia de viajes para embarcarnos en una camioneta rumbo al paraiso submarino. Pero malas noticias nos esperaban. Estábamos en temporada baja y si no se llenaba la excursión con un mínimo de viajeros, la camioneta no salía. Y así ocurrió.

Única alternativa: Varadero.

Fuera por no complicarnos la vida, por pereza o simplemente por interés antropológico, decidimos pasar un par de días en ese lugar donde, por mi forma de viajar y de ver las cosas, nunca hubiera creido caer.

Creo que el nombre Varedero viene de su naturaleza de península arenosa que se extiende bien al interior del mar, fuera del perímetro de la isla. Supongo que en la antiguedad los barcos, si no iban con cuidado, varaban en esa larga lengua de tierra, se quedaban atascados entre sus finas y pantanosas arenas. De ahí debe venir su nombre. Aunque no solo barcos varan en sus costas. Hordas de personas, sobretodo occidentales, llegan acá para hundirse plácidamente en sus playas, sin importarles un carajo lo que sucede en el resto de la Isla. Sol, playa, música caribeña, pulseritas de colores y todo incluido, nada más hay en Varadero. Absolutamente nada. Nada que  recuerde que estás en Cuba salvo las artesanías y cuatro cosas más.

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Arte callejero (Santa Clara)

De todas maneras la visita no fue esteril para esta mirada discreta puesto que, afortunadamente, nos alojamos en el hotel más barato del istmo, precisamente donde acude la alta sociedad cubana. Una familia cubana que se pueda permitir pagar en divisas el hotel más barato de Varadero es lo más parecido a la aristocracia isleña. Gente con negocios orientados al turísta o las pocas personas que reciben remesas económicas, cosntituyen la minoría que tiene acceso a divisas y que por tanto puede pagar servicios turísticos. Recordemos que el salario medio en Cuba es de 10 dólares/mes, mientras que una sola noche en el hotel más barato cuesta unos 20 CUC (22 dólares). Una noche significa más de dos meses íntegros de salario.

Para que os hagais una idea, la mujer del Camarada Troskista Andrés cobraba

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Arte callejero (Santa Clara)

como pensión 200 CUP, que convertido a divisa nos dan 8 CUC, el equivalente a 8 dólares aproximadamente. Al mes. Imaginad cuantos cubanas y cubanos pueden pasar una noche de hotel. Puntualizar que por muy revolucionaria e igualitaria que sea la sociedad cubana, la testosterona hace estragos como en cualquier otro lugar, así que el machismo institucional hace que mujeres cobren la mitad de pensión que los hombres. En Cuba es difícil encontrar miseria, mucho más que en Guatemala, por ejemplo, pero cuando la encuentras, siempre tiene rostro de mujer.

Pues con la clase privilegiada pasamos ese par de días y fue curioso confirmar que, incluso en un país 100% socialista, las personas tienen tendencia a diferenciarse de los demás en cuanto tocan algo de plata. No creais que las diferencias eran materiales, para nada. Por poneros un ejemplo, el buffé libre del hotel consistía todos y cada uno de los días en exactamente la misma comida, los mismos ingredientes. El primer plato consistía en apio, zanahoria, pepino y remolacha. Las combinaciones entre

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Arte callejero (Santa Clara)

estos ingredientes, la forma de cortalos, la mezcla de colores, la disposición de las bandejas, simplemente pretendían disimular el hecho de que no había más que apio, zanahoria, pepino y remolacha, para desayunar, para almorzar y para cenar todos y cada uno de los días. Y los privilegiados allá presentes aceptaban de buen grado el engaño perceptivo y lo acompañaban con unos modales a la altura.

Todo tenía un aire Chic, a la cubana. Curioso de verdad.

En definitiva, Varadero es uno de esos lugares, como lo pueden ser Lloret de Mar, Salou, Benidorm en el Mediterraneo, nacidos para no pertenecer a ningún lugar en concreto, un espacio tan impersonal como el aeropuerto donde se cruzan gentes de diferentes lugares que nunca llegarán a conocerse, ni les importará de donde viene y donde van el resto de seres humanos que deambulan a su alrededor. Varadero no es más que una postal, un momento insustancial en la vida de muchas personas que regresaran a sus origenes morenos, relajados, con la cámara de foto llenas de las mismas postales que

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Arte callejero (Santa Clara)

les vendieron en la agencia de viajes, y que no sabrán responder ni a una sola de las preguntas sobre la Isla que no tenga que ver con mojitos, ron, mulatos y mulatas además de cultura caribeña enlatada en espectaculos de hotel y preparada para el consumo rápido y totalmente insípido de turistas con muy pocas ganas de ser viajeros.

Como podéis imaginar, la despedida de Varadero fue rápida y ausente de emoción. En los primeros quilometros de la carretera que nos llevaba a la Habana iba yo pensando ya en mi último día en la Isla y todo lo que había sido el viaje hasta ese momento.Pero todavía era temprano para sacar conclusiones. Éstas las encontraría días después de aterrizar en Guatemala.

Antes del hasta luego definitivo, últimos paseos por la  ciudad, últimas carreras por el malecón preparando la media-maraton que me esperaba en dos días en Guate, último mojito con mi hermano, últimos compases soneros, últimas miradas a una isla que esconde todo un mundo que descubrir, un lugar único, irrepetible y bien vivo.

Si alguna vez en vuestras vidas habéis pensado en viajar a Cuba y todavía no lo habéis hecho, no lo dudéis, simplemente id. Eso si, por favor, no vayáis a Varadero, eso sería un pecado, visitad la Cuba real.

Y como despedida un recordatio: Esta semana, por decimoctavo año consecutivo, la Asamblea de las Naciones Unidas ha votado por mayoría abrumadora contra el embargo que Estados Unidos mantiene sobre Cuba. Mi más profundo desprecio a los poderes gringos y israelís, representantes de dos de los tres paises que  matienen tamaña injusticia sobre la Isla. El tercero es Palau, pero todavía lo tengo que encontrar en el mapa, aunque vaya por delante mi desprecio, esté en el continente que sea.

Abrazos cubanos.

Y hasta la próxima.

Mi Brothel, compañero de viaje

Mi Brothel, compañero de viaje

Hasta luego Cuba

Hasta luego Cuba

EN EL ESCAMBRAY (O EL PICADERO DEL CHE)

Trinidad

Trinidad

Mi hermano tenía ganas de moverse y en la Habana iba a invertir mis últimas horas en el país, así que, sin motivo aparente para seguir en la cuidad, después de la despedida de Norie y el hasta luego a Cristina, nos montamos en un bus made in China dirección Trinidad, una bonita y pequeña ciudad colgada entre la sierra y el mar.

Las calles empedradas y los edificios coloniales hacen de Trinidad un lugar

Trinidad

Trinidad

bucólico y apacible, donde, con el permiso de los siempre impertinentes jineteros, pasear resulta una delicia. Y a eso nos dedicamos la mayor parte del tiempo, a pasear y abandonarnos al más puro placer de relajarse.

Trinidad está ubicada en un lugar estretégicamente perfecto para el viajero. Todos los atractivos turísticos están cerquita y se pueden alcanzar con excursiones de un solo día. El primer día nos dedicidimos por el azul turquesa del mar caribe, por sumergirnos con gafas y tubo en las profundidades más superficiales de los arrecifes que oscurecían la prístina luz cubana. No sé si Cuba es el mejor lugar para bucear del mundo, o si hay otros tan o más bonitos, lo que si que puedo asegurar es que sumergirte en las aguas de su mar es una aténtica delicia, un espectaculo sublime. Tanto que un servidor perdió la poca noción del tiempo que aun conservaba y se achicharró la espalda al más puro estilo guiri en Lloret. Y entre zambullida persiguendo peces de mil de colores y largas siestas bajo un cocotero, algún que hacemos? Una cervecita, claro. Y en el chiringuito nos sentabamos otro rato vacio de tiempo, viendo pasar algún coco-taxi cargando turístas en busca de lo mismo que nosotros disfrutábamos, sol, playa, fondos marinos insaciables aderezados con pérdida gustosa y completa de la noción del tiempo.

Ritmo genuínamente tropical que decidimos romper con una excursión a las cumbres del Escambray, monte desde donde el Ché junto con otros

Amanecer en la Sierra

Amanecer en la Sierra

guerrilleros lanzó el definitivo ataque a Santa Clara, ciudad que visitaríamos en unos días. Madrugón de campeonato para agarrar el camión que nos llevaría a Topes de Collante, la Cuba agreste y selvática. Llegamos al amanecer montados en la caja de un camión repletito de guajiros que se dirigían vete a saber dónde con las mismas expresiones de la primera hora punta barcelonesa. Después de confirmar que en Cuba te cobran hasta por caminar por senderos

El Caribe desde la Sierra

El Caribe desde la Sierra

desiertos, decidimos visitar unas cuevas que encontraríamos un hora de caminata más allá, adentrándonos en la frondosa vegetación. Y mereció la pena, tanto el paseo hasta la cueva, como las espectaculares vistas sobre el Caribe.

A pesar de los deliciosos desayunos que nos regalaba la señora de la casa donde nos alojábamos y de estar encantadísimos de ver la vida cubana pasar desde nuestro pequeño balcón, cuatro relajantes días después decidimos partir hacía Santa Clara, ciudad universitaria, de activa vida cultural e inevitablemente impregnada por el espíritu del Che.

Solo entrar a la ciudad sientes la presencia del guerrillero argentino que luchó por el ideal de ver transformada una America Latina pobre y

Ernesto 'Che' Guevara

Ernesto 'Che' Guevara

dependiente en una tierra soberana y de progreso, libre, del pueblo y para el pueblo que siente, trabaja y se alimenta de su fértil tierra. En Santa Clara se encuentran sus restos, junto a los restos de los guerrilleros que murieron en la Bolivia del 67, luchando por globalizar la exitosa revolución cubana a todo el subcontinente. Y por supuesto no ibamos a perder la oportunidad de visitar su mauseleo y dedicarles unos minutos de silenciosa reflexión. Pero el destino nos tenía guardado un golpe de efecto totalmente inesperado. Fuera realidad o simplemente una táctica comercial barata, la habitación donde nos alojamos los primeros días fue en su momento, siempre según su propietario, el lugar donde retozaba el Che junto con su amante y compañera de armas Aleida March. Cuenta la historia, que el propietario se esforzaba en subrayar con fotos y artículos de época,  que una vez caida Santa Clara, abandonada por Batista la Habana y tomada la ciudad de Santiago de Cuba, el Che se desplazó a la capital para hacerse cargo de los primeros pasos de la Revolución, trabajo que le permitía muy de tarde en tarde acercarse a Santa Clara, donde vivía Aleida March. Al parecer su relación no era bien vista por los padres de ella, ya que Ernesto estaba casado y tenía dos hijos, así que para retozar lejos de las miradas conservadoras familiares se refugiaban en la habitación de una casa

Mancillando el supuesto picadero del Che

Mancillando el supuesto picadero del Che

propiedad de una amiga de Aleida. Y adivinais en que habitación estabamos nosotros alojados? . Verdadera o falsa,  la anécdota da para contarla y recordarla. Además, la sensación de estar durmiendo donde el mismisimo Che Guevara pudo reposar su alma de guerrero es algo que no se olvida facilmente, más alla de dudas y certezas.

Pero tampoco era tanta la emoción como para quedarnos encerrados allá todos los días, así que agarramos las mochilas ligeras de excrusión urbana y nos zambullimos en el hervidero de gentes que era el parque central de la ciudad. Y fue inevitable entrar en un garito donde tocaban unos soneros que quitaban el sentido. Un palo de microfono tricéfalo transportaba las voces bien arrimadas unas a otras de los soneros, alguno de ellos bien entrado en años y con un arte para cagarse patas abajo. Para acompañar ese ambiente especial decorado con melodías soneras y espíritu caribeño, nos pedimos los mojitos de rigor, mientras observabamos como unos cubanos sacaban a bailar a unas nordicas, inconfundiblemente vikingas, que, aparentemente poseidas por el espíritu del Dios Thor, bailaban salsa con la gracilidad de un mamunt con sobrepeso. Y es que la naturaleza les habrá otorgado inumerables dones, pero entre ellos no se encuentra el de la expresión corporal, por lo menos no con la sensibilidad latina.

El ambiente prometía diversión, y después del relax acumulado en Trinidad, el cuerpo pedía movimiento, cultura y vida social, así que buscamos oferta y enseguida la encontramos. De hecho Santa Clara no tiene ningún atractivo turístico, a parte de la figura del Che, claro está, pero lo que si tiene es una viva escena cultural, con conciertos, teatro, cine, exposiciones y un largo etcétera de posibilidades para conocer la Cuba más desenfada, inovadora y atrevida, menos oficialista y propagandística. Y nos fue bastante fácil decidir que el fin de semana lo dedicariamos a la cultura. Pero, al parecer, el azaroso destino, no conforme con hacernos dormir en el lecho pecaminoso del Che, fulminó de un infarto a uno de los grandes comandantes de la Revolución, el Comandante Almeida, uno de los soñadores que viajó en el Granma, que sobrevivió al desembarco, que resistió en la Sierra Madre, que comandó regimientos y que acabó expulsando a los vividores y corruptos capitalistas que convirtieron la isla en un casino gigante plagados de puticlubs, mientras los guajiros y guajiras, el campesinado cubano, se moría de hambre abandonado por una dictadura, marioneta gringa, que ni les representaba ni se preocupaba por su mísera existencia. Tremendo notición el de la muerte del Gran Comandante, noticia que culminó con la declaración de luto oficial durante todo el fin de semana, o lo que era lo mismo, toda actividad cultural programada debía ser aplazada. Nuestro gozo en un pozo, y, aunque las reuniones en el parque central seguían igual, con ese hormigueo constante de personas consagradas al deporte nacional de la chupadera de ron, la banda sonora de la isla guardó silencio. Era como si a Cuba le hubieran puesto el ‘mute’ o silencio total.

Imaginé que, en esos momentos, las vikingas se debían sentir como en casa.

Sin alternativa posible, decidimos mimetizarnos en el ambiente, y que mejor forma que hacer cola en el Coppelia, la única heladería, por supuesto estatal, donde los cubanos y cubanas pueden permitirse el auténtico lujo de disfrutar de un helado. Eso si, cantidades perfectamente racionadas que incluía más de una hora de plantón. La espera fue amenizada por un conflicto entre la gente y unos militares uniformados que, con el morro que se caracteriza al que se cree con privilegios especiales, se colaron descaradamente. Algunas personas se levantaron contra la violación de la igualdad de derechos y obligaciones, contra los privilegios de los que se creen poseedores los funcionarios estatales, y gritaron a los militares cosas como así va nuestro país ¡¡¡, los funcionarios os creeis superiores ¡¡¡ comemieldas ¡¡¡¡¡. Aunque fueron unos momentos de tensión, la sangre no llegó al río, los militares acabaron colándose y la gente comentó la jugada mientras esperaban pacientemente su turno. Por un momento, esta escena me recordó a los desencuentros que me describía en la Habana el Camarada Troskista Andrés, desencuentros entre el pueblo cubano y un gobierno cada vez más ajeno y alejado de su realidad.

Y después del helado, cine. Y es que la sala de cine ubicada en el hotel Santa Clara Libre era la única atracción cultural permitida esos días. La película programada resultó ser un panfleto propagandístico cortado a la medida del oficialismo. La sinopsis podría ser, heroica resistencia urbana lucha contra la represión batista, punto pelota, nada más, 90 minutos de celuloide destinados a replicar el incesante runrun revolucionario. Y es que cansa esa constante gota malaya propagandística a la que están sometidos en su día a día cubanos y cubanas. Cuba resiste es un eslogan bonito y seductor para los movimientos de izquierdas no reformistas, pero para la población cubana significa 50 años de estado de guerra constante, de servicios militares de dos años donde se les adoctrina contra el, siempre presente en el imaginario colectivo cubano, ataque gringo, de consignas patriotas y de racionamientos. Al menos eso nos aseguraban, siempre en voz baja y mirando de reojo a las patrullas de la policía revolucionaria, algunas personas con las que hablamos. Ante la cola que se había formado para dar el último adiós al Comandante Alemidas en la municipalidad de Santa Clara, formada por chorros de gentes uniformadas, desde funcionarios a estudiantes que esperaba paciente su turno, alguna conversación espontenea iba surgiendo, y de éstas supimos que mucha de esa gente no estaba por ‘voluntad’ propia sino para evitar que les quiten algunos pluses de sus paupérrimos sueldos (el salario medio cubano es de 10 dólares). Cansancio es lo que presientes en las conversaciones con el pueblo, cansados de propaganda revolucionaria, de embargos injustos y mil veces condenados por la mayoría del planeta, de racionamientos y restricciones, de presiones externas e internas, de aguantar y resistir año tras año mientras las cosas cambian bien poco o práctimamente nada. Supongo que de ahí surge la picaresca cubana que se puede resumir en el adagio hecha la ley, hecha la trampa, intentar esquivar la norma siempre con la inteligencia suficiente como para no transgredir la ley, ley que en Cuba se aplica con mano dura (no más que en otros paises civilizados).

Y es que esta es una de las contradicciones que más me impactó durante mi viaje por la Isla, el vivo espíritu revolucionario del pueblo mezclado con un sentimiento indisimulable de cansancio y fatiga.

Hasta la Victoria Siempre

Hasta la Victoria Siempre

Fatiga que no nos impidió visitar el mausoleo del Che y otros guerrilleros el mismo día en que otro Comandante de la Revolución moría. Así como también subir a la colina desde donde Ernesto Guevara y su compañía planearon el asalto al tren militar repletito de refuerzos que se dirigía desde la Habana a Santiago para intentar evitar la derrota de la dictadura batistiana, dictadura que caería definitivamente en el momento en el que ese tren entraba en un segmento de vías previamente destrozado por los guerrilleros. Descarrilado el tren y rendidas sus tropas, decapitada difinitivamente la dictadura, victoria de una revolución que solo fue posible gracias a un pueblo que se sublevó para ganar los derechos violados por la dictadura que hoy sigue agazapada bien cerquita, en Miami.

Y dejando atrás Santa Clara y la figura del Che, que no sus espíritus, encaraba mis últimos días en Cuba.

Y como despedida un cada vez más sentido Hasta siempre, Comandante Che Guevara.

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Ernesto 'Che' Guevara

LA HABANA

Hola a todas y todos,

Son demasiadas las pinceladas que me gustaría dar sobre esta ciudad y este país, y los múltiples contrastes que ofrece con otras cercanas realidades, pero realmente dispongo de muy poco tiempo y corren el riesgo de ser abandonadas en el cajón de las cosas por hacer.

No parece que se va a desmoronar en cualquier momento?

No parece que se va a desmoronar en cualquier momento?

Sin pinceladas, sinó  a brochazo limpio, os comento brevemente mi mirada Habanera. Realmente es una ciudad muy interesante y de intensos contrastes. Una ciudad para perderte por todos y cada uno de sus rincones, los turísticos y los que no lo son. Y temer que en cualquier momento uno de los edificios del centro, apuntalados directamente con palos, se derrumbe sobre tu cabeza. Vendedores de puros, chapitas de la Revolución, billetes del Ché, Ron Cubano agobian lo justo para no echar a perder la experiencia. La música que surge de las bodeguitas pone el toque caribeño, el olor a fritanga de los puestecitos a pie de calle el aroma característico y las gentes su caracter abierto y desenfadado.

La Habana es una ciudad bonita, un poco destartalada, inclasificable, auténtica, incomparable. Me recordó a Guayaquil o Bombay, dos ciudades que, al menos en mi caso, han dejado huella indeleble.

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Atardecer en el Malecón

Los primeros días los invertí en pasear por el archifamoso malecón, visitar el muy recomendable museo de la Revolución y sentarme a la sombra en sus bulliciosas placitas.

En uno de esos momentos al refugio del poderoso sol caribeño conocí a Norie, una japonesa perdida en Cuba. Creo que la pobre andaba un poco asustada deambulando solitaria por la ciudad. El carácter cubano, sobretodo en la Habana, es muy directo y creo que demasiado intenso para la fina sensibilidad japonesa, así que sin titubear se sentó a mi lado y me pidió ojear la guia de Cuba. Así surgió mi primera conversación japonesa, es curioso pero nunca en mi vida había compartido más de unos minutos con una persona de esa cultura y me resultó realmente divertido y gratificante ver América Latina a través de los ojos de una japonesa, además de poder sumergirme aunque solo fuera por unos instantes en su cultura, tan extraña y mal conocida por un servidor. Con Norie anduve paseando a ratos, en otros a mi aire y cuando el cansancio marcaba el límite

Autobús donado por el ayuntamiento de Barcelona tuneao con matricula cubana

Autobús donado por el ayuntamiento de Barcelona tuneao con matricula cubana

de lo soportable me dejaba caer por la casa donde me alojaba para hablar con su propietaria, Cristina, una mujer de unos 60 años, habanera de nacimiento y de corazón, que me iba explicando su vida, la de sus antepasados cántabros y el devenir algo impredecible de su país. Trabajaba en la casa de Cantabria y podía acceder a la nacionalidad española con el nuevo programa que el PSOE ha lanzado en los paises antaño conquistados y masacrados por la hoy venida a menos Madre Patria, pero según ella era una tontería, cual era el motivo real si ella era cubana y no pensaba moverse de su ciudad?, porque a ver, donde mejor que en la Habana podía vivir?, pues en ningún sitio compañero

Plaza de la Habana Vieja después del chaparrón tropical

Plaza de la Habana Vieja después del chaparrón tropical

¡¡¡.  A diferencia de otros paises latinoamericanos, a pesar de los problemas y las necesidades, en Cuba sientes el orgullo de ser cubano/a entre su pueblo. Entre episodio revolucionario, post-revolucionario, político, social y cultural contados con el educado arte cubano, eso si, coronado siempre con algún y el comemieldas ese, generalmente dedicado a algún cubano en Miami, aunque tampoco se libraban políticos de la nomenclatura fidelista, Cristina fue abriendo una primera ventana a las profundidades de Cuba, a esa Cuba inaccesible a la mirada superficial del turista. Norie me acompañó un día y se sintió tan a gusto que decidió mudarse de casa. A partir de ese momento, al salir de mi habitación, encontraba a la japonesa sentada con la cubana compartiendo recomendaciones y algún que otro comemieldas.

De las charlas con Cristina me había quedado claro que Cuba no es el paraíso

Propaganda

Propaganda

que prometen los centenares de carteles elaborados por la maquinaria de propaganda gubernamental. Por mucho que el gobierno invierta todos sus esfuerzos en proclamar a los cuatro vientos la maldad intrínseca del imperialismo yanqui, los males provocados por el bloqueo, la tragédia de las víctimas cubanas encarceladas en prisiones gringas, por muchas imágenes del Ché, de Camilo Cienfuegos, del heroe nacional Juan Martí que pinten en cada pared del país, cubanos y cubanas no tragan, no se la dan con queso. Me encantó su orgullo y su firmeza incluso a lo hora de criticar a sus propios dirigentes, eso si, en voz baja y medio a escondidas para no ser acusados de cometer el intolerable delito anti-revolucionario. Saben que esas son políticas propagandísticas para mantener el status quo en la isla, para fijar la mirada en el tan recurrido  enemigo exterior y esconder a su sombra los problemas que son responsabilidad directa del gobierno cubano. Lo curioso del caso es que el mismo sistema, a través de su envidiable organización educativa pública, es quien fomenta ese nivel de consciencia política y análisis crítico entre su ciudadanía. Nivel muy superior, a mi parecer, al del ciudadano medio español, más preocupado en consumir que en calibrar las consecuencias de su escasa o nula participación en las decisiones que se toman a nivel político y que le afectan directamente, sintiéndose satisfecho pensando que como individuo aislado es merecedor de los bienes que posee y que se apoltrona tranquílamente en su espléndido sofá para ver como se dirimen vidas totalmente insustanciales, tipo Salsa Rosa o Gran Hermano, mientras el poder navega a placer sin esfuerzo ni obstáculos, libre del control ciudadano.

Y en estos temas el Compañero Troskista Andrés sienta cátedra.

No sé si os acordáis de esa bolsa que viajaba en mi compañía destino a un hogar cubano, la que recogí de manos de Mismel en Guatemala. Pues bien, al otro lado de la puerta apareció una enciclopedia viviente cubana en forma de hombre en sus 60 y pico, el compañero troskista Andrés, exdirigente cubano, combatiente de la Sierra Maestra y cortador de caña codo con codo con el Ché. Ante mi evidente cara de incredulidad no dejó pasar la oportunidad de enseñarme todas las medallas de combatiente y fotos con Ernesto. Obviamente el café de rigor y gentileza se convirtió en una larga e interesantísima conversación con información de primera mano sobre el país. Como troskista, Andrés criticaba las formas stalinistas del gobierno actual que está perdiendo credibilidad ante su pueblo, alejándose de éste tomando medidas que presionan cada vez más a un pueblo que hace de la escasez su forma de vida. Aunque, eso si, seguía creyendo fervientemente en una revolución internacional socialista. Según él, solo hacía falta esperar la caida total del capitalismo iniciada con la actual crisis mundial, para que la pérdida de empleos, el empobrecimiento de la mayor parte de la población y el capital acumulado en manos de unos pocos, sirvan de condiciones necesarias para que los pueblos se levanten en armas y cometan el acto revolucionario que con tanto orgullo, cubanas y cubanas, recuerdan sucedió en su país hace ahora 50 años. Porque si algo tenía claro el compañero Troskista Andrés era que teníamos que mantenernos centrados políticamente en el socialismo revolucionario (nada de descafeinados reformistas) y esperar pacientemente el momento de empuñar el arma, expulsar al capitalista y distribuir justamente los recursos del pueblo para el pueblo. Y si hacía falta matar se mataba y punto, o es que nos creemos los pocos bregados en el arte de la guerrillas que  una revolución  se hace tan solo con bonitas palabras e ideales…… ni pensarlo¡¡, si se quiere una revolución verdadera hay que lanzarse al monte y empuñar un arma dispuesto a dar la vida por la patria popular, libre y soberana.

en el malecón

en el malecón

Con tres artículos escritos por el camarada Andrés, otros tantos contactos de organizaciones socialistas internacionalista ibéricas y con el alma prendida de pasionaria revolución me lancé de nuevo a la realidad algo menos centrada políticamente que hervía a cualquier hora en las calles de la Habana.

La música cubana

Música cubana

Y entre cervecitas, paseos por la parcialmente restaurada Habana Vieja, el cochambroso Centro Habana, el más moderno y soviético Vedado, interesantes

conversaciones con Cristina, Norie y León, atardeceres en el malecón, música en directo y algún que otro chapuzón en las bonitas Playas del Este, el Castelldefels cubano, se fueron desvaneciendo mis primeros días en la Habana.

De verdad que fueron unos días muy interesantes, con una deliciosa banda sonora y un vivo ambiente cultural y que dieron para algunas estrofas más, estrofas que quedaran en el silencio de los rincones no escritos de este espacio viajero, aunque bien vivos en mi memoria.

En el siguiente capítulo, ya con mi hermano aterrizado en la capital de Cuba, nos adentraremos a brochazo limpio en el centro de la isla, en la revolucionaria sierra del Escambray, en la calma de Trinidad y en la guevarísta Santa Clara.

Besos y abrazos revolucionarios.

PD: Acabo de descubrir, más de un año después, que puedo contestar vuestros comentarios, así que si mi torpeza tecnológica no lo impide de nuevo, a partir de hoy, contesto todos vuestros comentarios.

APROXIMACIÓN A CUBA

Hola a todos y todas,

últimamente el tiempo escasea, el cansació arrecia y la motivación flutua más que los precios, pero hasta que quede un gramo de voluntad aquí estaré tecleando mis miradas, que aunque resulten algo desenfocadas por los escasos momentos disponibles, mantienen viva la intención original, dibujar a mi manera y con palabras, a veces bien traídas, otras incrustadas a martillazos, momentos, lugares y encuentros.

Y es que he estado dos semanitas en Cuba y no me puedo rendir ahora,

si Cuba Resiste, Sergio Resiste.

Como buena fruta madura el viaje cayó en el momento en el que debía caer. La naturaleza es sabia y mi sentido común también, cuando le hago caso, claro está. Desde que vagabundeo por Latinoamerica siempre he mirado de reojo a la mayor de las Antillas, la cubana isla del heroe Martí. Tan fácil hubiera sido agarrar un avión durante mi residencia en Ecuador como simplemente desearlo. Pero no era el momento. Un sexto sentido pedía tiempo, tiempo para ver reflejado el contorno de la isla en los espejos de otros paises del continente.

Actualmente, Latinoamerica está viviendo un momento histórico muy interesante, muy vivo, con diversas posibilidades de construcción abiertas para un futuro no muy lejano. Los polos de atracción políticos, sociales y culturales son diversos y otros tantos los motores que jalan esta parte del mundo en un momento de catarsis sostenida. Cuba es uno de los epicentros de esta erupción identitaria, es el espejo donde se mira parte de este subcontinente, es la razón por la que hoy suceden cosas que hace tan solo unas décadas nadie soñaba. Hoy, en America Latina, empieza a tomar cuerpo y sentido la tantas veces repetida ‘Cuba, resiste’. Obviamente no es la única fuerza, otras ejercen su influjo y su fuerza sobre el territorio, la gringa capitalista imperialista, junto con subpotencias como Brasil, que intenta imponer su modelos de desarrollo. Pero Cuba sigue siendo la fuente donde beben soñadores de una América Latina unida y socialista, soberana y autosuficiente, orgullosa e independiente, libre de las eternas ingerencias bárbaras.

Con este equipaje anímico y mental me dirigía yo a la siempre insegura y peligrosa Ciudad de Guatemala, donde había quedado con Mismel, mi primer encuentro cubano, amigo de una amiga de la cooperación vasca. La misión era recoger una bolsa con diferentes artículos que escasean en Cuba para llevarselos personalmente a sus padres una vez aterrizado en la Habana. Tan solo la forma de hablar, el cálido primer contacto marca una diafana diferencia con el carácter guatemalteco. Más proximidad, más acercamiento, más seducción, busqueda de complicidad. Los contrastes empezaban a abrir la brecha entre dos realidades lationamericanas antes incluso de poner pie en la tierra del Comandante en Jefe Castro. Una vez en el aeropuerto de la Aurora guatemalteco recibí confirmación de que Cuba es especial. De todas las colas de facturación, la de Cubana de Aviación era con exagerada diferencia las más larga. Decenas de personas con cientos de bultos alieneadas ante los mostradores de facturación. El limite de carga de la compañia cubana es estricto y cualquier gramo de más se queda en tierra. En ese momento entendí porque la muchacha de la oficina de cubana en Guate me subrayó tantas veces la importancia de estar tres horas antes de la salida del vuelo y de pesar concienzudamente el equipaje antes de pasar a facturar. Si no ponen ese limite los cubanos que residen en Guatemala comprarían medio país para enviarlo al suyo, desde donde, a tenor del contenido de la mayoria de maletas que abrían y cerraban sin cesar, llegaban evidentes aromas de escasez.

Una vez superado el largo trámite de facturación, ya en la puerta de embarque, me llamó la atención la cantidad de estudiantes con camisetas del FMLN (Frente Farabundo Marté por la Liberación Nacional) salvadoreño que parloteaban a mi alrededor. La curiosidad me pudo y pregunté a que se debía esa marabunta de adolescentes con camisetas rojas, y la respuesta que encontré no fue otra que ese grupo de estudiantes era solo uno de los muchos a los que el gobierno cubano había invitado para estudiar en sus universidades. Al parecer, los exguerrilleros del FMLN, ahora opción política gobernante en El Salvador, han establecido nuevas alianzas con los guerrilleros de la Sierra Maestra cubana, iniciandose así un intercambio de recursos humanos y materiales que ya se va convirtiendo en un clásico en America Latina. Cuba pone a los profesionales altamente cualificados y Venezuela, Ecuador, Nicaragua, Bolivia, El Salvador compensan con los inestimables recursos energéticos y tecnológicos  tan escasos y necesarios en la isla revolucionaria.

Y a todos los estudiantes,  junto a los que no lo eramos, el personal de tierra de Cubana nos puso en fila india como cuando acababa la hora del patio en el cole, amenazándonos cariñosa y paternalmente con dejar nuestro equipaje de mano en tierra si pesaba más de cinco quilos. A mi me empezaron a sudar las manos ya que nunca he sido capaz de diferenciar un kilo de medio gramo, así que temeroso me acerqué a mi turno en la fila de inspección donde el encargado me esperaba con una mirada profesionalmente educada en pesar al mejor estilo ojo de buen cubero, pues tan solo hizo un amago de escaneo ocular con vista entornada y me dió ok definitivo. Caminando por el finger y dejando atrás la extraña sensación de haber sido tutelado a mis 34 años, agarré mi boleto para averiguar que número sería agraciado esta vez en la lotería de mi tortura personal viajando en máquinas voladoras, cuando, oh maravillosa imagen, en el boleto no encontré ni número de asiento ni clase. En la clase ejecutiva del avión se sienta el que más madruga, llega primero y demuestra ser más responsables con las necesidades del sistema, y si tu miedo a volar te hace alérgico a las ventanillas solo tienes que decirselo a cualquier persona que seguro muy amablemente te cederá el pasillo sin preguntarte cual es tu número de asiento. Empezaba a tener la vívida sensación de ser parte del helenco artístico en una película dirigida por Lenin, Marx o Mao.

Y ya sentado en un cómodo airbus de matrícula salvadoreña viajando con un nutrido grupo de estudiantes de la misma nacionalidad y algun que otro cubano, mareaba en mi cabecita viajera la contradictoria idea de llevar en la bodega una mochila con mercancia básica y sencilla de conseguir en cualquier lugar pero prácticamente inexistente en Cuba, país que, al mismo tiempo, recibe estudiantes y elogios de otros paises por la calidad de su educación, sanidad y profesionales en general.

Que se trataba de un lugar especial era lo que me aseguraba la sensación que me acompañaba mientras oteaba a través de la ventanilla los primeros contornos de la isla de Cuba, la de Martí, de Fidel, del Che, de Camilo Cienfuegos, de Silvio Rodriguez, del Moncada, de la Sierra Maestra, de la Revolución, de la Resistencia. Y no se me olvidan las mulatas, los mojitos y las lindas playas con sus esbeltos cocoteros dando linda sombrita, pero viajar a Cuba después de vivir un tiempo en Latinoamerica se me antojaba diferente. Mi intención no era la diversión tropical (de esa hay en cualquier lugar del subcontinente), mi expectativa no era tostarme al sol ciego de mojitos, mi mirada estaba calibrada por el anhelo de conocer otro pedacito de esta fascinante tierra latinoamericana a la que empiezo a sentir que pertenezco, aunque solo sea en condición de adopción temporal.

Poco menos de dos horas después del despegue y a medida que el avión se aproximaba a tierra,  con mayor intensidad sentía la necesidad de despejar la, por el momento, fascinante incognita cubana.

To be continuado, mai flens ………………. y con fotos, aseeeeeeere.

Un par de besos especiales a Silvia e Irene, ese par de tremendas madres.

Muchos abrazos a todos/as.

……..ME SIENTO EN CASA EN AMERICA, …….. EN ANTIGUA QUISIERA MORIR.

Con estas dos frases se alcanzó el orgasmo colectivo más intenso que haya presenciado en mucho tiempo.

Debió tener lugar en el Estadio del Ejercito de la Ciudad de Guatemala, pero finalmente la convocatoria fue reubicada en un recinto más modesto, el menos grandilocuente Dom de la zona 13. Se esperaba masiva afluencia pero los elevados precios de las entradas y la crisis de un país en permanente crisis hicieron que, aun en un espacio más pequeño, los huecos fueran evidentes.

Y es que Enrique Bunbury actuó en Guatemala.

Bunbury en Guatemala

Bunbury en Guatemala

No formo parte de los detractores de este showman, tampoco soy fan. He seguido su carrera en solitario desde que Heroes se disolvieron y pienso que es uno de los pocos artistas ibéricos que han madurado consolidando un estilo propio, al margen de esclavitudes comerciales, defendiéndolo, como manda el canon del músico artista, encima de un escenario y ante su público.

En este caso el público era centroamericano, guatemalteco para ser mas preciso, con el que Bunbury tiene una química especial. A mi parecer su mejor álbum es el viaje a ninguna parte que hunde profundas raíces en espectros sonoros del sur de los Estados Unidos y plena Centroamérica. Había leído sobre esa especial relación entre Enrique y America, y perseguía el estar presente en alguno de esos momentos, pero hasta ahora había sido mi suerte siempre esquiva con mi deseo.

Hasta ayer, cuando por fin arrancaron las primeras notas de uno de los temas de su último álbum y la gente enloqueció.

Bunbury en Guatemala

Bunbury en Guate

El ambientazo previo en la entrada era impresionante y no lo fue menos cuando, con ritmo chapín, es decir, una hora más tarde, la gente se animó a entrar al Dom. Los dos primeros temas fueron de presentación dejando a la peña a la expectativa de ver surgir al Bunbury más desinhibido, al Bunbury que esperaban y que solo una vez cada mucho tiempo tienen la oportunidad de disfrutar. A partir de ese momento la banda se dispuso a regalarse tema tras tema, sin concesiones, al modo de la clásica banda de rock, dos guitarras, un bajo, u

na batería y un teclado, sin más parafernalia, sonido potente y directo. Empezaron a caer temas de todos sus álbumes e incluso algunos de Heroes, y de verdad que, a pesar de haber estado en innumerables conciertos, pocas veces he asistido a una relació

n tan intensa como la que se fue forjando acorde tras acorde. La gente simplemente se dejaba las cuerdas vocales y parte del alma en cada estrofa, incluso había momentos en los que no se oía la voz de Enrique entre el ímpetu de miles de voces quemando hasta el último gramo de voluntad en el acompañamiento. Las tablas de Bunbury en el escenario hicieron que la gente se entregara al máximo hasta alcanzar el punto álgido de la noche, cuando en una de las estrofas del tema el extranjero suena ……..ME

Mi compi Marian

Mi compi Marian

SIENTO

EN CASA EN AMERICA…………….. EN ANTIGUA QUISIERA MORIR………., directo guiño a Guatemala en una de sus mejores composiciones. En ese momento las vísceras borraron cualquier atisbo de razón, la gente perdió el control y el orgasmo colectivo se precipitó sin remedio. Realmente fue un momento mágico, de esos difíciles de capturar, único. Los cuatro vises que siguieron sirvieron para confirmar la relación de amor correspondido entre el público guatemalteco y Enrique Bunbury. No se si el concierto duró tres horas o dos minutos, pero fue fantástico asistir a un espectáculo así.

De chapeau fue la entrega del público y de reverencia la energía de un músico cuarentón que sigue dejándose la piel en el escenario defendiendo que la música es un arte, no un simple negocio.

Abrazos desde mi nuevo apartamento en la Antigua Guatemala (donde Bunbury quisiera morir y yo, menos romántico, vivo fenomenal).

CRÓNICAS INDÍGENAS (DE AGUA Y MAIZ)

Hola a todos y todas,

Por fin llegaron las esperadas lluvias del invierno de manga corta guatemalteco.

Por fin el seco terreno sacia su sed.

Un pueblo que sobrevive a base de cultivos, venera como a un dios el líquido elemento que moja impredictiblemente el terruño local y que permite soñar con una cosecha de maiz, frijol y café suficiente como para arrancarle otro año al calendario de la siempre amenazante hambruna. Guatemala es una de las zonas del mundo más castigadas por huracanes y terremotos, eventos desastrosos que sumados a la pobreza histórica, ligada muy intensamente a la injusta distribución de las tierras, hacen de este país un sólido miembro al club africano del indicador de escasez e ínfima calidad de vida. Guatemala es uno de los únicos paises americanos prioritarios en las agendas de la mayoria de agencias de cooperación internacionales. Yo mismo me encuentro en Guatemala intentando consolidar algunas iniciativas de seguridad alimentaria en entornos totalmente pauperrimos, zonas muy pobres materialmente, donde estas lluvias, junto con la ayuda de abonos orgánicos, aves de traspatio y formación técnica agropecuaria, animan a pensar que, por lo menos durante un año, van a tener algo que llevarse a la boca. Y aunque el parche sea evidente, morfina para gobiernos occidentales que no se atreven a liderar hasta sus últimas consecuencias la batalla moral para conseguir los objetivos que ellos mismos, hipócritamente, firman en grandilocuentes y carísimas cumbres, tal parche puede salvar momentáneamente algunas vidas. Cómo la de los dos niños que murieron hace poco con el vientre totalemente hinchado. La causa, alguna bacteria, virus o cualquier factor de un ambiente meramente insalubre, pero con el siniestro telón de fondo de una desnutrición que muele las defensas y amplia la vulnerabilidad al más mínimo ataque medioambiental.

Y este sufrido escenario siempre tiene como protagonistas al mismo pueblo, el pueblo indigena.

O para ser fiel a la realidad, a los diversos pueblos indígenas que moran este país. Unas 20 étnias diferentes, con sus diferentes idiomas y sus matices en

Campo de Milpa

Campo de Milpa

una cosmovisión compartida. El elemento que une a todos estos pueblos mayas, es un producto bien natural, el maiz. De hecho, su tradición escrita, resumida en el Popol Vuh, asegura que los hombres (y como siempre las olvidadas mujeres) nacen del maiz, se atodefinen como hombres (mujeres) de maiz. Y no es de extrañar, pues la mayor parte de su dieta se apoya en este grano. Una mala cosecha de milpa (como llaman acá al maiz) significa hambre y desnutrición, sin más. El precio del grano está subiendo, muchas tierras que antes se dedicaban al cultivo del maiz se han transformado en grandes extensiones de monocultivo en manos de los mismos terratenientes de siempre, cultivando el producto de moda, la palma africana, con la que se fabrica un carburante ecológico que, supuestamente,  va a limpiar nuestro ambiente de gases contaminantes (a base de matar a cientos de personas de hambre y dejar a otras miles en el umbral??).

Los hombres (y las mujeres) de maiz no pueden vivir sin maiz, simple pero cierto.

Después de casi tres meses de intenso contacto con algunas de estas comunidades creo tener información suficiente como para asomarme a una especie de balcón que mira, desde mi mundo, su realidad. La experiencia del día a día puso las primeras dudas, Rigoberta Menchú la primera perspectiva intelectual. Sinceramente, la Premio Nobel de la Paz del ’92 no goza de demasiadas simpatias en Guatemala y mucho menos entre la comunidad indigena, su comunidad. Concurrió a las últimas elecciones del país obteniendo un pauperrimo 4% de los votos de un espectro electoral donde la

Símbolos del calendario maya (el mio, Kaan)

Símbolos del calendario maya (el mio, Kaan)

mayoría de la población es indígena. El fracaso fue sonado e hizo evidente las contradicciones internas de una comunidad que, desde la llegada de los españoles, ha vivido de genocidio en genocidio, culminado en los años ’80 de finales del siglo pasado cuando fué masacrada a manos de militares asesinos, alumnos aventajados de la Escuela de las Americas gringa. La desconfianza hacia toda aquella persona de piel blanca o morena (acá ladinas), que, a base de torturas y matanzas, como la de la Embajada de España el 31 de enero de 1980, ha nacido del alma Quiché, Katchiquel, Quechí, Tzutujil y tantas otras étnias mayas, les hace prácticamente inexpugnables como grupo e impermeables al intercambio cultural. Incluso una persona indígena que entra en contacto con valores del mundo blanco o ladino, es decir, los indigenas ladinizados que desean vivir el modo de vida occidental, son rápidamente estigmatizados y expulsados de la comunidad. Y ser expulsado de la comunidad, en el mundo maya, significa el destierro. Vivir en comunidad respetando los valores de los antepasados y salvaguardando el secreto de oidos y miradas ladinas, o ser señalado/a como traidor/a parecen ser las dos únicas alternativas. Así pues, Rigoberta Menchú, que en el libro autobiográfico me llamo Rigoberta Menchú, y así me nació la conciencia dibuja perfectamente este escudo de seguridad que se autoimpone la comunidad indigena para sobrevivir a las multiples agresiones recibidas, cae víctima del conservadurismo que la táctica requiere y, por salir de su comunidad, codearse con blancos y comercializar sus secretos, es vapuleada por sus iguales en las urnas en favor de esos blancos y ladinos que continuamente marginan, ignoran, discriminan y, de vez en cuando, incluso masacran colectivos, grupos, étnias indigenas.

Cultivo ganado a la montaña

Cultivo ganado a la montaña

Callejones sin salida, o situación con difícil solución para una comunidad maya que, aunque representa la mayor porción de la sociedad guatemalteca, atesora una mínima parte de la riqueza. Discriminación que viven en su sorda y abnegada lucha por continuar cultivando sus pequeños terruños, siempre los más inaccesibles, los más escarpados y difíciles de cultivar, con el sueño (y la necesidad) de obtener maiz y frijol suficientes para poder alimentar a su familia unos meses más.

En esta situación, ¿cómo no va ser la lluvia considerada un bien tan preciado?

Que siga lluviendo y que no pare.

Yo, que no dependo de lluvias ni cultivos, me alegro profundamente.

Abrazos.

Atardecer en el lago

Atardecer en el lago

VOLCANEANDO (EN TONOS AZULONES)

Hace prácticamente un año quebró mi peroné en el mismisimo último tramo del trekking del Langtang, después de varias agotadoras jornadas de montañismo a través de los Himalaya.

Regreso forzado a Barcelona, escayola de mes y medio de grosor. Y reposo, mucho reposo, demasiado reposo.

Desde entonces, ya con la pata reconstituida, tan solo un tímido intento de afrontar nuevas cumbres, en este caso andinas. Miedo y pereza, lastres de la voluntad.

En un año, tan solo un tímido ascenso al Rucu Pichincha quiteño.

En la mayoría de ocasiones conforme con practicar el voyerismo de los increibles Cotopaxi, Chimborazo o Ilinizas, los volcanes nevados de la mitad del mundo.

El reposo del montañero.

Pero finalmente, este sábado pasado, me lancé a conquistar nuevos horizontes verticales. Ataqué al volcán San Pedro, a 3.000 msnm. Y lo conquisté con tres extenuadoras horas de subida continua salvando un desnivel de 1.300 m.

Volvió el montañero, potente, aunque tres días después todavía le duela hasta el último pelo por el esfuerzo realizado.

Y promete seguir haciendo lo mejor que se puede hacer en Centroamerica con una mochila a la espalda.

Volcanear.

Algunas fotillos.

Si alguien se pregunta porqué el Lago Atitlán es uno de los parajes más hermosos del mundo, una foto como respuesta

Si alguien se pregunta porqué el Lago Atitlán es uno de los parajes más hermosos del mundo, una foto como respuesta

Oteando el San Pedro desde el embarcadero

Oteando el San Pedro desde el embarcadero

El Tolimán y el Atitlán, grandes adictos a las nubes

El Tolimán y el Atitlán, grandes adictos a las nubes

El lago desde la cumbre del San Pedro

El lago desde la cumbre del San Pedro

Saludos del montañero con brazos en jarra

Saludos del montañero con brazos en jarra

Y muchos abrazos.

EL PULGARCITO DE AMERICA

Desde El Salvador os escribo, desde la República (quien la pillara) más pequeñita de todo América. No os sabría decir cuanta extensión abarca este minúsculo país pero no creo que me equivocara al encajarlo en la provincia de Barcelona, anexando por si acaso la de Tarragona.

Un lugar sorprendente, de gran contraste con su vecina Guatemala. Carente de comunidad indígena con cultura propia, tan solo se habla un idioma, el español. Nada que ver con el rompecabezas lingüístico y cultural guatemalteco. El Salvador es un país realmente compacto. Tiene fama de ser el país que más muertes violentas atesora de todo el continente, aunque si os lo tuviera que definir utilizaría la palabra calma. San Salvador (del Mundo), su capital, es la típica urbe americana, salvaje vegetación que atraviesa el pavimento de las amplias avenidas repletitas de carros que avanzan a bocinazos. Algunas zonas intocables, zonas rojas donde las maras son la ley, otras zona por las que no es demasiado aconsejable caminar con cara de guiri despistao, y las zonas seguras o mall, o lo que es lo mismo, centros comerciales de los que entrando por una puerta podrías estar en Wisconsin y saliendo por la otra en Taipei, el contenido es el mismo en cualquier lugar del planeta. Como más opciones no tenía y era el único lugar seguro donde podía caminar justo en el ocaso del día, me lancé a visitar el Metrocentro, un gran templo del consumo rodeado de vigilantes armados hasta los dientes. Después de comprobar que la globalización de la moda y otros artículos es el evangelio universal de nuestros días, me regalé a mi mismo un Banana Split de Sarita, mi heladería preferida en el istmo centroamericano. Y entre cucharazo y cucharazo veía pasar a la gente con las manos ausentes de compras y decenas de lánguidas miradas acariciando el lado soñador del escaparate. Ni con la crisis (ésta muy real), los adeptos al consumo se quedan en casa, creo que les mola ponerse los dientes largos o simplemente suspiran por poseer algún día ese bien tan futil que acabe de embriagar su sentido común y los sumerja en los brazos del Morfeo de la posesión material, la heroína de nuestros días. Antes de acabar mi degustación de los encantos de Sarita, ya había concluido que algún día turistas de plasma vendrán a visitar por telepatía los restos de estos templos del consumo con la misma curiosidad que yo, en algún momento no muy lejano, observaré los templos mayas, preguntándome con cara de esfuerzo titánico intelectual, muy parecida al del estreñido crónico, ¿Quién coño era esta gente?. Como podéis imaginar mi regreso al hotel fue inmediato, mejor era abandonarme a la lectura de las desgraciadas historias de Rigoberta Menchú y sus compis los indígenas, que quedarme un momento más en ese mundo de apariencias que parece extenderse como una plaga por todo el planeta.

Afortunadamente, el día siguiente me deparaba una aventura muchísimo más interesante ya que la organización que me acoge me llevaría en volandas al interior del país, al corazón del Salvador de la guerra civil, a la Microregión del Oriente, a la provincia de Chalatenango, lugar de genocidios y preciosos parajes.

Con Mario, la pareja de baile que Fundamuni me había asignado, un salvadoreño de 34 años, psicólogo que sin ninguna vergüenza se declaraba abiertamente social o comunitario, además de culé convencido ( maravillosas y sorprendentes coincidencias) nos lanzamos por caminos que cada metro recorrido entraban en un proceso degenerativo más preocupante que el anterior, saltando entre charlas de lo divino y lo mundano, parándonos amplios momentos en la situación política actual del país y la reciente historia de guerra civil. Los verdísimo paisajes, a cada momento más bellos y salvajes, contrastaban con el transfondo rojo carmesí de las banderas del FMLN que ondeaban en la copa de miríadas de árboles. Y es que, por fin, después de firmados los acuerdos de paz en el 92 y de 20 años de gobierno del derechista partido ARENA,  reconocido albergue de genocidas, el Frente Farbundo Martí de Liberación Nacional (FMLN) o El Frente a secas, había ganado por goleada las últimas elecciones democráticas, celebradas hacía unos tres meses, momento que viví (mediaticamente) desde Ecuador. Y estas banderas no anunciaban un mundo de vacías poses ideológicas con gorritas del Ché, todo lo contrario, por primera vez en mi vida me adentraba en el corazón latente de la resistencia revolucionaria, de la organización comunitaria, de la guerrilla y la educación popular. Es una autentica lástima que decidiera dejar mi cámara de fotos en Pana porque el alubión de fotos que ponen los pelos de punta (al menos los míos) era simplemente inagotable. Slogans revolucionarios, siluetas dibujadas en cualquier esquina de mujeres desaparecidas, curas revolucionarios asesinados y guerrilleros muertos durante el conflicto con la coletilla de ‘nunca os olvidaremos’, dibujos estilo Gernika relatando gráficamente escenas de las masacres cometidas en los municipios a manos del ejercito, pero sobretodo un pequeño museo que un exguerrillero, al que solo pudimos identificar por su similitud con un jovencito malherido protagonista de una de las decenas de fotos, nos presentó y que me emocionó en lo más profundo. El hombre, de unos 40 años, chiquito durante el conflicto, después de enseñarnos tímidamente su heridas de guerra a petición del publico, nos presentó una colección muy bien ordenada de objetos, fotos y recuerdos de la época cuando la región fue sometida a una violencia extrema carente de la más mínima compasión por la vida humana, durante la cual familias enteras tuvieron que lanzarse, niños y niñas a la espalda, a sobrevivir en el monte. Centroamerica es un lugar donde los ejércitos han hecho muchísimo daño, han masacrado a sus propios pueblos siguiendo las sanguinarias lecciones aprendidas en la Escuela de las Américas, donde se graduaron con honores la mayoría de genocidas del siglo pasado. Sería estúpido negar la parte de responsabilidad de la guerrilla en los acontecimientos, pero viendo de cerca como son las bombas que lanzaban los militares, comparándolas con los artilugios que fabricaba la resistencia, uno se hace una idea bastante acertada de cuanto sufría cada bando. Y vaya por delante mi antimilitarismo pacifista como factor de protección contra cualquier justificación de una muerte violenta, pero las entrañas se mueven hacia el lado de los/as débiles y en este caso, en la guerra civil que asoló el Salvador durante años, al igual que en Guatemala y Nicaragua, lo débil era lo campesino, la sociedad civil, los desprotegidos. Siempre recordaré las lágrimas del exguerrillero convertido en diseñador de museos pidiendo a los/as jóvenes presentes que el macabro viaje documental que acababan de presenciar, nunca más se vuelva a repetir.

Pero no todo lo que se respiraba en esos municipios y aldeas eran recuerdos del funesto pasado, sino un presente vibrante en forma de jóvenes comprometidos/as con su realidad. Es cierto que la mayoría de la juventud centroamericana sueña con largarse a otro país, usualmente Estado Unidos, paraíso prometido por la TV comercial, pero en esta zona concreta tuve la oportunidad de entrevistarme con grupos juveniles que, a pesar de las adversidades, le apuestan duro al futuro en su tierra y que asumen conscientemente las responsabilidades de tal decisión. Todos/as participan en un proyecto de microempresas que pretende generar pequeñas actividades económicas en un lugar donde únicamente la agricultura de subsistencia y algo de ganadería mantiene a la población medio nutrida. Desprenden ilusión, determinación y una madurez inaudita para su edad. Se reúnen, se organizan, se ayudan, presionan al consejo municipal para que les apoye. Después de algunos años trabajando con jóvenes nunca había encontrado un nivel tan alto de madurez y conciencia, a pesar de su bajo nivel de escolarización, casi siempre alcanzado en escuelas de educación popular, ya que las oficiales no acostumbran a llegar a sus municipios.

La verdad es que me ha fascinado este rincón del mundo y me ha demostrado, aunque solo sea a base de fugaces primeras impresiones, que la capacidad de autogestión, de concienciación y de control político sobre las instituciones tiene que ver mucho con la educación recibida, en este caso pura educación popular.

Y como no podía ser de otra manera, mi visita fue culminada con un regalo de esos que guardaré toda la vida, una bandera del FMLN utilizada durante la campaña electoral que precedió a la victoria democrática de la izquierda salvadoreña después de 20 años de derecha.

Con ganas me hubiera quedado unos días más con estas encantadoras y lindas gentes, y en no menos de dos ocasiones se me pasó por la cabeza vivir una temporada aquí, pero las obligaciones mandaban y el retorno a San Salvador, a los peligrosos barrios rojos y seguros centros comerciales, era inevitable. Degustada una deliciosa cena con algunos compañeros y compañeras de Fundamuni en un restaurante colgado de una colina desde donde se otea toda la ciudad y sus volcanes, puse un fantástico punto y final a mi primera visita (que no la última) al Pulgarcito de América, a El Salvador, a la tierra que rezuma la ilusión de un eterno futuro convertido en radiante presente.

Hoy regresé a Guatemala, al país que me acoge, para despedir a Manuel y Patricia, jóvenes cooperantes con los que hemos compartido prácticamente dos meses de proyectos y vivencias. El tiempo compartido me ha permitido revivir mis primeros pasos en este atípico mundo de la cooperación internacional, cuando desembarqué en el aeropuerto de Sarajevo con una ligera mochila cargada de ilusiones y un mar de dudas. Ha pasado tiempo, y sin darme cuenta, me he ido convirtiendo en un joven veterano de la profesión, en alguien que con las dos gotas de sabiduría que atesora, destiladas de las múltiples experiencias vividas, se permite, humildemente, dar consejo a la juventud que entra por la puerta con la pasión del momento vital.

Y es que uno se va haciendo mayor, pero conserva la energía necesaria seguir husmeando por el mundo,

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Besotes a la Vieja Europa.

LA BUENAVENTURA

Primer fin de semana con sabor a fin de semana, que delicia ¡¡¡¡¡¡.

Después del estres acumulado en el proceso de aterrizaje, adaptación, drástica inmersión en tres proyectos de desarrollo y encarnizada competición con el correcaminos por las destartaladas carreteras guatemaltecas, por fin, ya iba siendo hora, he podido disfrutar de un sábado y un domingo como el sentido común manda, tacándome las narices viendo pasar el tiempo a orillas del lago Atitlan.

Bienvenid@s

Bienvenid@s

En la Buenaventura, el nombre de mi casita de ensueño con fecha de caducidad 31 de julio de 2009, he disfrutado de un merecido descanso. Y es que esta casa es un lujo. Techos altos, amplias estancias, generosas habitaciones, impresionantes ventanales que dejan pasar toda la luz que el sol nos ofrece, dos jardines con unas preciosas flores, una terraza con vista a los volcanes y, como no, el simbolo por excelencia del relax americano, la hamaca.

Que más se puede pedir?

Pues buena compañía, cielos de un azul infinito durante el día, masivamente estrellado por la noche, una cena a orillas del lago acompañados por los magestuosos volcanes, copichuelas, bailoteo.

Mi chozita

Mi chozita

Deseo concedido.

Fin de semana hedonista, epicúreo, bacanal de sensaciones, que me ha transportado al ambiente de la mágica Ibiza y del no menos espectacular Cabo de Gata almeriense.

La espectacular climatologia y la perspectiva de cruzar en lancha fueraborda ese gigantesco cuenco de agua impulsaba a la aventura. Así que me vestí de explorador y me lancé camara en mano a visitar los pueblecitos que descansan a la ribera del lago. Primera parada, Santiago de Atitlan, pueblecito que descansa en la falda de tres gigantes dormidos. Las panorámica es inmejorable y las sensaciones bien vívidas, un entorno inigualable. El pueblecito realmente no tiene mucho para ver, a parte de la inevitable calle principal con mil y un puestecito de artesanias maya, pero antes de dar por vencida mi expedición al lugar, encontré, oculta tras el edificio de la municipalidad, la fachada de una iglesia.

Me mola el concepto artistico del mestizaje cultural

Me mola el concepto artistico del mestizaje cultural

Nada espectacular a simple vista, blanquita con el pequeño campanario coronando el vertice de su techo a dos aguas. El espectaculo aguardaba dentro en forma de sincretismo, de mezcla de culturas, idiomas y formas de enterder el mundo, la maya ancestral y la cristiana impuesta a hierro y sangre. Santos vestidos con túnicas de colores chillones que cambian cada año,según la moda, esculturas que bien podrían estar en el MACBA como la esencia del mas puro arte contemporaneo e irreverente, mujeres atabiadas con los vestidos mayas y el pañuelo negro ‘luto’ cubriendo su cabeza, orando padres nuestros y novenas en lenguas maya.

Orando salmos católicos en maya

Orando salmos católicos en maya

La mixtura de significados y conceptos en esta tierra me resulta simplemente fascinante.

Segunda parada San Pedro, el pueblo hippy del lugar, repletito los de perros-flauta universales, Disneylandia de las drogas, epicentro de las archiconocidas raves de luna llena, la Ibiza de Atitlan. El pueblo no se

En el embarcadero

En el embarcadero

caracteriza por nada especial, pero cuando giras un par de cuadras a la izquierda empieza a aparecer ante tus ojos la flor y nata del mundo rasta,  haciendo como siempre sus trencitas y pulseritas, tocando sus bongos, casi siempre muy mal pero les caen bien con su disfraz de neopobre urbano que busca la autenticidad regateando hasta el último quetzal a los pobres sin disfraz. Si te adentras un poquito más en ese mundo parelelo que nada tiene que ver con el real, encuentras la segunda capa de hippies, los que hace tiempo llegaron aquí y aquí se quedaron, abrieron sus bares/restaurantes de decoración, menú y precios totalmente gringos, con músicas del mundo y toques de misticismo con olor a pachuli. El nirvana a dos cuadras de la miseria. Y en algunos rincones, sombras de personas que un día llegaron, se pusieron hasta las cejas y se perdieron, los conocidos zombies, elementos occidentales que perdieron cualquier norte y se dedican a vabagundear con los ojos siempre enrojecidos intentando rascar alguna moneda para seguir con su viaje sin fin.

Me queda por ver San Marcos, el centro neurálgico de la meditación, el yoga y el autoconocimiento. Mundo hedonista sin limites, el placer solo al alcance de bolsillos gringos y del que se benefician muy pocos indigenas. Y algunos pueblos más que acaban de dibujar el parque temático en el que están convirtiendo este rincón del mundo tan mágico y tan bonito.

Más allá de invasiones bárbaras, contaminaciones y desnaturalización galopante, ver una puesta de sol en un lago que cada día te ofrece una imagen diferente a la anterior, con sus aguas multiculores, las sombras de los

Ya es invierno en el Lago

Ya es invierno en el Lago

volcanes meciendose en sus aguas, las nubes rozando sus pequeñas olas, sigue siendo una experiencia tan espectacular como debía ser tiempo atrás, cuando sus moradores navegaban sus aguas en canoas, a remo, cuando las únicas fiestas que se celebraban eran las que correspondian a las celebraciones mayas y cuando los bárbaros que se asomaban por aquí caian rendidos ante su belleza y la respetaban como a una divinidad recien descubierta.

El ocaso de los gigantes

El ocaso de los gigantes

Tras la puesta de sol, camino de regreso a casa, al regazo de la Buenaventura, con sus preciosas flores silvestres y su naranjo que da las frutas para el zumo de la costoso despertar del lunes, del arbol a la exprimidora, simplemente un lujo.

Y es que se acabó el fin de semana y toca volver a las no menos placenteras obligaciones.

Flores de mi jardín

Flores de mi jardín

Flores de mi jardín

Flores de mi jardín

Las naranjas de mi jardin

Las naranjas de mi jardin

Saludos desde el Lago Atitlan

Saludos desde el Lago Atitlan

Abrazos a tod@s.

DOMINGO EN ANTIGUA

Hola a todos y todas,

Por fin he encontrado un rinconcito de tranquilidad en medio de mi odisea personal por tierras guatemaltecas, por fin un día de reposo para el guerrero de los proyectos de desarrollo. Hoy he amanecido en la preciosa y

Una de las catedrales construidas durante el genocidio

Una de las catedrales construidas durante el genocidio

tranquila ciudad Antigua de Guatemala, decorada con un cielo azul impecable y rodeada por sus tres imponentes volcanes, todos adornados con grandes nubes tapando el cráter. Resulta curioso ver un cielo raso, una visibilidad exquisita, nítida, cristalina, que contrasta con las nubes que rodean la boca del gigante rugidor. Si los volcanes fueran personas y tuvieran nuestra capacidad adictiva, su vicio serían las nubes.

Y en medio de este esplendido escenario he desplegado mi primer día como turista sin agobios, cámara en mano, con el caminar pausado del que se deja llevar por los estímulos que le van llegando. Después del café con leche tamaño supergigante al más puro estilo americano, he visitados algunas librerías para abastecerme de pedazos de literatura local, además de olfatear libros que puedan aportar sabiduría a mi intento de captar la realidad multicultural que me rodea. Me envuelven diversas culturas de génesis maya, entre todas ellas la Quiché, la Katchiquel y la Chiqué, cada una con su respectiva lengua, las que encuentro al visitar las comunidades donde tenemos proyectos. Y en muy pocas de ellas interactúo con gente que maneje el español como segunda lengua. Fue cierta la introducción a un mundo indígena prácticamente intacto con la que llegué a la frontera de esta nueva e intrigante realidad. Veintiocho lenguas locales, más el español y el garifunas que se habla a orillas del escaso Caribe que atesora Guatemala, y que encuentra su máxima expresión a lo largo de la costa hondureña. Una auténtica torre de Babel entre selvas, volcanes, lagos y dos océanos que prácticamente se tocan entre ellos.

Entre paseo y paseo, ojeada a la prensa nacional. Casi todas las noticias tienen que ver con la inseguridad, la corrupción y el retrato de un estado fallido que va cayendo rápidamente en manos de los narcos. Aunque no los

Paseo dominguero por el centro de la ciudad

Paseo dominguero por el centro de la ciudad

haya visto con mis propios ojos si que  encuentro con frecuencia la marca de los balazos con los que la mafia regala a los autobuses de las compañías que se niegan a pagar los sobornos. La mafia, disfrazada de Mara (grupos pandilleros), mata a sangre fría a conductores de autobuses con el fin de que sus jefes accedan gentilmente a pagar los chantajes.

Balazos y muertos son el pan nuestro de cada día en los titulares de la prensa nacional. Algo colea todavía sobre el caso Rosenberg, el abogado asesinado presuntamente por orden del presidente Colom. Y entre tiro y cadáver, la fiebre del cerdo (la que tiene nombre de robot de la Guerra de las Galaxias, C3PO, o algo así). Cuando llegué a Guatemala eran solo unas 12 personas las diagnosticadas con la fiebre del gorrino, tres semanas después ya vamos por unas 300. Acabo de llegar Cobán, cerquita de la frontera con Méjico, dónde la actividad escolar ha sido suspendida en pleno brote de pánico, mediático, por supuesto. La gente anda tan pancha por la calle, si ves a alguien con mascarilla piensas ‘pringao’, y donde hoy mismo se acaba de correr una media maratón multitudinaria a pesar de todas las alarmas. Estando tan cerca del epicentro y viendo como, en condiciones de extrema pobreza y desnutrición galopante, la gente pilla la gripe del cerdo, la normal también (aquí es el invierno, época de resfriados), y nadie se muere, salvo las personas que ya están aquejadas de una enfermedad importante, no puedo dejar de pensar que esto es otra gran distorsión mediática deliverada. Y es que la peste gripal asesina que nos dibujan cada día los medios de comunicación comerciales huele más a argumento para acojonarnos un poquito y que no protestemos, que a pandemia apocalíptica ni mierdas por el estilo. Creo que muere tanta o más gente de gripe normal que a causa de la gripe porcina, y por allí nadie va con mascarilla en época de virus.

Más allá de gripes variopintas y llantos por Mikel Jackson (por cierto, yo todavía no he visto llorar a nadie y me muevo más que los precios), la noticia de rabiosa actualidad la encontramos al otro lado de la frontera, en Honduras, donde se está llevando acabo un golpe de estado contra el presidente legítimamente elegido en las urnas. Al pobre hombre no se le ocurrió otra cosa que alinearse con los países del ALBA, ya sabéis, el eje del mal americano encabezado por Chávez, dirigido por Fidel Castro y secundado por Correas y Morales. Hoy había convocado un referéndum para decidir sobre la modificación de la Constitución hondureña, creada en 1982 por un gobierno títere en manos de la administración Reagan (si, ese, el actor frustrado). Al parecer, como a EEUU no le ha gustado ni un pelo que después de que el pulgarcito de America, El Salvador, eligiera democráticamente a un presidente de izquierdas y temiendo que pase lo mismo en gran parte de su histórico patio trasero de republicas bananeras, no ha dudado en llamar a los militares, entrenados por ellos durante la guerra contra los Sandinistas en Nicaragua, para que cortaran la electricidad de toda la ciudad, 200 soldados entraran a saco en el palacio presidencial y se llevaran a su inquilino democráticamente elegido a Costa Rica, buen sitio para unas vacaciones, puede que no tan idílico para ser secuestrado. Ahorita mismo las noticias de los medios de comunicación hondureños (los de la oposición pro-yanki, claro está, ya que los otros han sido cerrados, así como también la mayoría de radios) van repletos de titulares que legitiman el golpe de estado, por supuesto obviando deliberadamente el termino, ya que para los redactores se trata de justicia sumaria ante la brutal provocación que significa preguntarle al pueblo que es lo que quiere para su futuro. Si te detienes a observar quienes firman las noticias no encuentras más que (malditos) empresarios, banqueros y curas, que sumados a la CIA dan como resultado el histórico Golpe de Estado en una Republica Centroamericana que quiere dejar de ser Bananera.

Vamos Obama, we can do it ¡

Por ahora la frontera se mantiene abierta y dentro de poco tengo previsto ir a Tegucigalpa para reunirme con la Oficina Técnica de Cooperación, así que quizás cumplo uno de mis sueños y me meto en el meollo hondureño al más puro estilo Kapuscinski.

Mientras tanto seguiré disfrutando de las bellezas guatemaltecas, de los volcanes encantados, lagos mágicos, burritos, quesadillas, tortillas de maíz y  frijoles para comer, de destartalados pero alegremente coloreados autobuses, de la música en las calles, de los increíbles productos de los mercados locales, de palabrejas como ‘que onda guey?’, ‘cabal pues’, o la expresión que más me ha sorprendido hasta el momento, la que sueltas cuando viene el mesero (camarero) y le dices ‘ regáleme unos nachos con guacamol’ cuando regalar significa que te los traen y al final pagas la cuenta, curioso de verdad.

En definitiva, disfrutando de la sensación de salvaje libertad que me ofrece cada día este continente al que empiezo a acostumbrarme.

Y para despedirme unas fotitos robadas en los mercados artesanales locales, la gran bacanal del sincretismo.

La muerte en Guatemala, vivita y coleando

La muerte en Guatemala, vivita y coleando

Caretas

Caretas

Maximon, figura pagana camuflada durante el genecidio como Don Simon

Maximon, figura pagana camuflada durante el genecidio como Don Simon

La muerte con violin

La muerte con violin

Esta silla la quiero para mi

Esta silla la quiero para mi

Muchos abrazos a la Vieja Europa.

En el Lago (Atitlán)

Hola a todos y todas,

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Lago Atitlan y volcanes

Pues ya estoy otra vez en un nuevo escenario, esta vez coordinada centroamericana, guatemalteca, montañosa, con un hermoso lago y unos imponentes volcanes. Vivo en Panajachel, llamada también Gringotenango por la cantidad de guiris que recorren continuamente la Calle Santander, arteria principal y centro comercial, repleta de bonitas artesanias para extranjero que tan solo camino cuando no me queda más remedio.

Mi casa temporal es bien bonita, con tres habitaciones, una cocina americana, una terracita con vistas a los volcanes, rodeada de alambre de espino y guardas de seguridad donde solo pueden entrar gringitos cooperantes como yo o chapines (guatemaltecos) adinerados. Por ahora solo me planteo estar aquí unas semanas mientras busco algo menos elitista y más cercano a la gente de la calle. Comparto casa con Mercedes, una vasca que lleva aquí viviendo y trabajando largo tiempo. El fin de semana pasado conocí a la mayor parte del mundo cooperación que se asentó aquí después de que el huracán Mitch arrasara con esta parte del mundo. Gringotenango (o Panajachel) es el escenario de mi descanso  contemplando el lago y relaciones sociales con gringos y gringas de diversa procedencia, pero a la hora de trabajar me lanzo a comunidades indíginas aisladas en medio de la exhuberante naturaleza por donde se abren especaculares carreteros de infame piso (la mayoria sin asfaltar y agrietados por las lluvias). La sensación de bajar por un camino de cabras en la caja de una pick-up extasiando la mirada con la belleza del paisaje y deleitando el olfato con los exquisitos aromas de la naturaleza húmeda compensa toda resaca dolorosa en el esqueleto. En las comunidades mucha miseria, muchas necesidades, pero también alegria y cultura maya de la que ya voy aprendiendo algo y de la que pronuncio alguna palabra en Kiché con la que niños y niñas se descojonan de la risa. Los proyectos son muy interesantes, soberania alimentaria y cohesión social, que buscan aportar las energias, conocimientos y capacidades para que la propia comunidad sea actora de su propio cambio. Pero mas alla de la voluntariosa actividad estos proyectos siguen supurando el mismo hedor a fracaso y mentira de la cooperacion al desarrollo, cuanta mas cooperacion mas miseria, cuanta mas ayuda al desarrollo de  paises occidentales mas empresas de esos mismos paises abren oficinas en Guatemala.

Guatemala, o el estado fallido como la mayoria de cooperantes la llaman, sera el escenario principal de esta aventura, pero en breve partire a Honduras y El Salvador para abrir nuevos proyectos. Poco tiempo he podido dedicar a este blog en estas primeras dos semanas, mas trabajo me espera las siguientes, asi que mis intervenciones seran mucho menos frecuentes que en un pasado reciente, aunque intentare mantener esta ventana abierta, ya sea a base de fotografias.

Y algunas de ellas os dejo, las pocas que he podido tomar en los escasos momentos de relax disfrutados hasta el momento.

Abrazos a todos y todas,

Sergio

Calle de Antigua y volcan de Agua

Calle de Antigua y volcan de Agua

Celebracion del Corpus Cristi en Panajachel

Celebracion del Corpus Cristi en Panajachel

Celebrando el Corpus Cristi a lo indigena

Celebrando el Corpus Cristi a lo indigena

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El banano de las republicas bananeras

El banano de las republicas bananeras

Mi compi Marian

Mi compi Marian

Una flor local

Una flor local

Mismo vuelo, nuevos horizontes

‘Cuando me paro a reflexionar sobre mis viajes por el mundo, viajes que se han prolongado durante muchos, muchos años, a veces tengo la impresión de que las fronteras y los frentes, así como las penalidades y los peligros propios de estos viajes, me han producido menos inquietud que la incógnita, siempre presente y renovada a cada momento, de cómo transcurriría cada nuevo encuentro con los Otros, con esas personas extrañas con las que me toparía mientras seguía mi camino. Pues siempre supe que de ese encuentro dependería mucho, muchísimo, si no todo. Cada uno de ellos era una incógnita: ¿cómo empezaría?, ¿cómo transcurriría?, ¿en que acabaría?.

Ryszard Kapuscinski

Hace prácticamente un año decidí retomar el rumbo del viaje, el camino de la aventura, dejando en pausa durante un tiempo mi vida cotidiana. Es verdad que ya había viajado bastante, además de vivir en otros lugares, pero si algo le faltaba a mi historial aventurero era la aventura inédita, la experiencia en solitario. Lanzarme a lo desconocido con el único bagaje de lo que soy y de lo que siento, en busca de ese Otro que, una vez arribado a destino, ha resultado ser yo mismo.
Bosnia, Turquía, India, Nepal, Ecuador han sido los escenarios. Sus gentes incógnitas a despejar, espejos donde verme reflejado. Espejos donde resolver mis incógnitas. Nunca antes había sido tan consciente de ser quien soy, nunca antes había percibido tan nítidamente los confines de mi identidad. He viajado por tres continentes para saberlo, me he sumergido en mares profundos muy alejados de la mirada del más intrépido turista, me he manchado con realidades multicolor, he transgredido algunos de mis límites, he ido más allá, he descubierto y he vuelto a cubrir, he crecido con sufrimiento, comprendí el miedo a la soledad, me regalé en los verdaderos encuentros.

He aprendido infinitamente, se que aun queda mucho por aprender.

Un año después, saciado de un alimento que me faltaba, dejo sumergirse en el fondo de mi ser la figura del buscador, del curioso, del temeroso, del aventurero. Es hora de que otra figura retome el papel principal en el teatro de mi vida, figura que crecerá con la fuerza de los aprendizajes inequívocos, con el vigor de certezas encontradas en el camino, con la seguridad de conocerse mejor a si misma.

Llegó el momento de bajar el telón a este rincón del viaje mayúsculo, de las fronteras de todo tipo, de la experiencia vital.

Hasta que un nuevo motivo vuelva a despertar al tramoyista.

Y pongo punto final a este viaje con una frase de un personaje que me ha acompañado en algunos trayectos y que ha resultado ser un excelente compañero de andanzas, Ryszard Kapuscinski

‘Pero no sólo el viaje como forma de vida libremente elegida es infrecuente. También lo es la curiosidad por el mundo. La mayoría de la gente no la tiene’

 

Felices viajes.